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Ha llegado la hora


Ya era tiempo de encontrar la persona que tuviera el coraje de develar el misterio de los desaparecidos durante la dictadura militar. Según mi criterio, era tan sencillo decidir hacerlo, que sólo bastaba la voluntad para ordenarlo. Sin embargo, han pasado magistrados, procuradores y toda clase de empleados judiciales... y nada de querer profundizar en el meollo; aunque sólo sea para satisfacer a los familiares, ya que no podremos revivirlos. Yo sí me alegro y me apresuro a escribir ya que, como dice el Dr. Carlos Iván Zúñiga, todos los panameños debimos reaccionar ante este anuncio del Presidente de la Corte.
No obstante, quisiera dejar claras las razones que me hacen escribir este artículo que nada tiene de político ni en contra de personas determinadas. Se trata de principios, de conceptos básicos, ya que no es posible olvidar y echar en el tintero lo sucedido durante 21 años que constituyeron una época aciaga. No se trata de amargarnos la vida con rencores de lo pasado; se trata sólo de revivirlo para no olvidar lo sucedido y evitar repetirlo, en cualquier circunstancia.
Los panameños ignoramos la mayor parte de las torturas y muertes de mano de los militares, y sólo algunos tienen la dicha de conocerlas. Recordemos que vivíamos bajo el terror de hablar, de actuar, de movernos. Recordemos también que los civiles hacían exclusivamente lo que ordenaban los militares y eran dueños de vidas y haciendas que era el país para ellos. En un principio se nos hizo creer que la corrupción de los políticos era tal que los había llevado a dar el golpe de Estado. ¡Mentira! Lo hicieron en contubernio con un grupo de civiles que los incitó porque su adversario había ganado las elecciones.
Más tarde se llenaron de ambiciones de poder y lo probaron, y supieron el sabor de la miel del mismo. Pero, el poder corrompe y nadie ha existido más corrupto que los militares de la dictadura. De paso, corrompieron a miles de panameños y a muchos civiles que lo han demostrado cuando también han tenido poder.
Repito, mis palabras sólo son para evitar una nueva dictadura, ni siquiera civil. Si bien es cierto ahora no hay muertos ni desaparecidos, hay perseguidos, botados de sus trabajos, despojados de derechos adquiridos sin hacer justicia y con la corrupción de cierta parte del Poder Judicial. Puedo dar fe de esto.
Hoy, los que no tuvimos muertos o desaparecidos, vemos aquello como un fantasma del pasado. Aquellos crímenes horrendos no pueden quedar impunes. Hablamos de la impunidad de los legisladores y esto es peor; ignoramos si el Estado los acuse de sus faltas; no sabemos hasta dónde un procurador, que fue civilista, ahora ha escondido todo durante 10 años mientras los culpables caminan por las calles, hablan y opinan.
No busco que apliquen la ley del Talión, sólo justicia, y que los que estuvieron implicados, civiles o militares, tengan una sanción ante la sociedad que pretende olvidar.
Para algunos que fueron afectados fuertemente, ahora esas personas que los sojuzgaron son sus amigos y consideran que son la mejor gente.
El Dr. Zúñiga tiene razón: más gente debió pronunciarse y celebrar esa determinación; más organizaciones que sólo saben criticar negativamente, debieron actuar positivamente ante estas declaraciones y noticias. Pero, estos crímenes solamente afectan a los familiares y los demás panameños estamos ajenos a un pasado que está presente.
Cuanto más olvidemos, más probabilidades existen de que reincidamos. Ojalá reaccionemos, pero sin rencores, sin abusos, sin cacería de brujas, únicamente con objetividad, equilibrio y justicia.
Panamá es mayor de edad y merece mejor suerte. Si hasta aquí hemos sobrevivido, tratemos de tener un futuro sin olvidar el pasado para no vivirlo otra vez y dar a nuestros hijos un país limpio de corrupción y muertes innecesarias.

101 años de Panamá América

 
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