Hablando de Dios, como Padre
Hace algunas semanas celebramos el Día del Padre, y se hicieron muchas reflexiones atinadas. Se nos comenta con mucho acierto que es difícil, al menos en la docencia e instrucción catequética sobre Dios, presentarlo como Padre. A primera vista, decir que Dios es "Padre", más aún decir que Dios es el Padre, parece una cosa no sólo estupenda, sino lo más hermoso y reconfortante que se puede decir en esta vida. Por eso, sin duda, tantas veces se nos ha enseñado que la fe en Dios como Padre es lo más grande y lo más consolador que hay en las enseñanzas de la Biblia y en la doctrina que predica la Iglesia. Y es verdad. No cabe duda que resulta sencillamente maravilloso tener el firme convencimiento (por la fe) de que el Dios en el que creemos no es un juez que amenaza, ni un gobernante que castiga a los malos y a los buenos también, como se descuiden. Y menos aún es una especie de gran policía cuya misión es mantener el orden, para que cada cual esté donde tiene que estar.
Saber que Dios es Padre es saber que Dios es Bueno. Aún recuerdo aquella historia del niño, como de cinco años, que viajaba en un barco y por lo visto andaba suelto por la cubierta jugueteando, cuando de repente se agitaron las aguas del mar y comenzó la nave a balancearse en todas direcciones y la tripulación a ponerse a buen recaudo y a tomar las precauciones, cuando le preguntaron al niño: "¿Oyes, y tú no tienes miedo, qué haces que no te recoges? Y el niño contestó: "¿Cómo voy a tener miedo, si el capitán es mi padre?" Expresión superlativa de confianza en el Padre. Sin embargo, no podemos descartar de que afirmar que Dios es padre es lo mismo que decir algo que tiene sus complicaciones. ¿Por qué?
Tal como funcionan las relaciones de un "padre" y su "hijo", sabemos que el padre es, para el hijo, en primer lugar, "protección" frente a cualquier amenaza. Esto se nota mucho sobre todo cuando el hijo es pequeño. Porque, naturalmente, el niño se siente más desprotegido. De ahí, el desamparo en que viven tantos niños de la calle, que quizá ni conocen a su padre y se sienten por eso más solos y más indefensos. Segundo, el padre es para el hijo "seguridad". Y lo es por lo que se ha dicho en la vida, saber que hay alguien, con quien me puedo sentir seguro, es determinante para que una persona se sienta bien y no acabes siendo un desgraciado. En tercer lugar, el padre es para el hijo "explicación" de todo lo que el niño no sabe explicar. Por eso los infantes, cuando empiezan hablar, no paran de preguntar a sus padres: ¿Por qué? ¿Cuándo? Si no, pregúntenles a los maestros y profesores, las caras y los reclamos que tienen que soportar de algunos papás que tratan de ayudar a sus hijos muy responsablemente en las tareas de clase y a veces tienen que trasnochar porque suelen decir: "eso lo estudié hace ya... mucho tiempo y se me olvidó", y ojalá fuera así y no que nunca lo aprendió... A este propósito el chiste aquel de caricatura en que la madre le pide al papá que no ayude al hijo en la tarea, ya que la última vez que lo ayudó saco 0. Como el hijo o el niño no sabe casi nada, la explicación de casi todo la encuentra en el padre, que es el que sabe y da la razón de ser de las cosas y de lo que pasa. El padre, finalmente, es para el hijo, "poder y autoridad", porque el padre es el que manda en la casa. O debería ser así. Y, por tanto, el padre es el que ordena. Por una parte, todos los seres humanos necesitamos protección, seguridad y explicación de lo que no sabemos. Por eso el padre es alguien a quien tanto queremos y a quien tanto se necesita.
El padre también es poder y autoridad, que manda y prohíbe, que amenaza y castiga. Y la experiencia nos enseña que con frecuencia, hay padres que castigan más de la cuenta o amenazan con tanta severidad que los hijos sienten verdadero miedo o hasta terror ante la figura paterna. Pero todos sabemos hasta qué punto queremos ser libres y necesitamos libertad. Entonces, estando así las cosas se comprende en qué consiste la complicada relación con el "padre". Porque el padre es alguien de quien no podemos prescindir; pero, al mismo tiempo, es alguien que instintivamente rechazamos. Y es que, por una parte, nos da la seguridad que necesitamos, pero, por otra parte, representa la prohibición y hasta la amenaza que tenemos.
Es verdad que hay personas afortunadas que han tenido la suerte de que el padre ha sido siempre bueno, cariñoso,, comprensivo, cercano y tolerante; pero también es verdad que hay gente destrozada en su intimidad porque han tenido la desgracia de un padre duro y distante, incluso difícil, que se ha pasado la vida amenazando, prohibiendo y castigando. Todo es de sobra conocido. Pero lo que mucha gente no se imagina es que la imagen del padre, en esta vida, determina decisivamente la imagen que cada uno lleva dentro sobre lo que es Dios como padre. Por eso hay tantas personas a quienes resulta un problema enorme "creer" en Dios como Padre que quiere a sus hijos. Y hasta hay personas que se sienten incapaces de creer en Dios. Porque hablarles de eso, es lo mismo que mencionar castigos y amenazas, censuras y privaciones de libertad. Lo que pasa es que la mayoría de la gente no se atreve a hablar de estas cosas, porque son muy íntimas. Tan íntimas que muchas personas las viven como auténticos dramas, pero son incapaces de darse cuenta de que les ocurre. El problema está en que la relación con Dios como padre no puede funcionar con normalidad, mientras la persona no se aclare sobre estos asuntos tan profundos y tan íntimos en la vida de cualquier ser humano. Sólo nos queda ver cómo Jesús presentó a Dios como su Padre, lo que dijo de ese Padre y cómo tenemos que relacionarnos con nuestro Padre.
Los comportamientos antes los norteamericanos de Harmodio Arias, Ernesto de la Guardia, Nino Chiari y Omar Torrijos son los mejores ejemplos que saltan a mi memoria. Imitémoslos y veremos cómo los gringos nos respetan; y logramos verdaderas ventajas para ambos y no una situación de una sola vía, hacia ellos, como suele suceder. Además de verdaderas ventajas económicas, una negociación seria, profesional y patrióticamente bien llevada contribuirá con creces a restaurar nuestro honor nacional como lo hicieron los gobernantes antes mencionados con lo cuales la patria continúa en deuda.
Cada uno de ellos, fue medio de expresión de aspiraciones y frustraciones profundas del pueblo en diferente etapas de su desarrollo como sujeto colectivo de nuestra historia. En vez de aportarle soluciones o de estimularlo a participar en la búsqueda de ellas, con frecuencia ellos exacerbaron y manipularon sus sentimientos y deseos, para compensar por su falta de soluciones, pero manteniendo su propio poderío sobre el pueblo, y en esa medida fueron populistas. Su personalismo presidencialista y populista dejó al pueblo, en un grado mayor de adolescencia cívico-política que el que sería tolerable para el propio bien del país. Si el pueblo maduró bajo un caudillo-gobernante no fue por su adhesión a él o a su movimiento, sino gracias al esfuerzo y a veces a la lucha por superar su predominio sin dejar de aprovechar su obra. Porque los tres dejaron una obra.
Junto con los demás políticos de esta etapa y a la cabeza de ellos, Porras convirtió el Departamento de Colombia en la República de Panamá, aunque su obra estuvo fuertemente comprometida por su legado de caudillismo presidencialista y populista. A su partido lo dejó agotado y fragmentado y al Estado en crisis de desprestigio y expuesto eventualmente a un golpe de estado. Después de un caudillo-gobernante los pueblos suelen experimentar un diluvio. En el caso de Porras el diluvio fue el golpe de estado de 1931.
(La semana próxima comienzo a considerar la segunda etapa de nuestro primer siglo como República independiente: Desarrollo hacia el estado nacional, 1931-1968).
(ariyan@sinfo.net)
Saber que Dios es Padre es saber que Dios es Bueno. Aún recuerdo aquella historia del niño, como de cinco años, que viajaba en un barco y por lo visto andaba suelto por la cubierta jugueteando, cuando de repente se agitaron las aguas del mar y comenzó la nave a balancearse en todas direcciones y la tripulación a ponerse a buen recaudo y a tomar las precauciones, cuando le preguntaron al niño: "¿Oyes, y tú no tienes miedo, qué haces que no te recoges? Y el niño contestó: "¿Cómo voy a tener miedo, si el capitán es mi padre?" Expresión superlativa de confianza en el Padre. Sin embargo, no podemos descartar de que afirmar que Dios es padre es lo mismo que decir algo que tiene sus complicaciones. ¿Por qué?
Tal como funcionan las relaciones de un "padre" y su "hijo", sabemos que el padre es, para el hijo, en primer lugar, "protección" frente a cualquier amenaza. Esto se nota mucho sobre todo cuando el hijo es pequeño. Porque, naturalmente, el niño se siente más desprotegido. De ahí, el desamparo en que viven tantos niños de la calle, que quizá ni conocen a su padre y se sienten por eso más solos y más indefensos. Segundo, el padre es para el hijo "seguridad". Y lo es por lo que se ha dicho en la vida, saber que hay alguien, con quien me puedo sentir seguro, es determinante para que una persona se sienta bien y no acabes siendo un desgraciado. En tercer lugar, el padre es para el hijo "explicación" de todo lo que el niño no sabe explicar. Por eso los infantes, cuando empiezan hablar, no paran de preguntar a sus padres: ¿Por qué? ¿Cuándo? Si no, pregúntenles a los maestros y profesores, las caras y los reclamos que tienen que soportar de algunos papás que tratan de ayudar a sus hijos muy responsablemente en las tareas de clase y a veces tienen que trasnochar porque suelen decir: "eso lo estudié hace ya... mucho tiempo y se me olvidó", y ojalá fuera así y no que nunca lo aprendió... A este propósito el chiste aquel de caricatura en que la madre le pide al papá que no ayude al hijo en la tarea, ya que la última vez que lo ayudó saco 0. Como el hijo o el niño no sabe casi nada, la explicación de casi todo la encuentra en el padre, que es el que sabe y da la razón de ser de las cosas y de lo que pasa. El padre, finalmente, es para el hijo, "poder y autoridad", porque el padre es el que manda en la casa. O debería ser así. Y, por tanto, el padre es el que ordena. Por una parte, todos los seres humanos necesitamos protección, seguridad y explicación de lo que no sabemos. Por eso el padre es alguien a quien tanto queremos y a quien tanto se necesita.
El padre también es poder y autoridad, que manda y prohíbe, que amenaza y castiga. Y la experiencia nos enseña que con frecuencia, hay padres que castigan más de la cuenta o amenazan con tanta severidad que los hijos sienten verdadero miedo o hasta terror ante la figura paterna. Pero todos sabemos hasta qué punto queremos ser libres y necesitamos libertad. Entonces, estando así las cosas se comprende en qué consiste la complicada relación con el "padre". Porque el padre es alguien de quien no podemos prescindir; pero, al mismo tiempo, es alguien que instintivamente rechazamos. Y es que, por una parte, nos da la seguridad que necesitamos, pero, por otra parte, representa la prohibición y hasta la amenaza que tenemos.
Es verdad que hay personas afortunadas que han tenido la suerte de que el padre ha sido siempre bueno, cariñoso,, comprensivo, cercano y tolerante; pero también es verdad que hay gente destrozada en su intimidad porque han tenido la desgracia de un padre duro y distante, incluso difícil, que se ha pasado la vida amenazando, prohibiendo y castigando. Todo es de sobra conocido. Pero lo que mucha gente no se imagina es que la imagen del padre, en esta vida, determina decisivamente la imagen que cada uno lleva dentro sobre lo que es Dios como padre. Por eso hay tantas personas a quienes resulta un problema enorme "creer" en Dios como Padre que quiere a sus hijos. Y hasta hay personas que se sienten incapaces de creer en Dios. Porque hablarles de eso, es lo mismo que mencionar castigos y amenazas, censuras y privaciones de libertad. Lo que pasa es que la mayoría de la gente no se atreve a hablar de estas cosas, porque son muy íntimas. Tan íntimas que muchas personas las viven como auténticos dramas, pero son incapaces de darse cuenta de que les ocurre. El problema está en que la relación con Dios como padre no puede funcionar con normalidad, mientras la persona no se aclare sobre estos asuntos tan profundos y tan íntimos en la vida de cualquier ser humano. Sólo nos queda ver cómo Jesús presentó a Dios como su Padre, lo que dijo de ese Padre y cómo tenemos que relacionarnos con nuestro Padre.
Los comportamientos antes los norteamericanos de Harmodio Arias, Ernesto de la Guardia, Nino Chiari y Omar Torrijos son los mejores ejemplos que saltan a mi memoria. Imitémoslos y veremos cómo los gringos nos respetan; y logramos verdaderas ventajas para ambos y no una situación de una sola vía, hacia ellos, como suele suceder. Además de verdaderas ventajas económicas, una negociación seria, profesional y patrióticamente bien llevada contribuirá con creces a restaurar nuestro honor nacional como lo hicieron los gobernantes antes mencionados con lo cuales la patria continúa en deuda.
Cada uno de ellos, fue medio de expresión de aspiraciones y frustraciones profundas del pueblo en diferente etapas de su desarrollo como sujeto colectivo de nuestra historia. En vez de aportarle soluciones o de estimularlo a participar en la búsqueda de ellas, con frecuencia ellos exacerbaron y manipularon sus sentimientos y deseos, para compensar por su falta de soluciones, pero manteniendo su propio poderío sobre el pueblo, y en esa medida fueron populistas. Su personalismo presidencialista y populista dejó al pueblo, en un grado mayor de adolescencia cívico-política que el que sería tolerable para el propio bien del país. Si el pueblo maduró bajo un caudillo-gobernante no fue por su adhesión a él o a su movimiento, sino gracias al esfuerzo y a veces a la lucha por superar su predominio sin dejar de aprovechar su obra. Porque los tres dejaron una obra.
Junto con los demás políticos de esta etapa y a la cabeza de ellos, Porras convirtió el Departamento de Colombia en la República de Panamá, aunque su obra estuvo fuertemente comprometida por su legado de caudillismo presidencialista y populista. A su partido lo dejó agotado y fragmentado y al Estado en crisis de desprestigio y expuesto eventualmente a un golpe de estado. Después de un caudillo-gobernante los pueblos suelen experimentar un diluvio. En el caso de Porras el diluvio fue el golpe de estado de 1931.
(La semana próxima comienzo a considerar la segunda etapa de nuestro primer siglo como República independiente: Desarrollo hacia el estado nacional, 1931-1968).
(ariyan@sinfo.net)