¿Hacia dónde va Venezuela?
Si algunos tuvieron expectativas sobre los efectos del triunfo de Hugo Chávez que, reconocido por la oposición democrática, podía significar el inicio de una etapa de diálogo y de convivencia democrática, pronto fueron desengañados. La palabra diálogo no figura en el diccionario político del presidente de Venezuela. Para él, diálogo es sinónimo de derrota, de concesión, incompatible con su proyecto ideológico.
Para medir la aceleración con que actúa el presidente bastaría saber que no esperó la ceremonia de su juramento para anunciar la nacionalización de empresas de extraordinaria significación en la economía, como la telefónica y las del sector eléctrico. De modo que, en el momento de juramentarse, el 10 de enero, para un periodo de 6 años, ya se expandía la onda de tales medidas.
Su discurso en la ceremonia fue una improvisación que se prolongó durante tres horas y media y, aun cuando prometió cambiar la estructura política del país, sustituir alcaldías y gobernaciones por organismos comunales, fundar ciudades socialistas, eliminar estados, imponer un régimen que evasivamente llama "socialismo del siglo XXI" y fundar el "poder popular", ninguna de estas medidas fue precedida de estudios conocidos ni menos aún del más mínimo debate.
El proyecto chavista. Para llevar a cabo el proyecto de tan vastas reformas, el presidente Chávez se propone solicitar a la Asamblea Nacional una ley habilitante que le permitirá legislar en diversas materias económicas, como la eliminación de la relativa autonomía que tiene ahora el Banco Central para disponer discrecionalmente de las reservas internacionales, acometer una reforma monetaria, concretar las nacionalizaciones, etc. Paralelamente, y dado que la Asamblea Nacional tiene un 100% de parlamentarios oficialistas, Chávez presentará un conjunto de reformas a la Constitución, donde el punto principal es la reelección ilimitada, hasta ahora de un segundo período.
Como complemento de esta conquista del poder absoluto, el presidente le ha pedido a sus aliados que disuelvan sus organizaciones políticas, a fin de crear el Partido Único de la Revolución Bolivariana. Este proyecto ocupa lugar preeminente en la agenda del presidente y lo ha propuesto de manera urgente, y, en términos ya de "partido único", al advertirles a sus aliados que los votos del 3 de diciembre "fueron sólo votos suyos, personales", que los de ellos no contaron para nada y que, en última instancia, "lo toman o lo dejan". Es decir que el Partido Único de la Revolución Bolivariana es un hecho, haya o no haya Congreso para discutirlo y el cual sería, en todo caso, una ceremonia donde los convocados ensayarían el haraquiri.
De manera que la veintena de organizaciones políticas que acamparon bajo el paraguas de "la revolución bolivariana, participativa y protagónica" han sido invitadas a la rendición incondicional y a la disolución. El Congreso será un congreso de honras fúnebres. No se llamará Partido Único (por las evocaciones ingratas del término), sino Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
El presidente lleva a cabo una incesante campaña contra los medios independientes, contra la televisión privada en primer término; de ahí el inevitable cierre de Radio Caracas Televisión, la empresa pionera en Venezuela. Quien no se rinda será hostilizado y tendrá ese mismo destino. Al propio tiempo, el gobierno desarrolla una poderosa red de comunicaciones: ya en Caracas tiene cinco estaciones de televisión y en el país no menos de 500 radioemisoras que llaman "comunales". En suma, el presidente domina personalmente todos los poderes del Estado, desde el Legislativo hasta el Tribunal Supremo de Justicia, el Poder Moral (Fiscalía General, Contralor, Defensor del Pueblo), hasta el Electoral. También las Fuerzas Armadas que ahora se llamarán "bolivarianas", añadiendo a estas cerca de 700 mil reservistas y guardias territoriales que dependen directamente del presidente.
La pregunta de ¿hacia dónde va Venezuela?, no es fácil de responder. Si bien los precios del petróleo están altos, y se mantendrán arriba, no serán suficientes para satisfacer los crecientes gastos de la revolución, dentro de Venezuela y fuera del país, como los costos del ALBA. Un dato bastará para ilustrar este punto: el gobierno tendría que erogar más de $50 mil millones para acometer la nacionalización de la CANTV y de las empresas eléctricas.
Pretende, además, modificar los contratos con las corporaciones internacionales que explotan el gas. Chávez quiere cambiarlo todo y poner todo bajo su dominio, sin intermediarios. Su avance es innegable. Nadie nunca tuvo tanto poder como él en 200 años de historia. Tal vez el oráculo de Delfos tenga algunas respuestas.
Del mismo modo, deben acabarse los llamados recipientes útiles, entiéndase las plantas acuáticas, los maceteros, los bebederos de agua de los animales, envases para almacenar agua, entre otros que no están debidamente limpios y que se convierten en un criadero de mosquitos transimisores del dengue.
Cabe señalar que en el operativo también se estarán limpiando herbazales, lotes baldíos y eliminando chatarras.
Para medir la aceleración con que actúa el presidente bastaría saber que no esperó la ceremonia de su juramento para anunciar la nacionalización de empresas de extraordinaria significación en la economía, como la telefónica y las del sector eléctrico. De modo que, en el momento de juramentarse, el 10 de enero, para un periodo de 6 años, ya se expandía la onda de tales medidas.
Su discurso en la ceremonia fue una improvisación que se prolongó durante tres horas y media y, aun cuando prometió cambiar la estructura política del país, sustituir alcaldías y gobernaciones por organismos comunales, fundar ciudades socialistas, eliminar estados, imponer un régimen que evasivamente llama "socialismo del siglo XXI" y fundar el "poder popular", ninguna de estas medidas fue precedida de estudios conocidos ni menos aún del más mínimo debate.
El proyecto chavista. Para llevar a cabo el proyecto de tan vastas reformas, el presidente Chávez se propone solicitar a la Asamblea Nacional una ley habilitante que le permitirá legislar en diversas materias económicas, como la eliminación de la relativa autonomía que tiene ahora el Banco Central para disponer discrecionalmente de las reservas internacionales, acometer una reforma monetaria, concretar las nacionalizaciones, etc. Paralelamente, y dado que la Asamblea Nacional tiene un 100% de parlamentarios oficialistas, Chávez presentará un conjunto de reformas a la Constitución, donde el punto principal es la reelección ilimitada, hasta ahora de un segundo período.
Como complemento de esta conquista del poder absoluto, el presidente le ha pedido a sus aliados que disuelvan sus organizaciones políticas, a fin de crear el Partido Único de la Revolución Bolivariana. Este proyecto ocupa lugar preeminente en la agenda del presidente y lo ha propuesto de manera urgente, y, en términos ya de "partido único", al advertirles a sus aliados que los votos del 3 de diciembre "fueron sólo votos suyos, personales", que los de ellos no contaron para nada y que, en última instancia, "lo toman o lo dejan". Es decir que el Partido Único de la Revolución Bolivariana es un hecho, haya o no haya Congreso para discutirlo y el cual sería, en todo caso, una ceremonia donde los convocados ensayarían el haraquiri.
De manera que la veintena de organizaciones políticas que acamparon bajo el paraguas de "la revolución bolivariana, participativa y protagónica" han sido invitadas a la rendición incondicional y a la disolución. El Congreso será un congreso de honras fúnebres. No se llamará Partido Único (por las evocaciones ingratas del término), sino Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
El presidente lleva a cabo una incesante campaña contra los medios independientes, contra la televisión privada en primer término; de ahí el inevitable cierre de Radio Caracas Televisión, la empresa pionera en Venezuela. Quien no se rinda será hostilizado y tendrá ese mismo destino. Al propio tiempo, el gobierno desarrolla una poderosa red de comunicaciones: ya en Caracas tiene cinco estaciones de televisión y en el país no menos de 500 radioemisoras que llaman "comunales". En suma, el presidente domina personalmente todos los poderes del Estado, desde el Legislativo hasta el Tribunal Supremo de Justicia, el Poder Moral (Fiscalía General, Contralor, Defensor del Pueblo), hasta el Electoral. También las Fuerzas Armadas que ahora se llamarán "bolivarianas", añadiendo a estas cerca de 700 mil reservistas y guardias territoriales que dependen directamente del presidente.
La pregunta de ¿hacia dónde va Venezuela?, no es fácil de responder. Si bien los precios del petróleo están altos, y se mantendrán arriba, no serán suficientes para satisfacer los crecientes gastos de la revolución, dentro de Venezuela y fuera del país, como los costos del ALBA. Un dato bastará para ilustrar este punto: el gobierno tendría que erogar más de $50 mil millones para acometer la nacionalización de la CANTV y de las empresas eléctricas.
Pretende, además, modificar los contratos con las corporaciones internacionales que explotan el gas. Chávez quiere cambiarlo todo y poner todo bajo su dominio, sin intermediarios. Su avance es innegable. Nadie nunca tuvo tanto poder como él en 200 años de historia. Tal vez el oráculo de Delfos tenga algunas respuestas.
Del mismo modo, deben acabarse los llamados recipientes útiles, entiéndase las plantas acuáticas, los maceteros, los bebederos de agua de los animales, envases para almacenar agua, entre otros que no están debidamente limpios y que se convierten en un criadero de mosquitos transimisores del dengue.
Cabe señalar que en el operativo también se estarán limpiando herbazales, lotes baldíos y eliminando chatarras.