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Hablando de democracia en Cuba: 2. La opción de Iberoamérica por la democracia pluralista


El 24 de enero, por invitación del Obispo de Pinar del Río, dicté una conferencia sobre "Democracia: formación cívica y participación ciudadana" ante más de 100 personas. Después de distinguir entre dos modelos de democracia, el llamado "popular" y el "pluralista", analicé la opción de los países iberoamericanos de acuerdo con las Declaraciones de las Cumbres de Jefes de Estado y Jefes de Gobierno celebradas,anualmente desde 1991. Consideré la Declaración de Guadalajara y encontré que hacía suya la tesis del Padre Varela sobre los derechos imprescriptibles de los hombres de los que la nación misma no puede privarlos. Continué con el análisis del modelo pluralista por el que ha optado Iberoamérica.
En las subsiguientes Declaraciones, se reafirmaron las anteriores concepciones en el segundo o tercer párrafo de cada una. La Declaración VI de Viña del Mar en 1996, bajo la presidencia de Eduardo Frei Ruíz-Tagle al tratar expresamente de la gobernabilidad democrática, nos proporciona la concepción la más explícita de lo que significa la democracia para los iberoamericanos hoy en día.
Precisan los jefes de Estado y de Gobierno que la democracia va de par con "el pluralismo político". Destacan la participación, de manera que las democracias puedan consolidase, haciéndose "más eficientes, participativas y transparentes."
Con respecto a los componentes de la democracia, especifican: "...en Iberoamérica existe la convicción de que la independencia de poderes, su mutuo control, la adecuada representación y participación de mayorías y minorías, las libertades de expresión, asociación y reunión, el pleno acceso a la información, las elecciones libres, periódicas y transparentes de los gobernantes, constituyen elementos esenciales de la democracia..."
De especial importancia es el reconocimiento del papel respectivo de la mayoría y de la minoría porque constituye un indicio de la no aceptación del sistema de partido único. También enumeran los retos que enfrentan nuestras democracias, tales como la pobreza, la corrupción, las drogas, el terrorismo, etc.
Con una amplitud y con un realismo nunca antes alcanzado por Declaraciones de las supremas autoridades de todos nuestros países, se inventariaron las condiciones políticas actuales de la gobernabilidad democrática en Iberoamérica, de las que retengo sólo algunos elementos:
  1. "... Ello implica reconocer la contribución de las mayorías y de las minorías al perfeccionamiento de nuestros modelos democráticos;"

  2. " ...una política basada en la cooperación..., en el respeto a " los derechos al debate público;"

  3. "...la noción de que ningún ciudadano puede verse afectado en sus derechos fundamentales en nombre de una visión dogmática acerca de la sociedad, del Estado o de la economía...;"

  4. 4. "...una defensa más eficaz de los derechos humanos y de las garantías fundamentales;"

  5. "...desde la más temprana escolaridad, los programas de formación ciudadana y de educación para la democracia y la participación;"

  6. "...que las agrupaciones y los partidos refuercen la definición de sus programas, modernicen sus organizaciones, establezcan modalidades transparentes de financiamiento ."

  7. "...una más moderna institucionalidad de sus organismos [electorales], que [permita] la realización de procesos transparentes con pleno respeto ...(al) del derecho electoral.

  8. "...la celebración periódica de elecciones libres y competitivas, así como mediante el recurso frecuente, en algunos países, a referéndum y consultas directas a la población..."


Pareciera innecesario, aunque no lo es, señalar que un proceso de "elección" implica por definición misma poder escoger entre alternativas de candidatos y propuestas programáticas diferentes, pues una elección en la cual no se escoja no es una elección "competitiva" y niega el pluralismo fundamental que la hace necesaria.
La Declaración VII de Isla Margarita (Venezuela) en 1997, bajo la Presidencia de Rafael Caldera, concentró sobre la democracia desde el punto de vista de sus valores éticos. De ello resulta el compromiso de promover la revalorización de la política.
Como era de esperar, la democracia según el modelo del pluralismo político impulsa, por una parte, "la formación ciudadana", que capacita para la participación en la sociedad civil, y por la otra "la educación para la democracia", es decir la formación política según las dinámicas contrapuestas de la mayoría y de la minoría, que capacita para la participación en el gobierno o en la oposición.
Pero la democracia no sólo califica la forma de la política, sino también la forma misma de la vida, "por la tolerancia, la capacidad de valorar y aceptar el pluralismo; el derecho a la libre expresión y al debate público; el respeto, la promoción y la protección de los derechos humanos, la aplicación de las reglas de la convivencia civilizada establecidas por la ley; la validez del diálogo en la solución de los conflictos; la transparencia y la responsabilidad de la gestión pública", que han de promoverse gracias a la formación cívica e incentivando la participación activa en la consecución de tales valores y principios.
Los jefes de Estado y de Gobierno consideran que el respeto a los derechos humanos es "la razón de ser y contenido de dicha forma de gobierno [la democracia] y que tales derechos son "universales, indivisibles e interdependientes". Estos valores se plasman como derechos, deberes y garantías en nomras jurídicas, nacionales e internacionales, que son obligantes para las personas, las organizaciones y los mismos Estados.
La Declaración de Oporto (Portugal), bajo la presidencia del Pimer Ministro Antonio Guterres, correspondiente a la Cumbre VIII del año de 1998, concentra la atención sobre la globalización y la integración regional. En su artículo 2 repite la fórmula sobre la democracia como principio básico de la comunidad iberoamericana tal que se expresó desde las primeras Declaraciones. Sin embargo, deja pasar la oportunidad de considerar los retos que le plantean a la democracia pluralista los cambios socioeconómicos y culturales de la globalización y los procesos de integración regional, tales por ejemplo el debilitamiento del Estado nacional, el contexto normal de la democracia, y la necesidad de democratizar las instancias internacionales decisivas, etc.
La Cumbre IX de 1999 se celebró en La Habana, bajo la Presidencia de Fidel Castro Ruz. Prosiguió con la atención a la globalización iniciada en la Cumbre previa de Oporto, pero la consideró bajo el aspecto de "la actual situación financiera internacional" y sus "implicaciones sobre el crecimiento y el desarrollo de Iberoamérica..."Si algunos círculos esperaban que dicha Declaración, porque se firmaba bajo la presidencia del Presidente Castro contendría alguna consideración a favor de la democracia "popular" de inspiración marxista-leninista, que aún persiste en importante medida en el Estado cubano debió sentirse defraudado. Al inicio de la Declaración, se repitió "el firme compromiso de cada uno de los gobiernos de fortalecer y hacer efectivo el funcionamiento de las instituciones democráticas, el pluralismo político, el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales, incluido el derecho al desarrollo". Y en el párrafo siguiente se reiteraron los principios de soberanía, de la no intervención y otros principios conexos..
Lo que caracteriza la Declaración de La Habana que enfatiza los grandes desafíos que la globalización plantea "para avanzar en la reducción de las desigualdades económicas y sociales". Por ello, retomando el tema de la justicia social que se trató en la Declaración de Margarita, la de La Habana considera que "la actuación de nuestros gobiernos tiene como objetivo básico la búsqueda de la justicia social... con el fin de proteger a los sectores más pobres y vulnerables y la ampliación de la cooperación internacional en condiciones de equidad como vía para apoyar a los países y regiones menos desarrollados de Iberoamérica." La justicia social predomina en esta Declaración, pero no se acompaña de un modelo de democracia popular
En la Declaración XI de Lima, bajo la presidencia de Alejandro Toledo, sin duda en la medida del resurgimiento relativo de tendencias militaristas, se advierte: 3. Reafirmamos " la subordinación de las fuerzas armadas al poder civil legítimamente constituido, en el marco constitucional de nuestros estados." Además, se destaca la iniciativa de dicho Presidente "para promover la disminución de los gastos de defensa y canalizar mayores recursos en la lucha contra la pobreza". Y se enfocan consideraciones sobre otros asuntos militares críticamente.
En la medida en que la corrupción ha sido la otra gran fuente de inestabilidad de varias democracias iberoamericanas, expresan que: "4. La estabilidad y transparencia de la democracia, tanto en sus aspectos constitutivos como en su funcionamiento, constituyen un imperativo."
Por otra parte, consideran que el respeto a los principios democráticos es el punto de referencia de la vinculación iberoamericana y la base para la cooperación política entre nuestros países. Y al atenerse a las normas de la de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tácitamente aceptan la instancia de las Naciones Unidas con respecto al comportamiento de sus respectivos países en materia de los derechos humanos.
Vale la pena destacar, además, la importancia que se le reconoce a la dimensión cultural. Se considera necesario apoyar acciones que "consoliden una cultura democrática y el Estado de derecho e igualmente que aseguren la transparencia y eficacia en la acción gubernamental ". Junto con ello, se reconoce el derecho de cada pueblo a su identidad cultural.
(ariyan@sinfo.net)
La tesis planteada por Sánchez Cárdenas es que Torrijos es un candidato a lo interno del PRD, pero no para competir con los candidatos de los otros partidos.
Panamá necesita un buen liderazgo con probada experiencia, con voluntad de devolverle el rumbo al país, advirtió el antiguo Ministro de Vivienda.
Dijo que el hecho de que el PRD no haya desarrollado una verdadera oposición al gobierno ha sido la causa del nacimiento de la tercera fuerza a través de la candidatura de Guillermo Endara. De igual forma vaticinó que la tercera fuerza va a adquirir mayor solidez política.

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