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"Guayo" Martínez, otra víctima


Exactamente 39 años después de recibir heridas en el rostro, por proyectiles disparados por la soldadesca norteamericana el 9 de enero de 1964, falleció víctima de un infarto cardíaco, el fraternal compañero del periodismo Eduardo "Guayo" Martínez.
Su hermano Douglas Murillo, también periodista, declaró que Eduardo fue entrevistado por varias emisoras de la ciudad de Chitré donde residía, pues como comentarista radial tenía mucho que aportar sobre sus vivencias de aquellos aciagos días en calidad de camarógrafo de la Televisora Nacional, Canal 2, donde ambos trabajábamos.
"Guayo", como cariñosamente fue apodado por otro destacado colega, Luis Estribí, recientemente fallecido, revivía cada 9 de Enero la infamia perpetrada por los soldados del imperio en una de las tantas intervenciones armadas que han perpetrado a lo largo de los siglos. Y fue esa renovada emoción la que le provocó la alteración anímica que a las pocas horas se tradujo en su deceso físico, mas no su desaparición en la memoria de quienes nos honramos con su amistad, por la imborrable experiencia de compartir su valentía y capacidad en la cobertura de acontecimiento noticiosos de todo tipo.
Guayo Martínez, primero como fotógrafo de prensa, y luego como camarógrafo de televisión, encaró muchas situaciones difíciles en el cumplimiento de su deber, pero lo que lo marcó para siempre como un héroe de esta ingrata profesión, fueron los disparos recibidos el 9 de enero del "64 que, milagrosamente, no impactaron en su rostro debido a que la cámara con la cual enfocaba la criminal agresión, le salvó la vida; las balas se estrellaron contra ella y la destruyeron. No obstante, el impacto obligó su traslado al hospital para recibir atención médica por el trauma.
Al igual que muchos compatriotas que cayeron en jornadas que libraron en distintas épocas nuestras generaciones, en la larga lucha por la reivindicación de nuestros derechos soberanos en la franja canalera, Eduardo Martínez cargó toda su vida con la secuela de los abusos de quienes se consideran amos y señores del Universo.
Hoy lamentamos su tragedia, lo mismo que miles de familias panameñas que seguirán sufriendo, hasta el final de sus días, las consecuencias del mal que han sembrado todos estos años y que seguirán imponiendo, si no los detiene una superior fuerza divina, los genocidas enquistados en la cúpula gobernante de Estados Unidos.
Las atrocidades de los nazi fascistas durante la Segunda Guerra Mundial palidecen al evocarse la cobarde masacre de Hiroshima y Nagasaki, los crímenes de guerra de Vietnam, las invasiones a pueblos inermes como Grenada y Panamá; los asesinatos de dirigentes populares del Tercer Mundo por órdenes de la tenebrosa CIA, a petición de su mando superior en la Casa Blanca; y la entronización de regímenes de torturas y homicidios políticos a nombre de la democracia y la libertad, son delitos de lesa humanidad que no prescriben.
Algún día tendrá que llegar la verdadera justicia que aplique el merecido castigo al sistema cuyo mandatario actual tiene el cinismo de hablar de "ejes del mal" y de terrorismo cuando el maligno del Norte, precisamente, es el responsable de tanta perversidad y desprecio por los derechos de una vasta humanidad
Apartado, temporalmente, de los ajetreos periodísticos y de las jornadas en defensa de los trabajadores de la pluma, sólo me resta encarecer, a quienes ahora dirigen las instancias gremiales, a reclamar para Guayo Martínez, el sitial del recuerdo que enhorabuena ganó como soldado de la Patria; pues las heridas recibidas sufridas en 1964, tardaron 39 años en elevarlo al may alto escalafón de la conciencia nacionalista de nuestra sociedad.

101 años de Panamá América

 
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