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Guerra sucia


Si van a atacar a Irak y es inevitable la guerra, el insistir el resto del mundo en que se desarme y enfrente a puño limpio el ataque inminente de fuerzas muy superiores tiene todo el tinte de una pelea sucia, en el que uno de los rivales combate con guantes acolchados y el otro con manopla o ventajas peores. En cierta medida, luce a cobardía, dejar al agredido sin posibilidad de defenderse y caer dignamente, so pretexto de evitarle el desigual encuentro, que en el fondo se sabe ineludible.
Que haya sustento moral a la guerra, para desarmar a un enemigo de la humanidad empeñado en ocultar armas de destrucción masiva, es buen argumento. Pero todos los especialistas coinciden en que los cohetes iraquíes Al.Samud 2, tierra-tierra, pese a sus 150 kilómetros de alcance, no son armas de destrucción masiva y su poder ofensivo es muy limitado. Ni siquiera pueden acercarse a Israel, su archienemigo regional. ¿Qué sentido tiene entonces forzarlo a desmantelar esos cohetes en víspera del ataque que en su contra montan 250 mil soldados enemigos, centenares de aviones y tanques, decenas de buques de guerra y portaaviones? Muy sencillo, pelearle sucio, con ventaja, sin nobleza, si es que alguna tiene la guerra de hoy.
En el mismo Estados Unidos sus ciudadanos y principales medios tienen plena conciencia que las armas de destrucción masiva de Irak son un mero pretexto. En el fondo es la guerra del petróleo. Un buen negocio que hace ociosa la actual discusión sobre el costo del esfuerzo bélico para los aliados. Cualquiera sea su monto, en cosa de uno a dos años de bombeo de crudo ajeno desde las entrañas del desierto iraquí será suficiente para pagar la guerra en su contra y la propia reconstrucción del país. En el mundo de hoy difícilmente se hallará riqueza tan infinita. La cruel ironía es clara, los mismos recursos de Irak servirán para pagar su destrucción y para costear su costosa reconstrucción. La guerra saldrá gratis a los atacantes.
Es pues puro negocio y punto. El ejército iraquí será barrido, se le sembrará una que otra ojiva química o biológica, de las que abundan en los centros occidentales de investigación de armas, para dar algún sustento moral a lo injustificable. Y luego de eso, se instalará cuanto antes un gobierno títere, una de cuyas principales misiones será dar a compañías bajo control aliado, estadounidense y británico, y alguna sobra para los aliados menores, la concesión para explotar el crudo y asegurar de ese modo para ellos y el mundo occidental el suministro suficiente de petróleo para lo que resta del siglo.
Es una guerra escrita, más que con roja sangre, con negro de crudo petróleo.

101 años de Panamá América

 
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