Había una vez...
Empresario
En un remoto país de la tierra conocido como Toropasó se presentó una sequía espantosa. Los notables del pueblo se reunieron y decidieron construir unos depósitos, que con el paso del tiempo y enormes sacrificios, fueron llenando.
Vinieron años de revoluciones y sacrificaron una pequeña porción de este preciado líquido para distribuirlo entre la tropa, lo que ocasionó la envidia de los otros grupos. Pasado los tiempos un gremio ABEJA (Asociación de botellas, eventuales, jodedores y aprendices), encabezados por un tal "Cheito" exigieron mayor cantidad de agua de la que diariamente recibían, aduciendo que la ociosidad y el estrés a que estaban sometidos le secaba la boca más rápidamente que a los demás y como eran tantos y época de elecciones se le concedió.
Rápidamente cundió el ejemplo y los conductores de los carros cisternas se pusieron en paro y se les dio el agua. Los locutores, cantantes y educadores, aduciendo las mismas razones que los desempleados, también consiguieron su agua. Luego siguieron las enfermeras, doctores y laboratoristas clínicos, quienes sostenían que estaban expuestos a muchos peligros y que necesitaban lavarse frecuentemente las manos después de tocar a tanto enfermo.
El gobierno se vio obligado a tomar medidas extremas. Se citó a la Asamblea con carácter de urgencia a los presidentes de los partidos: para rebuscar dinero (PRD), consígueme dinero (CD) por plata (PP) y pasa dinero o cheque (PDC), cuyos legisladores, haciendo mayoría aprobaron que los niños menores de cinco años no se bañarían sino que serían limpiados con toallas al igual que las personas mayores de sesenta años, si eran hombres y sesenta y cinco, si eran mujeres, por eso de que la mujer necesitaba más agua para lavar sus partes íntimas y su lívido se reducía a esa edad. La ley se llamó "Terquita de Rabia", en honor a la honorable del PDC que la propuso.
Las reservas de agua se normalizaron dándole un respiro a la sociedad, pero el mismo duró poco porque al percatarse otros grupos de la buena nueva, empezaron a exigir también una mayor porción del recurso.
Los bomberos dijeron que era inhumano que ellos vieran pasar tanta agua cada vez que había un fuego y no pudieran tomarla, que la ansiedad que esto les provocaba alteraba sus cuerpos disminuyendo sus posibilidades de vida. Fueron hasta donde el Defensor del Pueblo, un señor de apellido Anti-no, quien obviamente les dijo que sí. Las compañías de seguro fueron las siguientes. Al eliminarse el agua de los bares, las bebidas no se mezclaban y andaban el borracho suelto en la calle; por supuesto aumentaron los accidentes de carro y las aseguradoras se quejaron.
A los muchachos de Calle 12+1 les cayó la Censura y les cerraron el programa por eso de incitar a las masas al utilizar un hidrante para anunciarse. Para colmo, el Presidente dijo públicamente que el agua era música para sus oídos y unos abogados de una sociedad de piratas y asaltantes de camino (SPACE), al escuchar esto empezaron a exigir a todos los ciudadanos que tenían que pagar por escuchar el sonido del agua al servirse.
Y así, uno y otro iban protestando hasta que llegaron los obreros de la construcción y como ya quedaba muy poco líquido desmantelaron los depósitos y todo el mundo se quedó sin agua.
Y, colorín colorado este cuento ha empezado. Nota: Cualquier parecido con personas o partidos actuales es solo producto de la imaginación.