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Gustavo Gorriti


En la edición del diario La República del 16 de diciembre de este año, leímos una crónica sobre Gustavo Gorriti, y en una de sus partes, se rotulan algunos aspectos interesantes de su actividad periodística en Panamá. Sin comentarios exponemos a continuación parte de la relación periodística referida.
Alguien que intente liarse a golpes con Gorriti tendría que padecer de un masoquismo patológico. Practica el judo desde que tenía 15 años y llegó a ser campeón nacional. Luego complementaría su formación con el levantamiento de pesas. Según confiesa, el judo le ha sido fundamental para domesticar el miedo natural que ha debido superar, por ejemplo cuando, durante el golpe del 5 de abril, decenas de soldados rodearon cuatro manzanas alrededor de su casa. Quince personas con metralletas lo detuvieron. Fue confinado en el mismo lugar donde después torturarían a Leonor La Rosa y se declaró inmediatamente en huelga de hambre luego de que le sacaran la correa y los pasadores para evitar que se suicide. Sin embargo, Gorriti ya tenía un plan de contingencia antes de ser detenido: se desató una ola de protesta internacional y fue ésta la que le salvó la vida.
Para el ahora conductor televisivo no es necesario estudiar periodismo. El es un autodidacta. Estudió filosofía y ciencias políticas. Pero su verdadera pasión es la literatura. De niño fue un lector omnívoro desde que sus padres se embarcaron en un proyecto pionero de colonización del desierto en Arequipa y se llevaron consigo su ingente biblioteca.
En los intermedios del duro trabajo, Gustavo leyó de todo. Incluidos los libros sobre marxismo de sus padres, judíos y militantes de izquierda. Así fue desarrollando a la par su vocación por la escritura con su conciencia social. Sin embargo, se desengañó del comunismo a los 20 años y desde entonces fue consolidando su posición de "socialdemócrata de centro".
A comienzos de los "80 llegó a Caretas con un pequeño fólder, pidiendo trabajo como cronista cultural y Enrique Zileri "decidió experimentar conmigo; a él le tengo una gratitud inmensa, aunque en la única cosa en que estamos de acuerdo es que siempre estamos en desacuerdo". Por esa época la subversión empezó a tomar fuerza en Ayacucho, que fue declarada en emergencia. Cuando preguntaron en la revista quién quería ir, Gorriti se ofreció inmediatamente. El conflicto fue creciendo y al comprobar que era muy mal entendido por los que luchaban contra la subversión y por sus propias víctimas, se embarcó de lleno en su estudio. Testimonio de lo cual es su estupendo libro, pionero de los estudios sobre la subversión, "Sendero: historia de la guerra milenaria en el Perú". Inicialmente planeado en tres tomos, no pudo culminar los otros dos porque fue detenido y tuvo que huir. Cuando quiso retomarlos ya habían detenido a Guzmán y el problema tomaba otro curso. Ahora, con todos sus apuntes y recuerdos, piensa escribir una novela, "cuando pueda vivir un año sin trabajar".
Gorriti también se especializó en temas de narcotráfico. A comienzos del "82, Caretas estaba haciendo una investigación sobre el millonario dueño del diario PM, que podía incluso repartir 500 ejemplares gratis: Carlos Lambert. Cuando el periodista que lo investigaba desistió por amenazas, Gorriti asumió el reto: "Me tomé un tiempo para pensarlo intensamente, cuando se da el primer paso ya no se da uno atrás y es para toda la vida".
En 1985 viajó como "neeman fellow" a la Universidad de Harvard, luego estudió en el Centro de Asuntos Internacionales y en la Universidad de Miami.
Durante su labor periodística ha recibido peculiares acusaciones de sectores de ultraizquierda y de ultraderecha: ser agente de la policía, del ejército, ex capitán o coronel del ejército israelí especializado en el interrogatorio de palestinos, ser agente del Mossad.
Gorriti recuerda entre sus reportajes el dedicado a los Rodríguez López que le tomó tres años de trabajo: "Cometí muchos errores durante la investigación, aprendí muchísimo, pero al final saqué a la luz toda la banda" y el seguimiento de Montesinos desde 1983.
Sobre su experiencia en Panamá en el diario La Prensa, Gorriti rememora su descubrimiento de la quiebra fraudulenta del Banaico, que le permitió llegar hasta la familia del presidente Pérez Balladares y a la participación de éste en el tráfico ilegal de inmigrantes chinos hacia Estados Unidos. Aunque terminó siendo despedido del periódico, Gorriti confiesa: "Ahora puedo revelar una cosa que había escogido no decirla hasta este momento: yo provoqué mi salida de La Prensa, yo deseaba venir al Perú y veía además que en el diario había toda una movida de gente vinculada a Pérez Balladares que buscaba hacerse del control accionarial. Provocar una salida así era muy bueno para poder escribir un conjunto de denuncias y para lograr una indemnización de acuerdo a ley, lo que me permitió permanecer en el Perú y asesorar a Toledo de manera gratuita".

101 años de Panamá América

 
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