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Hacia un desarrollo nacional propio


COMO reacción a las demandas de ciertos sectores del país, el Presidente Martín Torrijos, hace algún tiempo, se mostró decidido a discutir y a adoptar un Plan de Desarrollo Nacional, después de la celebración del referéndum del 22 de octubre.
Sin embargo, el jueves 17 de agosto los órganos de información sacudieron a la opinión pública con la noticia de que "Torrijos llama a pacto para el desarrollo" (Panamá América, primera plana). Concretamente en su discurso de convocatoria, dirigido a los partidos políticos, trabajadores, empresarios, y miembros de la sociedad civil, Torrijos expresó, "con independencia al referéndum", que para darle continuidad a las políticas que nos permitan salir del atraso, consideraba "oportuno convocar a la tarea de construir, entre todos, un amplio acuerdo de concertación nacional para actualizar los objetivos y metas nacionales del desarrollo, incorporando ahora los recursos provenientes del Canal de Panamá".
Para ello, dijo haber solicitado al Sistema de las Naciones Unidas y al PNUD, quienes han aceptado contribuir para servir como organizadores y facilitadores de este proceso de concertación.
Ignoro hasta dónde intervino la pericia de la Cancillería en este asunto, ya que al manifestar el Señor Presidente que para producir un clima de seriedad y confianza entre todos le solicitó al Sistema de las Naciones Unidas y al PNUD y han aceptado.. servir como organizadores y facilitadores de este proceso de concertación.
El PNUD, como su sigla lo indica, es un Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. No tiene la jerarquía que le atribuye el Ejecutivo panameño. Sirvió como facilitador de la Visión Nacional 20-20 que la representante residente del PNUD al presentar el documento final, en mayo de 1998, declaró que "dicho documento debe ser visto como una guía en el desarrollo histótrico del país".
Es sobradamente conocido que el Sistema de las Naciones Unidas está conformado no sólo por sus órganos principales, Asamblea General, Consejo de Seguridad, Consejo Económico y Social, Secretaría General de la Organización, Corte Internacional de Justicia, Organismos Especializados y una multiplicidad de otros órganos principales, subsidiarios y conexos.
Tanto por lo preceptuado en la Carta de las Naciones Unidas como por lo establecido en la práctica internacional, es imposible concebir que el Sistema de las Naciones Unidas sea objeto de solicitudes y de su aceptación, sin que medie una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas o de los respectivos organismos internacionales dentro de los límites de su competencia, y que además autorice, como cuestión previa, las asignaciones presupuestarias correspondientes.
Después del mediodía del 31 de diciembre de 1999, hemos deseado vivir en un contexto histórico en el cual todas las cosas que ocurrieran después de ese suceso trascendental (la completa soberanía de Panamá y la completa integración de su territorio), le dieran a nuestro país un perfil de independencia, de total autodeterminación. Ningún orgullo infundado, ningún prejuicio insensato, ninguna pretensión desmedida hubo ni hay en esos deseos. La decisión del gobierno de solicitar los buenos oficios del Sistema de las Naciones Unidas y del PNUD, puede ser inocente o bien intencionada, pero cualquiera con un criterio lúcido y equilibrado, podría interpretar que esa decisión supone poner en manos de instancias externas la misión de convencernos a nosotros mismos de que nos conviene ponernos de acuerdo para un plan de desarrollo nacional. Es como si invitáramos a otra persona para que nos ayude a mirarnos a nosotros mismos ante un espejo.
En los últimos 36 años se han formulado, publicado y publicitado 8 Estrategias, Programas, Visiones o Planes de Desarrollo Oficiales. Ello sin contar una docena de Planes y Programas de Desarrollo No-Oficiales.
El fracaso de tales Planes, Programas, Visiones, Proyectos, Estrategias, Encuentros y Similares está a la vista: los niveles de pobreza aumentan, la exclusión aumenta, las desigualdades aumentan.
El tema es demasiado serio, demasiado grave, demasiado trascendente para las presente y futuras generaciones de panameños como para que estemos improvisando, invitando a que extranjeros nos "organicen" y nos sirvan de "facilitadores", al tiempo que lanzamos fuegos de artificio y de distracción en aquello que más le concierne a los mejores intereses de la nación panameña.
El Presidente Torrijos, en su discurso del 17 de julio, al sancionar la ley que aprobó la propuesta de la ACP de construcción del tercer juego de esclusas, le reiteró al pueblo panameño su compromiso de lograr nuevos consensos sobre el futuro de nuestro país. El Mandatario fue más explícito en su discurso de convocatoria a una concertación nacional para el desarrollo, reafirmando la necesidad de nuevos consensos que se empeñaba en lograr sobre el futuro de nuestro país. Así mismo afirmó categóricamente que está desarrollando un conjunto de iniciativas y acciones para producir un clima de seriedad y confianza.
Para que el plan de acción adoptado por el Presidente Torrijos no se tome por sectores descreídos como una cortina de humo y para que como el Mandatario lo ha definido con tanta claridad, no dudemos de su buena fe para que se haga realidad en armonía con sus propias palabras, su propuesta de "propiciar y lograr nuevos consensos" que el señor Presidente define como "consensos nacionales que vayan más allá de la propuesta de ampliación del Canal". Ello sólo será posible mediante la superación de la crisis de credibilidad que afecta el sector público adoptando la medida heroica de suspender indefinidamente el referéndum a través del Órgano Legislativo y del Tribunal Electoral para lo cual es imprescindible que como medida inaplazable parte integrante del consenso y para promover mayor cohesión y unidad, se establezca que se traspasen de manera efectiva al Tesoro Nacional los excedentes económicos que retiene la Autoridad del Canal de modo injurídico, ilegal e inconstitucional.

101 años de Panamá América

 
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