¡Guillermo Endara otra vez!
Un par de meses después de iniciado el actual gobierno de la presidenta Mireya Moscoso, muchos de mis compañeros que participamos activamente en la campaña política de 1999 a favor de la propuesta del Ing. Alberto Vallarino, decidimos volver a reunirnos con el fin de prepararnos para darle a este país una opción verdadera de cambio en el 2004. Soñábamos que quien ganase la silla presidencial en el 2004, supiera de antemano lo que hay que hacer para cambiar el rumbo tan desastroso que, lamentablemente, lleva nuestra nación producto de tanta improvisación y falta de voluntad de los políticos tradicionales. Es así como creamos un movimiento de jóvenes profesionales, el cual bautizamos “Juventud Pro Panamá”.
Luego del inesperado anuncio del Ing. Alberto Vallarino de que abandonaría sus aspiraciones presidenciales, sentimos un gran pesar, pues parecía que Panamá iba a tener que elegir entre malos y peores. Es así como surge la propuesta de llevar nuevamente a la presidencia al Lic. Guillermo Endara Galimani quien, como todos sabemos, casi desde sus inicios ha venido cuestionando la pésima actuación del actual gobierno que pareciera que lo que en la campaña política criticó ahora sí es bueno, ahora sí es correcto, ético y moral.
Quienes recordamos al gobierno del Lic. Endara, sabemos que fue una administración que cumplió a cabalidad su misión de transición de una dictadura represiva y corrupta a una democracia que si bien es cierto todavía tiene muchas fallas, se sentaron las bases para que hoy disfrutemos de muchas libertades como ciudadanos.
Vimos a un presidente que, al llegar al poder, se bajó su salario y el de sus ministros; practicó una verdadera austeridad, brindó la confianza necesaria en el sector privado para que las inversiones y la generación de empleos se dieran y la recuperación económica, que muchos expertos pronosticaban que tomaría por lo menos diez años, se dio en cuatro.
Durante la pasada convención extraordinaria del Partido Solidaridad que postuló al ex presidente Endara, escuché de don Samuel Lewis Galindo una frase que para mí fue muy significativa: “Lo que dicen los políticos no es lo importante, sino lo que hacen; y el Lic. Endara ya lo hizo”.
Es cierto que el ex presidente no es el mejor orador del mundo, pero tampoco es menos cierto que es un hombre íntegro, honesto, que cuando le llegó la oportunidad en vez de andar haciendo hermosos discursos y hacer todo lo contrario, dio el ejemplo; y es así como logró sacar a nuestra patria de la más grave crisis económica que recordamos.
No podríamos decir lo mismo del señor secretario general del PRD, quien fue viceministro del Gobierno y que privatizó casi todo (y que hoy todos pagamos las consecuencias de ello), del gobierno que en vez de dar un ejemplo de austeridad decidió darse lujos como la compra de un avión presidencial, un helicóptero, subir el salario a los ministros y demás. Jamás al secretario del PRD se le escuchó criticar estas acciones; muy por el contrario, fue un cómplice silencioso de todos los desastres del gobierno de Pérez Balladares.
Por todo lo antes mencionado, como joven preocupado por el futuro de Panamá, me quiero dirigir, principalmente, a la juventud de este país que por primera vez ejercerá su derecho al voto, para que lo haga pensando en cosas concretas; se fije y cuestione qué ha hecho tal o cual candidato, y no se deje deslumbrar por las costosas campañas políticas y discursos muy hermosos que de seguro nos darán los candidatos de los dos partidos que se alternan en el poder para que aquí nunca nada cambie y que Panamá se siga hundiendo en medio de este mar de corrupción.
Por eso les pido a los jóvenes un voto de confianza para quien ya hizo y demostró que es posible poner a Panamá a caminar por la ruta de un verdadero desarrollo social y económico, siempre que exista la voluntad de hacer las cosas con honestidad y transparencia; no permitamos que componendas, ni prácticas politiqueras de quienes todos sabemos que son los culpables de esta crisis, nos roben la esperanza de vivir decente.
Estoy seguro que ese sueño que inspiró el nacimiento de ese grupo de jóvenes, al cual me siento tan orgulloso de pertenecer (Juventud Pro Panamá), de tener un gobierno transparente, que piense primero en los panameños(as), en donde se practique la justicia social, se hará realidad si todos nos unimos y, en mayo del 2004, decimos que para rescatar a Panamá necesitamos a “¡Endara otra vez!”
Luego del inesperado anuncio del Ing. Alberto Vallarino de que abandonaría sus aspiraciones presidenciales, sentimos un gran pesar, pues parecía que Panamá iba a tener que elegir entre malos y peores. Es así como surge la propuesta de llevar nuevamente a la presidencia al Lic. Guillermo Endara Galimani quien, como todos sabemos, casi desde sus inicios ha venido cuestionando la pésima actuación del actual gobierno que pareciera que lo que en la campaña política criticó ahora sí es bueno, ahora sí es correcto, ético y moral.
Quienes recordamos al gobierno del Lic. Endara, sabemos que fue una administración que cumplió a cabalidad su misión de transición de una dictadura represiva y corrupta a una democracia que si bien es cierto todavía tiene muchas fallas, se sentaron las bases para que hoy disfrutemos de muchas libertades como ciudadanos.
Vimos a un presidente que, al llegar al poder, se bajó su salario y el de sus ministros; practicó una verdadera austeridad, brindó la confianza necesaria en el sector privado para que las inversiones y la generación de empleos se dieran y la recuperación económica, que muchos expertos pronosticaban que tomaría por lo menos diez años, se dio en cuatro.
Durante la pasada convención extraordinaria del Partido Solidaridad que postuló al ex presidente Endara, escuché de don Samuel Lewis Galindo una frase que para mí fue muy significativa: “Lo que dicen los políticos no es lo importante, sino lo que hacen; y el Lic. Endara ya lo hizo”.
Es cierto que el ex presidente no es el mejor orador del mundo, pero tampoco es menos cierto que es un hombre íntegro, honesto, que cuando le llegó la oportunidad en vez de andar haciendo hermosos discursos y hacer todo lo contrario, dio el ejemplo; y es así como logró sacar a nuestra patria de la más grave crisis económica que recordamos.
No podríamos decir lo mismo del señor secretario general del PRD, quien fue viceministro del Gobierno y que privatizó casi todo (y que hoy todos pagamos las consecuencias de ello), del gobierno que en vez de dar un ejemplo de austeridad decidió darse lujos como la compra de un avión presidencial, un helicóptero, subir el salario a los ministros y demás. Jamás al secretario del PRD se le escuchó criticar estas acciones; muy por el contrario, fue un cómplice silencioso de todos los desastres del gobierno de Pérez Balladares.
Por todo lo antes mencionado, como joven preocupado por el futuro de Panamá, me quiero dirigir, principalmente, a la juventud de este país que por primera vez ejercerá su derecho al voto, para que lo haga pensando en cosas concretas; se fije y cuestione qué ha hecho tal o cual candidato, y no se deje deslumbrar por las costosas campañas políticas y discursos muy hermosos que de seguro nos darán los candidatos de los dos partidos que se alternan en el poder para que aquí nunca nada cambie y que Panamá se siga hundiendo en medio de este mar de corrupción.
Por eso les pido a los jóvenes un voto de confianza para quien ya hizo y demostró que es posible poner a Panamá a caminar por la ruta de un verdadero desarrollo social y económico, siempre que exista la voluntad de hacer las cosas con honestidad y transparencia; no permitamos que componendas, ni prácticas politiqueras de quienes todos sabemos que son los culpables de esta crisis, nos roben la esperanza de vivir decente.
Estoy seguro que ese sueño que inspiró el nacimiento de ese grupo de jóvenes, al cual me siento tan orgulloso de pertenecer (Juventud Pro Panamá), de tener un gobierno transparente, que piense primero en los panameños(as), en donde se practique la justicia social, se hará realidad si todos nos unimos y, en mayo del 2004, decimos que para rescatar a Panamá necesitamos a “¡Endara otra vez!”