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Hacia la neutralidad de Darién


La Iglesia Católica, reconocida constitucionalmente como la de la mayoría de los panameños, exhortó el fin de semana al gobierno a dejar de decir que en Darién no ocurre nada. La provincia es usada como lugar de descanso y fuente de provisiones de la guerrilla colombiana, y como zona de guerra por los paramilitares que la persiguen.
Darién es al mismo tiempo la más olvidada de las provincias, hasta el punto que ni siquiera cuenta con una carretera que comunique sus principales centros habitados con el resto de la República.
Su población es tan escasa como la presencia policial panameña; y sus ricos hacendados normalmente suplen la escasez de mano de obra local con la numerosa inmigración colombiana, ávida de dólares, que son una bendición frente a la débil moneda de su país.
La provincia tiene a la vez una vital importancia estratégica. Sus grandes ríos Tuira y Chucunaque, con su intrincada red de afluentes y sirvientes, sirven de único medio efectivo de comunicación a través de su selva indómita, portadora de la más rica flora y fauna del planeta.
De hecho, el crucigrama fluvial de su geografía es de tal envergadura, que desde siempre se le tiene como una de las rutas posibles para un nuevo y moderno canal, sin la presión demográfica y limitación de recursos hídricos del actual.
Darién es también paso obligado de contrabandistas de armas y drogas; y es además el último colchón de contención que separa a las guerrillas colombianas del Canal y nuestras principales ciudades. Al respecto, Omar Torrijos dijo una vez que no quería construir la carretera hacia Darién porque los colombianos vendrían en masa a Panamá en bicicleta.
De cualquier modo, será imperioso para el próximo gobierno, enfrentar con realismo la situación de Darién, sin descartar el contacto directo con las fuerzas involucradas, a la manera del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Nos referimos en particular a los "contactos informales" con la guerrilla, los cuales ha reconocido el canciller venezolano José Vicente Rangel. Se procuraría no obstante no irritar al gobierno vecino.
Los actuales contactos entre el gobierno de Venezuela y los irregulares colombianos tienen dos propósitos: mediar para la paz y procurar que se respete la integridad territorial y neutralidad de Venezuela.
De nuestro próximo gobierno no esperamos otra cosa. No parece válido argumentar que no debemos negociar con "terroristas", lo cual nos colocaría en situación de ser "más realistas que el Rey", considerando que el propio gobierno colombiano del presidente Andrés Pastrana lo hace, e igual que Venezuela, una de cuyas aeronaves fue localizada y devuelta por las FARC, luego que los ejércitos de ambos países no pudieron encontrarla. Se debe en todo caso procurar el respeto de la neutralidad e integridad territorial de Darién por todos los beligerantes, una especie de Casablanca y Montevideo durante la Gran Guerra, una zona de paz en la que ambos puedan conversar.


101 años de Panamá América

 
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