Guarichas rodantes
No serán pocos los lectores que, al igual que el suscrito, cuando niños, vimos a nuestros abuelos y padres, allá en la campiña, ya en verano o en época de lluvias, iluminar la casa, el cálido rancho, con una guaricha o mechón. Cualquier lata o botella con kerosene y un trapo enrollado, fósforo con el, se convertía, como por magia, en una luminaria portentosa que nos daba luz. Sus desventajas: tragarse el negro humo que borbotaba de la guaricha; ropa impregnada de humo; enseres de la casa pintados de un negro polvorín que los afeaba, en fin. ¡Sabrá Dios cómo andaban nuestros pulmones!
Las cosas no han cambiado mucho, eso pienso. Creyendo que vivimos en una ciudad sana y moderna, a diario, casi al instante, sea que andemos a pies o en nuestros vehículos, de pronto, como salidos de la nada, por las principales vías de la ciudad, pasa un diablo rojo que parece un mechón o una guaricha en cuatro ruedas. ¡Cierren las ventanas!, es el grito de toda la familia, que ¡nos asfixiamos! No hay quien haga nada con esta penosa e insalubre situación. Nos tenemos que tragar todo ese humo nocivo para la salud, amén de ser tan contaminante del ambiente. No tenemos, en esta ciudad, oxígeno sano, puro, libre de impurezas, sino una parodia de aire que respiramos.
En otras latitudes, las autoridades, sobre todo las judiciales, han tomado clara conciencia del asunto. Es ilustrativo el caso de un juez de la ciudad alemana de Leipzig en donde merced a un fallo de la Corte, los ciudadanos de Alemania tienen el derecho de acudir a los tribunales a efectos de impetrar denuncias o solicitudes para impedir que industrias u otros ciudadanos los sometan a un nivel de polución superior al permitido por el país y por la Unión Europea.
En Alemania, desde eñ año 2005 ha venido rigiendo una norma jurídica, adoptada por la Unión Europea, que establece que el aire que se respira no puede tener más de 50 microgramos de polvo por metro cúbico. Conforma a información que ha brindado la Oficina Federal del Medio Ambiente, existen en Alemania al menos unas 30 ciudades de gran tamaño que no cumplen con la norma de la Unión Europea, entre ellas, Stuttgart, Munich y Berlín.
Según datos de la OMS, en Alemania mueren cada año entre 65.000 y 80.000 personas y todos ellos a causa de la aspiración de partículas provenientes de diversos residuos: la quema de combustibles, recalentamiento de llantas, mezclas de cemento que escapan de construcciones, emisiones de producción industrial.
Respecto al fallo emitido en la ciudad de Leipzig, el presidente de la ONG Ayuda para el Medio Ambiente, Jürgen Resch, ha dicho que: “… es un gran paso en la lucha de millones de ciudadanos que viven en los centros de alta producción industrial y denso tráfico de vehículos”.
Ojalá en Panamá empecemos, de una vez por todas, a luchar y para ello sugiero una sencilla propuesta: que se constituya en causal de boleta como infracción de tránsito el hecho de que de un vehículo, sea particular o de un transporte selectivo o público de pasajeros, haya o provenga emanación de humo que haga impuro el aire que respiramos todos los asociados. Podríamos también sugerir que la cuantía de la sanción no sea menor de los B/500.00.