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Hacia el futuro sin borrar el pasado


Lo poco que oí del discurso de Martincito aceptando su nominación presidencial sonó muy bien. Hizo las promesas que tenía que hacer y hasta se lució con su referencia a un gobierno que guarda dinero en congeladores. No obstante, no hay que olvidar que Martincito tiene excelentes asesores, entre ellos destaco a su suegro y a su cuñado. Uno es un experto en relaciones públicas y el otro en economía. A diferencia de un amigo mío, creo que Martincito lee bastante bien sus discursos, no considero que esto es nada nuevo. Me pareció magistral que hiciera fugaz referencia a aquellos que tenían en mente a su padre porque para mí era obvio que él y sus asesores han hecho lo máximo posible por enviar el mensaje de que no se trata del pasado, del llamado "torrijismo", sino del futuro de la nación.
Su discurso no ofreció sorpresas. Lo que dejaba bocas abiertas fue la presencia de norieguistas furibundos que ponían cara de "si-te-vi-ni-me-acuerdo". Cuando Martincito dijo que no permitiría que los maleantes entraran a la presidencia, sin duda, recordó no sólo a los maleantes de la presente administración, sino a todos los criminales, sinvergüenzas, arrastrados e interesados que se cobijaron bajo la "filosofía" del proceso y que recibieron perdones e indultos, y cuyos desmanes nunca fueron investigados, mucho menos castigados.
Como era de esperarse, el discurso estuvo plagado de perogrulladas, tales como luchar contra la corrupción y derogar la regulación de la Ley de Transparencia y la reforma tributaria. El otro candidato que cuenta, piensa y dijo lo mismo. La parte peliaguda que muchos señalan es que el PRD tiene su maquinaria bien aceitada, lo mismo que el Partido Arnulfista, se supone. Mientras que Endara, que es en mi opinión el candidato a vencer, no cuenta con similar estructura política en el ámbito nacional, a diferencia de sus partidos opositores.
La disección de los problemas nacionales fluirá en cascada interminable durante los próximos trece meses. Tal como sucedió en Venezuela, Perú, Brasil y Ecuador. Los cambios, buenos o malos, denotaron la desesperación del pueblo por afianzar la democracia y erradicar la caricatura de ella, que es lo que ha prevalecido. Yo creo que los panameños estamos ilustrados y no olvidamos las lecciones de un pasado que está demasiado fresco: El partido del gobierno que se aferró a la cola del líder más carismático de nuestra historia y es dirigido férrea y autoritariamente por la viuda de éste. Y, por supuesto, el partido que nació como el brazo político de la narcodictadura.
Opino que muchos ciudadanos miembros de estos dos partidos, ya no quieren asirse de la cola de un "caudillo". Están ansiosos de seguir un nuevo rumbo que lleve al progreso de Panamá, el cual ha sido imposible por la corrupción de tirios y troyanos. Además, queda el grupo mayoritario de los independientes, que a pesar de todos sus anhelos y acciones se han visto frustrados porque nuestra verdadera democracia ha estado secuestrada por décadas por los que claman su victoria electoral en el 2004. Es obvio que los secuestradores, de uno y otro bando, hablan del futuro y quieren borrar el pasado. ¡Qué hueso!
Mientras, nos divertimos viendo como los oficialistas le hacen propaganda muy efectiva a Endara expulsándolo de su partido. ¡Qué suerte tiene Cuchungo! Y lo peor es que salen de las catacumbas personajes tan notorios como Montana Weeden, quien pierde el juicio cuando no le dan un vaso de agua en el instante que quiere y, Antonio Domínguez, cuya fama es que no para de hablar, a pesar de que ambos carecen de peso político alguno.

101 años de Panamá América

 
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