Hablaremos de seguridad
Miren no más lo que significa seguridad en las calles, en tu casa, en todos los lugares que visites, dentro de tu hogar y, aunque no quieras aceptarlo, dentro de ti. En nombre de la seguridad se habla de todo, se dice lo que no se debe y se ventilan conceptos, de los cuales no se sabe mucho pero se hace demagogia. No creo que debe llamarse la atención sobre un tema tan importante y escuchar al Ministro de Gobierno hablar sin pronunciarse en ninguna forma.
Si consideramos que en estos días se discuten las reformas constitucionales en la Asamblea y, aunque sabemos que serán aprobadas por las bancadas grandes, por lo menos den a los pequeños la oportunidad de disentir para que conste en acta; hemos visto cómo se ha desviado la atención popular y de los medios de comunicación hacia las propuestas de la Sra. Presidenta, olvidando lo que discuten los legisladores. Fue una jugada maestra del pacto MAMI para pasar las reformas como sus integrantes quisieran. Nadie las recuerda y pocos saben lo que se ha aprobado. Los periódicos no lo mencionan y los panameños conscientes no hablan sobre el tema.
Ahora es la pena de muerte y la cadena perpetua, que sabemos no se aprobarán, pero darán pie para olvidar lo otro. Sabemos que será una cortina de humo; pero, ¿qué se busca con esto? Si no lo tratamos como un problema integral, será imposible luchar contra la violencia en las calles. No es falta de leyes, es falta de autoridad, es falta de un poder judicial honesto, de jueces que no se vendan al mejor postor (y sé por qué lo digo). Los policías no quieren apresar a los maleantes porque dos días después les caminan por delante, riéndose de ellos; los jueces o corregidores o a quien le toque, los han dejado libres.
De qué sirve una cadena perpetua si se inventan que por buena conducta le rebajan la pena; por días trabajados son cinco años menos y los que llevan ya en la cárcel porque la justicia los ha demorado, resulta que la sociedad les debe disculpas a quienes han asesinado. Por tratarse de una proposición de la Presidenta, quien hoy goza de una popularidad baja, las críticas le han caído por doquier. Los panameños nos oponemos a todo sin analizar dónde está la razón, sino a quién le damos contra. Influye la política, la situación del momento, quién está en el gobierno o quién maneja la contraria. Lo importante es oponerse, se tenga o no la razón.
Lo que me molesta es que perdamos dos oportunidades: la de buscar solución a la seguridad pública y la de dar una buenas reformas constitucionales. Dentro de dos días trataremos otro tema que salga a la palestra y nos olvidaremos de la seguridad. Los sociólogos dicen estar en contra de la proposición presidencial. Les pregunto solamente, ¿han conversado con los parientes de las personas asesinadas por mayores o menores para que les digan lo que piensan? ¿Seguiremos tratando a los menores que delinquen sabiendo lo que hacen, como niños de escuela primaria y no como adultos? Quisiera escuchar a los sociólogos y a los que se oponen a los castigos si un pariente de ellos fueran los atacados o violados o asesinados. Claro que debemos resocializarlos y traer a la sociedad personas productivas y que no reincidan en los delitos. Pero, algunas leyes no les permiten ese cambio que queremos para ellos y el ambiente de las cárceles es negativo para los que allí llegan, por falta de presupuesto.
Si la gente de abajo ve que los de arriba delinquen con impunidad, por qué no hacerlo igual. Cuando no se castiga a las altas esferas y se les permite incurrir en delitos que son celebrados como un astuto comportamiento, ¿con qué autoridad moral podemos sancionar a los que roban una cartera? Es un problema complejo que hay que atacar en su totalidad, sino será imposible resolverlo.
La justicia deber ser para todos por igual, sino sería injusticia y pecaríamos de inhumanos. Si queremos una sociedad moral, ética y con personas que cumplan sus deberes y defiendan sus derechos, tenemos que hacer de la justicia nuestra plataforma de acción. De otra forma, seremos cómplices de todos los delitos y malos comportamientos.
Si consideramos que en estos días se discuten las reformas constitucionales en la Asamblea y, aunque sabemos que serán aprobadas por las bancadas grandes, por lo menos den a los pequeños la oportunidad de disentir para que conste en acta; hemos visto cómo se ha desviado la atención popular y de los medios de comunicación hacia las propuestas de la Sra. Presidenta, olvidando lo que discuten los legisladores. Fue una jugada maestra del pacto MAMI para pasar las reformas como sus integrantes quisieran. Nadie las recuerda y pocos saben lo que se ha aprobado. Los periódicos no lo mencionan y los panameños conscientes no hablan sobre el tema.
Ahora es la pena de muerte y la cadena perpetua, que sabemos no se aprobarán, pero darán pie para olvidar lo otro. Sabemos que será una cortina de humo; pero, ¿qué se busca con esto? Si no lo tratamos como un problema integral, será imposible luchar contra la violencia en las calles. No es falta de leyes, es falta de autoridad, es falta de un poder judicial honesto, de jueces que no se vendan al mejor postor (y sé por qué lo digo). Los policías no quieren apresar a los maleantes porque dos días después les caminan por delante, riéndose de ellos; los jueces o corregidores o a quien le toque, los han dejado libres.
De qué sirve una cadena perpetua si se inventan que por buena conducta le rebajan la pena; por días trabajados son cinco años menos y los que llevan ya en la cárcel porque la justicia los ha demorado, resulta que la sociedad les debe disculpas a quienes han asesinado. Por tratarse de una proposición de la Presidenta, quien hoy goza de una popularidad baja, las críticas le han caído por doquier. Los panameños nos oponemos a todo sin analizar dónde está la razón, sino a quién le damos contra. Influye la política, la situación del momento, quién está en el gobierno o quién maneja la contraria. Lo importante es oponerse, se tenga o no la razón.
Lo que me molesta es que perdamos dos oportunidades: la de buscar solución a la seguridad pública y la de dar una buenas reformas constitucionales. Dentro de dos días trataremos otro tema que salga a la palestra y nos olvidaremos de la seguridad. Los sociólogos dicen estar en contra de la proposición presidencial. Les pregunto solamente, ¿han conversado con los parientes de las personas asesinadas por mayores o menores para que les digan lo que piensan? ¿Seguiremos tratando a los menores que delinquen sabiendo lo que hacen, como niños de escuela primaria y no como adultos? Quisiera escuchar a los sociólogos y a los que se oponen a los castigos si un pariente de ellos fueran los atacados o violados o asesinados. Claro que debemos resocializarlos y traer a la sociedad personas productivas y que no reincidan en los delitos. Pero, algunas leyes no les permiten ese cambio que queremos para ellos y el ambiente de las cárceles es negativo para los que allí llegan, por falta de presupuesto.
Si la gente de abajo ve que los de arriba delinquen con impunidad, por qué no hacerlo igual. Cuando no se castiga a las altas esferas y se les permite incurrir en delitos que son celebrados como un astuto comportamiento, ¿con qué autoridad moral podemos sancionar a los que roban una cartera? Es un problema complejo que hay que atacar en su totalidad, sino será imposible resolverlo.
La justicia deber ser para todos por igual, sino sería injusticia y pecaríamos de inhumanos. Si queremos una sociedad moral, ética y con personas que cumplan sus deberes y defiendan sus derechos, tenemos que hacer de la justicia nuestra plataforma de acción. De otra forma, seremos cómplices de todos los delitos y malos comportamientos.