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Hablemos del desempleo


La Contraloría General de la República acaba de dar a conocer una estadística referente al porcentaje de desempleo existente en nuestro medio y el mismo fue tasado en 14.4%. La empresa privada, sin ninguna sustentación fehaciente, ha indicado que el porcentaje de parados excede dicha tasa y hay quienes hablan hasta de un 20%. Lo cierto es que cualquiera de los dos porcentajes es alarmante y sobre todo porque no existen, de parte y parte, políticas conducentes a su reducción.
El presidente de la APEDE y el Ministro de Trabajo se han inculpado mutuamente y la realidad es que ambos son responsables. La empresa privada es responsable, ya que la misma está acostumbrada que la carguen, es una párida que carece de iniciativa y creatividad y el gobierno, por su parte, está más dedicado al nombramiento de los magistrados, las partidas circuitales, la aprobación de los contratos legislativos y a ver cómo sacan la mayor parte del Fondo Fiduciario.
¡Sí se puede! expresó una y otra vez, a través de la pasada campaña política, el ingeniero Alberto Vallarino, cuando se refería a la imperiosa necesidad de palear el alto índice de desempleo que agobia a la sociedad panameña y que pone en peligro los valores que más atesoramos los panameños.
Doscientos cincuenta mil plazas de trabajo en cinco años, solía repetir incansablemente. Hoy vemos que más que creación de plazas de trabajo las pocas existentes se pierden ante la indiferencia de los gobernantes y la incapacidad manifiesta de la empresa privada que todo lo desea digerido.
Una de las situaciones más desesperantes y humillantes a que puede ser sometido el ser humano es a la imposibilidad de lograr una plaza de trabajo y las consecuencias de ello no sólo repercuten en quien lo padece, sino en toda la familia. Desde cualquiera que sea el aspecto que se perciba, el desempleo es una aberración de la condición humana, es una mutilación que sufre el hombre, pues se le priva a desarrollarse dentro de la sociedad que convive.
Es realmente una desgracia social que demanda urgente atención.
Toda clase de promesas se nos han formulado en cuanto a la solución de este enorme problema, sin embargo la situación antes que mejorar empeora. Se recortaron y decapitaron las conquistas laborales de muchos gremios con base a expectativas que no se han realizado ni se realizarán. La avalancha de empresas que vendría a Panamá con la modificación del Código de Trabajo fue una falacia. Nos pasamos lamentándonos y todo lo dejamos a la retórica. Es necesario la adopción de medidas heroicas, si de veras deseamos ponerle coto a la situación que hoy lo vemos como un problema ajeno, pero que muy pronto, si las cosas continúan así, será la causa que dará al traste con el sistema y entonces sí que todos seremos los perdedores.
El Papa, en una de sus visitas a Latinoamérica, sostuvo que la prolongada situación de desempleo y cesantía, cuando alcanza ciertos niveles, "constituye un problema ético, espiritual porque es síntoma de la presencia de un desorden moral existente en la sociedad, cuando se infringe la jerarquía de los valores". "El hombre sin trabajo está herido en su dignidad humana. Al convertirse otra vez en trabajador activo no sólo recupera un salario, sino también aquella dimensión esencial de la condición humana que es el trabajo y que en el orden de la gracia es, para el cristiano, su camino ordinario hacia la perfección".
El fenómeno del desempleo no tiene una explicación única, responde más bien a un conjunto de elementos sobre los que tampoco existe un consenso generalizado.
Pensamos que existen medidas urgentes que debe el gobierno ejecutar desde este preciso instante y nos estamos refiriendo al alza de los aranceles, entre otras cosas, sobre en todo en esos rubros en que la experiencia no ha sido halagadora, como son los sectores donde existe el uso intensivo de mano de obra. El Estado, además de verse afectado en sus ingresos con la baja de los aranceles, lo que lo ha hecho más dependiente de los empréstitos, el endeudamiento, sólo ha beneficiado a una minoría que se dedica a la importación de bienes de consumo del exterior con la consabida pérdida de divisas y la ruina de los productores nacionales que a su vez ha acarriado desempleo. ¡Sí se puede! Sólo hace falta voluntad y tener una correcta percepción jerárquica de valores.

101 años de Panamá América

 
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