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"Guerra infinita" prudencia o realismo


El realismo político muy rara vez ha guiado el desempeño de la política exterior de los Estados Unidos. El general Henry Shelton ha expresado reiteradamente su preocupación de que la experiencia de Vietnam no se repita. O sea, no haber enfrentado al liderazgo civil del gobierno y haber desarrollado una pelea abrumadora con todas las fuerzas y armas disponibles, para lograr los objetivos.
Durante el gobierno de Bill Clinton la entonces Secretaria de Estado Madeleine Albright, el ex asesor del Consejo de Seguridad Nacional Sandy Berger, el ex secretario de Defensa William Cohen y el propio Shelton, no pudieron definir el compromiso con las Naciones Unidas de que Saddan Hussein permitiera el acceso de los inspectores de armas químicas y bacteriológicas sin limitaciones ni restricciones.
A pesar del acuerdo negociado por Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas con el Vice Ministro de Irak,Tariq Aziz, Washington no aceptó los términos, pero a cambio tampoco pudo persuadir a Hussein de aceptar las pretensiones aludidas.
Irak a cambio a estado suscitando simpatías en el mundo árabe por los sufrimientos y muertes que las sanciones económicas y provisionamientos de fármacos, sufren como producto de las sanciones del Consejo.
Rusia y Francia aliados de Estados Unidos en la guerra del golfo, y en las que vengan, están hoy interesados en el petróleo iraquí que en enfrentar a Saddan para sacarlo del poder.
Preguntemos por qué las promesas y discursos del presidente Clinton sobre: "defender el futuro de los depredadores del siglo XXI" refiriéndose a los terroristas y a Hussein, no fructificaron. Sencillamente porque el mismo Shelton advirtió sobre las promesas desmesuradas del equipo político, "los militares no podremos eliminar las armas de destrucción masiva de Saddan, por la simple razón de que no podremos hallarlas y los bombardeos no van a obligar a Saddan a ceder".
A pesar de que la ex Secretaria de Estado había logrado todo el apoyo para la aviación con bases en Arabia Saudita y demás países limítrofes; una razón más poderosa encontraron los norteamericanos para no insistir en la guerra abrumadora y es el creciente sentimiento anti estadounidense que se está gestando en el mundo árabe y que causará problemas a los países amigos de Estados Unidos.
Los pueblos árabes culpan a Estados Unidos de no presionar a Sharon para que acepte las concesiones territoriales del acuerdo de paz con Palestina. No en vano al presidente Mubarak de Egipto ha declarado a los Estados Unidos que el mundo árabe no está en 1991, haciendo clara alusión a las condiciones existentes durante la Guerra del Golfo. Suceso que fue concebido para aplastar al enemigo como dice Shelton, con la fuerza máxima: 112,000 incursiones durante 43 días. Se lanzaron 100 veces más bombas de todo tipo que en las dos últimas guerras mundiales. Sin embargo, Hussein permanece en el comando y control de sus tropas y arsenales.
La amenaza de Saddan radica en la de un guerrero dispuesto y agresivo con armas químicas y bacteriológicas, que con sólo dos y medio kilos de ántrax, podría borrar a la población de Estados Unidos del mapa. De ahí que Saddan se haya convertido en una verdadera pesadilla para el Pentágono y la Casa Blanca.
Se especula que Osama bin Laden ha sido la elección menos riesgosa para los Estados Unidos. Pero hay grandes dudas de que lo puedan ubicar. A pesar de que la marina de guerra podrá en esta ocasión lanzar 400 o más cruceros del tipo Tomahawk, guiados por satélite. Los rusos durante la invasión de Afganistán no pudieron ubicar el paradero de bin Laden, como tampoco la factoría de los atentados en Moscú y Chechenia.
Pensamos que a pesar del impacto emocional de los atentados de New York y Washington, no se han registrado cambios sustanciales en las condiciones objetivas que definen la correlación de fuerzas y oportunidades entre los Estados Unidos y el islamismo, lo que anticipa un desgaste y destrucción innecesaria e injusta para con las poblaciones pobres de esta parte del mundo.
La Pax Americana ese supuesto universal omnipresente se derrumbó con las torres. La tarea de reestructurarlas para tranquilidad de los americanos y de sus aliados, exige mucha prudencia y realismo.

101 años de Panamá América

 
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