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Había una vez Universidad


“El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”, decía el pensador Lord Acton.

El ser humano es por naturaleza egoísta y este egoísmo, si no se racionaliza, lo lleva a corromperse o corromper a otros para satisfacer esos apetitos. Por eso las sociedades se organizan para contrarrestar o prevenir las proclividades, de ellas y sus miembros, hacia la corrupción desarrollando códigos de leyes y códigos éticos.

El insigne patriota Dr. Carlos Iván Zúñiga fue rector de la Universidad de Panamá en una etapa de reestructuración de esa casa de estudios y de la democracia luego de la criminal dictadura que corrompió la Universidad y toda la sociedad. De no haber sido un ciudadano de altos valores, al Dr. Zúñiga se le hubiera facilitado el reelegirse como Rector, pero con la hidalguía que lo caracterizó, jamás buscó esa oportunidad. Es más, creyendo en el ser humano, no rompió las camarillas de la dictadura que hoy todavía reinan en la Universidad, incluido el actual Rector que, faltando a sus propias palabras, hoy busca otra reelección, luego de haber sido un factor de la profundización de la crisis del país y de esa institución como espolique de la dictadura y luego, en la democracia mediatizada que vivimos, ha utilizado prácticas clientelistas para mantenerse en el poder.

Este diario, en días pasados publicó una lista de asesores del Rector que significan 218 mil balboas al año. Recordamos la actuación del Dr. Zúñiga que no se le ocurrió nombrar ni un solo asesor, porque en el personal de planta, junto a los organismos Consejo General Universitario y Consejo Académico debe haber suficiente capacidad para asesorar sobre cualquier tema, no solo al Rector, sino a la institución. También publicó este diario otra lista, de llamados dirigentes estudiantiles, que están emplanillados. Esa práctica la usó el dictador Torrijos, que emplanillaba a estudiantes, sindicalistas y gremialistas para tenerlos adocenados.

¿Qué ha habido en la Universidad? ... desde falsificación de diplomas, hasta utilización de su presupuesto para subvencionar políticos y ex funcionarios que salieron de lo que en jerga popular se denomina la papa. Con la administración de la antítesis del Rector Zúñiga en la Universidad no se ha soportado la universalización del conocimiento y el debate en busca de la verdad, la cual llega en el choque de las ideas, habiendo levantado, estos intolerantes aprendices de dictadores, procesos disciplinarios contra profesores disidentes de la línea rectora.

El colmo de la abyección de los allegados a la bendita papa universitaria ha sido reunir extraordinariamente el Consejo Académico para promocionar, extralimitándose en sus funciones, acciones que según ellos deben contrarrestar lo que ellos llaman campaña de este diario en contra del Rector y de la Universidad. ¡Ah bárbaros!, ahora resulta que revelar irregularidades del rector y de la administración es atacar a la Universidad. Como nos recuerda esta actitud cuando Noriega decía que descalificarlo a él era atacar a Panamá.

Harmodio Arias y Octavio Méndez Pereira, creo, nunca imaginaron la degradación de su obra cumbre, la Universidad de Panamá. Las décadas de los 40, 50 y 60 fueron épocas en que la Universidad daba luz a nuestra sociedad con sus participaciones académicas, sociales y políticas. Llegados los milicos al poder, degradó y, salvo el período del Dr. Zúñiga, la Universidad ha seguido el camino de la sociedad panameña: la degradación.

De no superar su crisis, la Universidad, en vez de caminar “Hacia la luz” como su célebre estatua, seguirá siendo un ancla para nuestra sociedad. Érase una vez una universidad…

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