"Hacia el maestro humano"
Hoy se inicia el año escolar 2004 (es el último año del infortunado lustro de politiquería, nepotismo vergonzante y servilismo, que no de educación), igual que los anteriores, huérfano de un buen ministro de Educación. Sin embargo, por el significado e importancia de la presencia del maestro en la sociedad (ayer, hoy y siempre), el simbolismo de la fecha nos convoca a compartir con los educadores, los padres de familia, los estudiantes y la ciudadanía en general, el pensamiento pedagógico, cívico y político de Federico A. Velásquez, educador y ministro de Educación por excelencia (1959-1960).
Así se expresó el maestro Velásquez en un discurso que pronunció en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, el 17 de mayo de 1965, en ceremonia especial donde el pueblo y el gobierno panameños le rindieron un sentido homenaje a nivel nacional, y se le condecoró con la Orden Manuel Amador Guerrero, la máxima que confería el Gobierno Nacional hasta entonces: "Del maestro pedagogo vamos a paso acelerado hacia el maestro humano. Del maestro del aula, vamos hacia el maestro de la sociedad. Del maestro neutro en su expresión política vamos hacia el maestro de acción política progresista.
No está demás, aun cuando sé que ustedes así lo comprenden, decir que hablar del maestro político estoy muy lejos de referirme a la política mezquina de banderías de tipo electorero, que tenemos en nuestro medio cada cuatro años. No, no me refiero a esa política, ni al tipo de política criolla que sólo piensa en la pitanza.
Ojalá no vuelvan más a las filas del magisterio aquellos que han contribuido a descartar la conciencia política de nuestros hermanos; ojalá haya desaparecido de nuestras filas el maestro con ínfulas de politicastro, cargador de cédulas brujas o comprador deshonesto de conciencias".
"El maestro político al cual me refiero es aquel que tras el análisis objetivo, sereno y humano de los problemas sociales, políticos y económicos se atreve a tomar partido. Diría más tiene que tomar partido.
Un maestro de hoy no puede dejar de tomar posición frente a las injusticias sociales; un maestro político no puede ni remotamente aplaudir discriminación, ni tolerarla; un maestro de hoy no puede aplaudir las invasiones de los pueblos pequeños por potencias arrogantes; un maestro de hoy tiene que abogar por convivencia nacional e internacional. Un maestro de hoy en su acción política, tiene que abogar por salarios adecuados no sólo para él, sino para todos los trabajadores. Un maestro de hoy no puede entregarse seriamente a posiciones dogmáticas que anulen el sentido de la libertad de pensar".
"Noten, pues, las características y problemas que debe tratar el maestro que debe servir en el mundo de actual. Pero si sigue encastillado o afanado a su trabajo didáctico y técnico exclusivamente, estará limitando desventajosamente su radio de acción y quizás al final no podrá ni siquiera rendir buenos frutos en el campo técnico y pedagógico porque las circunstancias sociales, políticas y económicas, que determinan la vida de la sociedad, trabajan contradictoriamente a esos fines".
"Para que el magisterio se torne en fuerza de progreso, para que logre dejar oír su voz en la vida nacional tiene que poseer la pujanza que sólo da la unidad, tiene que poseer la firmeza que dan los ideales y tiene que poseer la conciencia y fe ciega, casi mística, de que como consecuencia de su actividad docente, que es también social, está trabajando simultáneamente en los dos frentes: el de la comunidad y el más cerrado del aula de clases. En mi concepto, si el educador pierde de vista el panorama social en que vive y las urgencias que hay que atender por medio de la educación, está irremediablemente perdido y será nula su acción educativa".
Finalmente, agregamos nosotros, parafraseando al Dr. Jorge Illueca, que otra vez la Patria vaga por las calles sin maestro, ¡y sin ministro de Educación!, por eso invocamos el espíritu de Octavio Méndez Pereira y de Federico A. Velásquez, para que nuevamente la tomen de la mano y con su ayuda se reinicie cuanto antes la búsqueda de su propio destino.
Así se expresó el maestro Velásquez en un discurso que pronunció en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, el 17 de mayo de 1965, en ceremonia especial donde el pueblo y el gobierno panameños le rindieron un sentido homenaje a nivel nacional, y se le condecoró con la Orden Manuel Amador Guerrero, la máxima que confería el Gobierno Nacional hasta entonces: "Del maestro pedagogo vamos a paso acelerado hacia el maestro humano. Del maestro del aula, vamos hacia el maestro de la sociedad. Del maestro neutro en su expresión política vamos hacia el maestro de acción política progresista.
No está demás, aun cuando sé que ustedes así lo comprenden, decir que hablar del maestro político estoy muy lejos de referirme a la política mezquina de banderías de tipo electorero, que tenemos en nuestro medio cada cuatro años. No, no me refiero a esa política, ni al tipo de política criolla que sólo piensa en la pitanza.
Ojalá no vuelvan más a las filas del magisterio aquellos que han contribuido a descartar la conciencia política de nuestros hermanos; ojalá haya desaparecido de nuestras filas el maestro con ínfulas de politicastro, cargador de cédulas brujas o comprador deshonesto de conciencias".
"El maestro político al cual me refiero es aquel que tras el análisis objetivo, sereno y humano de los problemas sociales, políticos y económicos se atreve a tomar partido. Diría más tiene que tomar partido.
Un maestro de hoy no puede dejar de tomar posición frente a las injusticias sociales; un maestro político no puede ni remotamente aplaudir discriminación, ni tolerarla; un maestro de hoy no puede aplaudir las invasiones de los pueblos pequeños por potencias arrogantes; un maestro de hoy tiene que abogar por convivencia nacional e internacional. Un maestro de hoy en su acción política, tiene que abogar por salarios adecuados no sólo para él, sino para todos los trabajadores. Un maestro de hoy no puede entregarse seriamente a posiciones dogmáticas que anulen el sentido de la libertad de pensar".
"Noten, pues, las características y problemas que debe tratar el maestro que debe servir en el mundo de actual. Pero si sigue encastillado o afanado a su trabajo didáctico y técnico exclusivamente, estará limitando desventajosamente su radio de acción y quizás al final no podrá ni siquiera rendir buenos frutos en el campo técnico y pedagógico porque las circunstancias sociales, políticas y económicas, que determinan la vida de la sociedad, trabajan contradictoriamente a esos fines".
"Para que el magisterio se torne en fuerza de progreso, para que logre dejar oír su voz en la vida nacional tiene que poseer la pujanza que sólo da la unidad, tiene que poseer la firmeza que dan los ideales y tiene que poseer la conciencia y fe ciega, casi mística, de que como consecuencia de su actividad docente, que es también social, está trabajando simultáneamente en los dos frentes: el de la comunidad y el más cerrado del aula de clases. En mi concepto, si el educador pierde de vista el panorama social en que vive y las urgencias que hay que atender por medio de la educación, está irremediablemente perdido y será nula su acción educativa".
Finalmente, agregamos nosotros, parafraseando al Dr. Jorge Illueca, que otra vez la Patria vaga por las calles sin maestro, ¡y sin ministro de Educación!, por eso invocamos el espíritu de Octavio Méndez Pereira y de Federico A. Velásquez, para que nuevamente la tomen de la mano y con su ayuda se reinicie cuanto antes la búsqueda de su propio destino.