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Guerra a la deuda externa


Mientras que en Washington el imperio norteamericano debate las consecuencias de la escandalosa aventura sexual de su presidente, llevada a cabo en la Oficina Oval, los países hispanos cuestionan la legalidad y legitimidad de la inmensa deuda externa que recae sobre todos ellos. Ingentes sumas de dinero prestadas a los países pobres en forma de "ayudas económicas" son requeridas se paguen a altos intereses. El cumplimiento de estos compromisos coloca en situaciones de urgente necesidad a los países deudores pues tienen que descuidar gastos prioritarios de desarrollo humano y no tienen cuándo acabar de pagar hasta el último centavo esos compromisos, situación que aprovechan los países poderosos para subyugar a los más débiles.
Si tomamos en cuenta los ingentes beneficios que los países regentes de las instituciones financieras de crédito han obtenido mediante el logro de concesiones especiales por los empréstitos concedidos, justo sería concluir que éstos ya han sido pagado varias veces. Sólo a manera de ejemplo tenemos el uso y disfrute del Canal de Panamá por los EE.UU., que no sólo les permitió colocarse en ventaja frente al resto de los países con los que competían sino que lo utilizaron como centro militar de defensa de sus intereses y, además, como si fuera poco, lucraron directamente como resultado de su operación. Por más de 86 años los EE.UU. pagaron a Panamá una miserable, bochornosa y depreciada anualidad que olvidan cuando nos cobran dineros concedidos en concepto de "ayuda económica". Si sacamos realmente las cuentas son ellos los que nos adeudan a nosotros.
El Santo Padre en su reciente visita a México, a lo largo de un extenso documento, señala que entre los problemas que no puede ignorar la Iglesia está el de la deuda externa, ya que afecta a la vida de muchas personas. Pide a los cristianos hacerse voz de los pobres del mundo, y propone que el jubileo del año 2000 como un tiempo oportuno para pensar, entre otras cosas, en una notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda internacional. El Papa expresó su deseo de que la Secretaría de Estado del Vaticano busque, con representantes de países desarrollados y con responsables del Banco Mundial y del FMI, vías de solución para el problema de la deuda externa e impida la repetición de tales situaciones en ocasión de futuros préstamos.
Las iglesias de América Latina se han pronunciado en igual sentido y han requerido la suspensión de pagos o una rebaja de la deuda externa y han declarado lo que han tenido a bien denominar "Una batalla contra la deuda externa", que para los países del tercer mundo supone nada menos que 250 mil millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Durante tres días las iglesias latinas participaron en el foro convocado por la Conferencia Nacional de Obispos (católicos) de Brasil (CNBB) y el Consejo Nacional de Iglesias Cristianas (CONIC), que reúne a las iglesias católica, presbiteriana, luterana, metodista, anglicana y ortodoxa. En él se trató la "Deuda externa y sus consecuencias sociales", un simposio donde estuvieron presentes Monseñor Diarmuid Marti, del Pontificio Consejo Justicia y Paz; Walter Alarmann, presidente del Consejo Latinoamericano de Iglesias Evangélicas y otras personalidades religiosas. Asistieron también miembros de movimientos sociales de Argentina, Honduras, México, Paraguay, Nicaragua, Ecuador, Estados Unidos y Europa.
En un documento final, los reunidos reclamaron la suspensión total, en algunos casos, o la disminución de la deuda externa, en otros, ya que impide el desarrollo y obliga a los países menos desarrollados a invertir en el servicio de los préstamos el doble de lo que dedican a inversión social.
El simposio de Brasilia propuso en conclusión una serie de acciones a nivel internacional para tratar de poner fin a la pesadilla que la deuda externa representa para los países pobres.
El documento final sugiere movilizaciones sociales nacionales e internacionales, apoyar "iniciativas" para crear mecanismos internacionales que definan los límites del endeudamiento.
Lo curioso es que nuestro gobierno no ha dicha una sola palabra, ha guardado un muy sospechoso mutismo y se ha mostrado imperturbable ante tan grave problema social. Mayor preocupación denotan por la nueva contratación de empréstitos que al ajuste de cuentas, como si algún interés personal perciben de tales contrataciones. "La deuda externa de América es fruto de políticas financieras especulativas, de corrupción e irresponsabilidad de algunos gobernantes, con el agravante de que grandes sumas han sido destinadas, a veces, al enriquecimiento de personas", sostuvo el Papa Juan Pablo II.


101 años de Panamá América

 
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