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¿Habrá que cerrar la OEA?


Las críticas a la Organización de Estados Americanos son de antigua data. En el pasado, cuando el Caribe y Canadá no estaban, se le acusaba de estar dominada por Estados Unidos; hoy todavía algunos le endilgan jugar ese papel. Se decía que nunca tomaba decisiones, por lo que resultaba inoperante e ineficaz. Se le criticaba por no ser capaz de echar atrás la arcaica resolución de 1962 que suspendió a Cuba del sistema interamericano.

La OEA de 2009, sigue criticada hoy más que antes, sobre todo por la multiplicidad de medios que existen. Sin embargo, esa misma organización que muchos quisieran ver desaparecida, recibió el ingreso de los trece nuevos Estados caribeños y de Canadá, hoy uno de los que más colabora con sus programas. Hay sesenta países observadores de todos los continentes. ¿Qué habrán visto ésos en tan vilipendiada entidad, donde un país como Saint Kitts y Nevis, de sólo 39.129 habitantes, se sienta de igual a igual con los Estados Unidos? Donde éste, por más grande que sea y por más que aporte a sus finanzas, no puede elegir a un nativo suyo para dirigir la OEA al no poder conseguir los votos necesarios.

En el presente año, la OEA, en contraste con sus críticos, ha logrado consolidarse como organización hemisférica capaz de lograr el consenso entre sus miembros; algo que años atrás parecía un sueño imposible. La votación en junio durante la 39 Asamblea General de San Pedro Sula cuando unánimemente se levantaron las sanciones a Cuba, así como aquella a inicios de julio en la 37 Asamblea General Extraordinaria de Washington, donde unánimemente se suspendió a Honduras por el golpe de Estado contra el Presidente Zelaya, son claros reflejos de un liderazgo que supo conciliar las cada vez más profundas diferencias existentes entre sus miembros, a efecto de consolidar la democracia en el hemisferio.

Sin embargo, las críticas de antes continúan y seguirán. El chivo expiatorio -siempre hay que encontrar uno - es José Miguel Insulza. Contrario a lo que muchos quisieran, el Secretario General de la OEA, no puede por sí solo imponer sanciones a nadie y mucho menos llamar la atención de ningún miembro de la Organización para la cual sirve, aun cuando en esos países se estén violentando los derechos humanos. Él sólo actúa por mandato de sus integrantes y la Organización será lo que sus miembros decidan que sea. Hoy la OEA, gracias a Dios, se ha convertido en un foro hemisférico que promueve el consenso y en sólo eso todos han ganado.

¿O es que para justificar que a un Presidente lo saquen en pijamas militares de su casa en la madrugada y lo manden a la fuerza a otro país, sacrificaremos principios básicos de cualquier democracia?

gcochez@covad.net

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