Había una vez una reserva ecológica
Hace algunos años, por iniciativa de la Junta Comunal de Ancón, se colocaron vistosos letreros que anunciaban la bienvenida al corregimiento y a la vez su calidad de Reserva Ecológica del distrito capital.
Es de conocimiento general que este corregimiento está compuesto mayormente por una exuberante flora y rica fauna, en él se encuentra un Parque Nacional y un Jardín Botánico, además de que sus calles están vestidas de un verdor intenso que le proporcionan aún sus árboles.
La venta de viviendas en las comunidades de Diablo, Los Ríos, Amador y Albrook han traído consigo un impacto negativo al medio natural de este corregimiento.
Los nuevos habitantes con un total desprecio al entorno natural que privilegiadamente les ha tocado vivir, han desatado una voraz cruzada contra los árboles, con el irracional argumento de que han sido miles de balboas de inversión en esas casas y que un árbol o una palma no serán obstáculos para las mejoras a realizar.
Este criterio equivocado, ha sido reforzado por la estrechez de creatividad de algunas compañías que se dedican a la remodelación. Parece ser que los antiguos inquilinos de estas áreas (zonians) tenía mejor actitud de convivir con la naturaleza.
Comprendemos que el mantenimiento y manejo de las áreas verdes y árboles, a veces pueden ser costoso, pero en cambio la naturaleza nos recompensa proporcionándonos el vital oxígeno, agradable paisaje, en general una mejor calidad de vida.
Es un deber moral, demostrarle a los antiguos dueños de estas viviendas y a las generaciones futuras que no sólo somos capaces de manejar el Canal si no que también somos respetuosos del entorno natural.
No estamos contra el desarrollo del área pero, consideramos que se debe respetar la heterogeneidad de las manifestaciones de la vida y de la cultura.
En estos tiempos cuando nuestro país pierde anualmente gran parte de sus bosques cobra valor la frase de Elbert Schory “Las fronteras de la silvicultura moderna yacen no en la calma soledad del bosque, sino en el duro y artificial ambiente de la ciudadâ€.
Es de conocimiento general que este corregimiento está compuesto mayormente por una exuberante flora y rica fauna, en él se encuentra un Parque Nacional y un Jardín Botánico, además de que sus calles están vestidas de un verdor intenso que le proporcionan aún sus árboles.
La venta de viviendas en las comunidades de Diablo, Los Ríos, Amador y Albrook han traído consigo un impacto negativo al medio natural de este corregimiento.
Los nuevos habitantes con un total desprecio al entorno natural que privilegiadamente les ha tocado vivir, han desatado una voraz cruzada contra los árboles, con el irracional argumento de que han sido miles de balboas de inversión en esas casas y que un árbol o una palma no serán obstáculos para las mejoras a realizar.
Este criterio equivocado, ha sido reforzado por la estrechez de creatividad de algunas compañías que se dedican a la remodelación. Parece ser que los antiguos inquilinos de estas áreas (zonians) tenía mejor actitud de convivir con la naturaleza.
Comprendemos que el mantenimiento y manejo de las áreas verdes y árboles, a veces pueden ser costoso, pero en cambio la naturaleza nos recompensa proporcionándonos el vital oxígeno, agradable paisaje, en general una mejor calidad de vida.
Es un deber moral, demostrarle a los antiguos dueños de estas viviendas y a las generaciones futuras que no sólo somos capaces de manejar el Canal si no que también somos respetuosos del entorno natural.
No estamos contra el desarrollo del área pero, consideramos que se debe respetar la heterogeneidad de las manifestaciones de la vida y de la cultura.
En estos tiempos cuando nuestro país pierde anualmente gran parte de sus bosques cobra valor la frase de Elbert Schory “Las fronteras de la silvicultura moderna yacen no en la calma soledad del bosque, sino en el duro y artificial ambiente de la ciudadâ€.