Hacia la Cuarta Edad
Gracias a los ancianos se está produciendo una revolución silenciosa que marcará un antes y un después en el envejecimiento. El siglo XXI va a ser el “siglo del envejecimiento demográfico”. Se habla de la revolución blanca: el envejecimiento del envejecimiento. Hoy, el 10% de la población supera la edad de 65 años. En 75 años se habrá triplicado y la de ancianos se sextuplicará. Habrá diez veces más de mayores 80 años.
Mientras tanto, el número de ancianos que sufren maltrato en España se acerca a los 300,000. En tres años la cifra se ha incrementado un 82%, y cerca de un millón y medio de personas mayores viven solas. Las más perjudicadas son las mujeres, el 11% de las mismas sufre agresiones físicas, el doble que los varones. A esto se suma el maltrato psicológico. El porcentaje español es similar al que declaraba la OMS en su Informe del año 2002, y que lo situaba entre el 4% y el 6% de los ancianos encuestados. En Estados Unidos, The National Center on Elder Abuse cifra la incidencia en diez víctimas por cada mil habitantes. Además, las ancianas padecen el "abuso material" (saqueo de cuentas bancarias, apropiación de objetos y propiedades). De ahí que se hable de la Cuarta Edad en que el mayor puede no ser atendido con buenas técnicas por su familia. Hablamos del maltrato con que la sociedad se produce a veces frente a los Mayores. En Estados Unidos, a mediados de los ochenta, se institucionaliza el término “Elder abuse”, que se consolida en la Declaración de Toronto, de 2002.
La autoridad del anciano ha decaído.
La sociedad industrial, competitiva, despersonalizada e individualista, ha producido en muchos mayores un desfondamiento moral y emocional.
La vejez conlleva que padezca limitaciones físicas, a veces también mentales. La persona mayor no sólo es miembro de la familia, sino también de la sociedad, un ciudadano con derechos para exigir que la sociedad, a través del Estado, le devuelva parte de su contribución social en forma de pensiones y jubilaciones suficientes, viviendas adecuadas y servicios sociales para una vida digna.
La única forma de erradicar el maltrato a los mayores supone poner en marcha: Intensas campañas de sensibilización. Poner al descubierto los casos conocidos. Denunciarlos ante instancias administrativas o judiciales. Ocuparse del maltratado, conseguir que los ancianos, esperen con serenidad la inevitable proximidad de su final.
* Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del CCS.
fajardoccs@solidarios.org.es