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¿Hacen falta los intelectuales?


MUCHOS LÍDERES políticos, empresarios y gobernantes de nuestros países con frecuencia desprecian la capacidad de los intelectuales para aportar algo útil al desarrollo del país más allá de sus reflexiones etéreas, por lo que proponen escuchar opiniones y colocar en los cargos públicos principales a "gerentes" pragmáticos y efectivos, que dicho sea de paso, no siempre lo son. Quizá a la luz de los resultados de la pobre educación, salud y el precario y escaso empleo de nuestros países que tanta conmoción social genera, sea apropiado hacerles ver a quienes pensaban así, que si hubieran confiado algo más en las capacidades de los intelectuales, hubieran podido prever hace muchos años estos escasos avances sociales que ahora lamentamos.
Los historiadores les hubieran enseñado cómo suelen nacer, crecer, desarrollarse y caer las dictaduras civiles o militares, como ocurrió con Hitler, Mussolini, Pinochet, Videla, Ceausescu, Strossner, Somoza, Noriega, Fujimori y ocurrirá con varias más en los países árabes si no se democratizan. Es prematuro aún para saber si la Cuba de Fidel Castro será una excepción.
Los filósofos les hubieran explicado cómo la falta de una ideología y ética sólida y coherente condena a los gobernantes a desviarse de sus fines originales y actuar según convenga electoralmente, para caer en la corrupción y el populismo.
Los politicólogos les hubieran explicado que no se construye democracia sin alternancia en el poder, porque cuando un líder tiene conciencia que su período gubernamental es efímero, trata con mucho más respeto a la prensa y a la oposición, y tiene muchos más frenos frente a la corrupción y la impunidad. Tener en la conciencia que "dentro de 5 años estaremos fuera y serán otros los que gobiernen" se constituye en un excelente freno ético y cívico para cualquier trasgresión.
Los sociólogos les hubieran dicho que sin división de poderes y sin un poder judicial sólido, justo y confiable, no habrá institucionalidad confiable y por tanto pocas empresas se animarán a hacer grandes inversiones, exceptuando aquellas de alto rendimiento en muy corto plazo, que suelen protegerse contratando personalidades cercanas al poder.
Los psicólogos les hubieran explicado cómo el peor enemigo que tienen las personas poderosas es su propia omnipotencia y sentimiento mesiánico o de infalibilidad, que poco a poco las va llevando a distanciarse de su sentido humano, transgredir normas, violar derechos y caer en corrupciones, creyendo que el "fin justifica los medios" y que no hay que rendirle cuentas a nadie.
Los religiosos les hubieran explicado que la natural tentación a cometer faltas o pecados se puede vencer si uno tiene una conciencia moral muy sólida, si uno procura disponer siempre de espacios de reflexión sobre lo trascendente, y si los creyentes tienen presente a Dios en sus actos.
Los educadores les hubieran dicho (como lo hemos hecho algunos reiteradas veces) que lo que se ha estado haciendo con nuestra educación no la iba a conducir a ninguna parte, como efectivamente ha ocurrido y lo demuestran los resultados de las pruebas nacionales y comparaciones internacionales respecto a la medición de la calidad de la educación. Les hubieran dicho que las experiencias regionales y mundiales muestran que para que un país salga de la "cola" para acceder a la "cabeza" no puede hacer "lo que todos hacen" sino crear su propia vía, con creatividad, invirtiendo en cosas originales con bajo costo y tremendo efecto multiplicador. Les hubieran ilustrado respecto a que los Ministerios de Educación tienden a ser muy conservadores y a aferrarse a modelos burocráticos, reglamentaristas y controlistas, porque muchas veces sus funcionarios o decidores no tienen la experiencia previa, no tienen suficiente intuición educativa que se adquiere en espacios libres y creativos, ni tampoco la capacidad de asumir riesgos por las iniciativas originales, que son aptitudes que sí suelen tener quienes día a día lidian con la innovación educacional que suelen estar fuera de los ministerios. Les hubieran enseñado que esconder o distorsionar la información de los hallazgos de las mediciones del rendimiento escolar no sólo es inmoral, porque se hace para engañar a la opinión pública, sino además es ineficaz, porque no permite el debate abierto sobre qué pasa y qué hacer para mejorar la educación.
También los intelectuales que proceden de los campos de la ciencia y las profesiones liberales hubieran aportado mucho porque siempre los pensadores, desde la ventana de su especialidad, tienen una mirada diferente a la del político y es capaz de enriquecer el saber común.
Nuestros países de América Latina están culminando un ciclo de experiencias políticas altamente improductivas y regresivas. Por creer que unas cuantas personas entienden y piensan mejor que todo el resto, se han perdido los aportes de tantas personas hábiles, entre ellas los intelectuales, cuyo pecado principal usualmente es el de ser críticos y no identificarse incondicionalmente con el gobernante de turno. Ojalá que nuestros actuales gobernantes sepan valorar más los aportes de los intelectuales y los convoquen sistemáticamente para escuchar sus opiniones y especialmente sus críticas, que suelen ser escasas en los asesores formales. La confrontación de posiciones distintas enseña más que las coincidencias y aplausos oficialistas. Ojalá también que los intelectuales, aunque estén en condiciones desfavorables, nunca dejen de asumir sus responsabilidades y de procurar hacer escuchar su voz.
(ltrahte@terra.com.pe)

101 años de Panamá América

 
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