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Hablando de vicepresidentes


Es notable la decepción que sufrió mucha gente al no ser escogida Hillary Clinton como vicepresidenta del candidato Barack Obama. Trago amargo, incluso, para muchos de la campaña demócrata que en su momento adversaron abiertamente la candidatura de la señora Clinton. Familiares míos que residen en Estados Unidos me cuentan sobre la preocupación que hay por la escogencia del liberal Joe Bidden frente a la hábil maniobra de los republicanos al decidir por Sarah Palin como compañera de fórmula de John McCain. Se supone que Bidden dará a Obama la imagen y el nexo de las relaciones exteriores que éste no tiene.

Después del debate sobre asuntos morales cristianos, dirigido por el respetado pastor de Purpose Driven Church en Saddleback, Rick Warren -temas en los que hay que reconocer que Obama lleva una seria desventaja-, las distintas mediciones dieron por ganador de este encuentro al panameñizado McCain. Aunado al hecho de que Bush ganó la segunda elección con el voto evangélico, los republicanos entendieron sabiamente que había que reforzar esa área con una mujer que representará esos valores, aún independientemente de quién fuera escogido vicepresidente demócrata.

La enseñanza que nos queda de esto es que no es escoger por escoger, por simplemente llenar un espacio, o porque él o la vicepresidente tiene que ser alguien con suficientes recursos económicos para solventar la campaña. Se trata, al mismo tiempo, de una persona que da el balance a la formula presidencial, en el mejor de los casos, alguien que compensa las falencias del candidato a presidente o refuerza las ventajas que éste ya tiene. Enhorabuena, Juan Carlos Varela y la Alianza Un Nuevo Camino así lo han entendido y se aprestan a reforzar la fórmula presidencial con una mujer como compañera, honrando así los valores, la capacidad y honestidad de la mujer panameña.

101 años de Panamá América

 
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