Guayacanes , otra vez
Insistimos en la posibilidad de considerar la siembra de árboles de Guayacán a lo largo de la franja verde de la cinta costera. El espectáculo que ofrecerían por su belleza podría enorgullecernos puesto que ello constituiría, sin lugar a duda alguna, vista envidiable.
Cualquier persona que desde la altura de un edificio de los que se encuentran frente a la cinta, sentiría lástima de ver que algunas de las palmitas que hay allí sembradas tienen pencas secas colgantes y arbolitos que no parecen ser muy significativos.
Hemos hablado de esto con varias personas y todas han convenido en que para nuestros turistas una cinta costera cubierta con guayacanes constituiría visita obligada puesto que ella lograría fama internacional, tal como ocurre con los cerezos de Japón.
Difícilmente hay en el mundo otro árbol que pueda competir con el vívido color amarillo del cual se cubren sus hojas cuando llega el tiempo del cambio y que, cuando se desprenden, convierten el suelo en alfombra de oro. Ojalá haya ciudadanos que se hagan eco de este llamado y apoyen la idea.