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¿Ha desaparecido la dictadura militarista?


Me da un gran gusto sostener una discusión pública con Carlos Guevara Mann, porque es raro en nuestro medio discutir a fuerza de hechos y conceptos, tal como él lo ha hecho, especialmente en su segunda respuesta. La discrepancia entre nuestras posiciones es clara. En reciente conferencia pública reiteré lo que había expuesto en enero del año 2000:
"En el campo cívico-político, debemos reconocer que el discurso de antimilitarismo está agotado, debido a que ... ya no tenemos organismo militar y menos aún uno que predomine sobre los sectores civiles de la sociedad...También está agotado el discurso de antidictadura, por la sencilla razón de que no hay...quien pueda imponerse arbitrariamente a los ciudadanos y a sus autoridades civiles libremente escogidas para gobernar. Ello no quiere decir que hemos de olvidar el pasado de la dictadura militar o que no nos mantengamos alertas a cualquier signo de resurgimiento del militarismo y de un régimen autoritario... Quienes ignoren los desmanes militaristas y dictatoriales y no estén alertas a los mismos, corren el riesgo de volver a padecerlos. Pero estos discursos ya no definen las opciones nacionales fundamentales y no deben determinar las alternativas de alianza política."
Añadí que debíamos sustituir el discurso agotado del rescate del civilismo por un nuevo discurso de perfeccionamiento de la civilidad, que nos incluya y no reconcilie a todos, sin menoscabo de responsabilidades ante la justicia, para que no subsistan fracturas económicas, sociales, política o culturales en nuestra nación.
Frente a esta posición, Guevara Mann argumentó, el martes 29 de mayo, que hay que mantener el discurso antimilitarista de rescate de la civilidad. El viernes 1 de junio, contrastó lo que él llama mi "definición restringida" y su " más amplio entendimiento" del militarismo, en lo cual ve la fuente de nuestras diferencias. Luego para validar su posición se refiere a "las estructuras formales e informales del autoritarismo militar" y al "autoritarismo y (la) venalidad."
A mi juicio, el pasado no desaparece pura y simplemente. Es el punto de partida de toda acción presente, de cara al futuro. Tenemos que reconocer el pasado, en el que estamos enraizados, y asumirlo, para liberarnos de su predominio y ser renovadores en la actualidad hacia el futuro. La dictadura militar sigue presente no como horizonte de lucha, sino como antecedente de advertencia. Quien la olvide contribuye a que repitamos las condiciones que la suscitaron. Quien se obsesione con su recuerdo, continuará siendo víctima de la misma. Quien la recuerde, sin ser prisionero de su memoria, podrá liberarse de su acondicionamiento.
Guevara Mann se equivoca al atribuirme la opinión de que la eliminación del ejército se hizo por la reforma constitucional de 1994. En Panamá, la eliminación del ejército la realicé en las instituciones, el personal, las instalaciones, el presupuesto, el régimen de vida, el equipo y el armamento, la educación y el entrenamiento y las funciones de los agentes de seguridad, por lo menos tres años antes de que se formalizara la reforma constitucional. Se pudo reformar la Constitución por que ya se había eliminado el ejército.
Cuando me atribuye una "definición restringida" del militarismo me malinterpreta. Nunca he pretendido que la desaparición del militarismo se reduce a esta eliminación y a dicha reforma. Para mí incluye la escogencia de las autoridades en las elecciones las más libres que haya conocido el país en su historia. Incluye el funcionamiento de todas las dependencias del Estado por su propia dinámica civil, sin ninguna interferencia castrense. Incluye una libertad de expresión y de prensa que a veces es salvaje, a fuer de apasionada, junto con un poder exagerado de los medios. Incluye un resurgimiento intenso de la sociedad civil con su enjambre de organizaciones gremiales y sindicales y de ONGS. Incluye un pueblo que se expresa en múltiples manifestaciones de reivindicación y protesta. Además, como algo negativo incluye un desborde de delincuencia común y corriente característico de las transiciones de dictadura a democracia y una difusión de la corrupción antes concentrada en las privilegiadas manos de los militares y sus secuaces. Incluye desde actitudes de falta de temor y de desconfianza, hasta actitudes de crítica y aún de irrespeto hacia las autoridades por parte sectores de la opinión publica. ¿Quién puede negar que todo eso se está dando en Panamá y que revela la desaparición del militarismo pasado?
Un componente adicional de dicha desaparición, que Guevara Mann no toma en cuenta, es el hecho que desde hace algún tiempo se han comenzado a borrar las fronteras entre quienes fuimos adversarios y quienes fueron partidarios del militarismo. En el Partido Arnulfista y en el oficialismo actual hay legisladores que fueron asimilados de las Fuerzas de Defensa, una legisladora que le recitaba poemas a Noriega el día en que el mayor Giroldi se sublevó y fue asesinado, otro que fue gobernador bajo la dictadura y varios que fueron amigos cercanos de los militares. No se necesita recordar que los vicepresidentes actuales fueron miembros de partidos que apoyaron la dictadura y funcionarios de la misma. Hasta el secretario privado de Noriega ha sido nombrado en el cuerpo consular de Panamá bajo el actual gobierno.
En un sentido opuesto, Pérez Balladares contó en el pasado gobierno del PRD con figuras civilistas, entre otros el economista que escribió el plan de gobierno de la ADO-civilista en 1989, uno de los fundadores y ahora presidente de La Prensa, el diario antimilitarista por excelencia, y un ex secretario general de MOLIRENA. Además, propuso un demócrata cristiano como procurador. E integró al PRD e hizo postular como alcalde a quien en otros tiempos había invitado a Noriega a la Universidad de Harvard, para luego conspirar contra él y enorgullecerse de haber intercambiado tiros con los CODEPADIS. En otro sentido, participaron en la campaña presidencial de Acción Opositora destacadas figuras del PRD y quien fue directora ejecutiva de COFINA bajo la dictadura. Estos casos no son todos equivalentes, pero en su conjunto revelan que se desdibuja la división radical entre civilistas y militaristas, precisamente porque ya no predomina el militarismo y todos actuamos dentro de la civilidad. sta tiene deficiencias que reclaman su perfeccionamiento. Pero aún así configura un régimen cualitativamente diferente a aquel bajo el cual padecimos veintiún años.
Guevara Mann reafirma que la corrupción delata la presencia continuada del militarismo. Por mi parte, siempre he denunciado, no ahora sino bajo la misma dictadura, que el régimen militar ha sido el más corrupto en nuestra historia. Pero afirmar que la corrupción de ahora es de índole militarista me parece un despropósito. Cuando un asesor presidencial se refiere al "conocido grupito de maleantes" incrustados en este como en los demás gobiernos y se atreve a decir de la Presidenta que "Dios no quiera que tenga (como otros) que andar vagando por el mundo, cuidándose de los puertos que toca para evitar un inesperado arresto, para vergüenza de la Nación", es sin duda porque comprueba indicadores mayores de la corrupción con opulencia que afecta hoy en día a la sociedad panameña. sta tiene como antecedente la corrupción militarista, que a su vez tiene como antecedente la corrupción tradicional de antes de 1968, pero ella misma se da en nuestra democracia y la pone en peligro.
Dicho fenómeno está vinculado al capitalismo delincuente que se ha destapado en el país y del cual hemos tenido escandalosas pruebas en la quiebra de uno de los más grandes consorcios comerciales, con la desaparición de más de B/.50 millones, y en la crisis por la que ha atravesado un banco, al punto que uno de sus ejecutivos denunció en carta a su presidente que se habían rendido informes fraudulentos a los accionistas y a las autoridades bancarias. La atención de Guevara Mann a la fuente militarista de la corrupción, le ahorra ver y denunciar las causas actuales de la misma.
Por otra parte, Guevara Mann descalifica la Constitución de 1972 básicamente por lo que llama "su vicio de origen, su imposición como consecuencia de un golpe militar." Es un hecho que la Constitución del 72 fue impuesta. Pero no es menos cierto que ha sido modificada tres veces, en 1983 sustancialmente con el aval de todas las fuerzas políticas de oposición al régimen. Además, en 1989 hicimos campaña contra la dictadura reclamando el cumplimiento de dicha versión de la Constitución. ¿Me pregunto si los panameños hubiéramos debido rehusar la reversión de bienes de la antigua Zona del Canal e incluso la transferencia del Canal, porque los Tratados Torrijos-Carter fueron firmados por un dictador? ¡Cuántas cosas en la historia de los pueblos no tienen un origen cuestionable y, sin embargo, en el proceso de la vida de una nación se transforman y adquieren otro sentido que termina por justificarlas! La realidad política no tiene la exactitud de los números ni la ciencia política es una rama de las matemáticas.
Guevara Mann critica especialmente en la Constitución la forma de representación y el desbalance entre el Ejecutivo y el Legislativo, así como otras normas legales. Puedo añadir mucho más a su lista. Pero la necesidad de tales reformas no me impide afirmar, cuando comparo donde estábamos en 1989 y donde estamos ahora, que la dictadura militar ha desaparecido y hemos rescatado la civilidad. Ahora lo que tenemos que hacer es perfeccionarla, lo que implica profundizar y ampliar nuestra democracia, para hacerla efectivamente incluyente de todos los panameños y panameñas. ¡Manos a la obra! (ariyan@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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