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Hacia un país de mudos


Uno de los aspectos más llamativos de la obra de gobierno de los últimos seis meses es, sin duda, la ausencia absoluta de medidas rectificadoras del estado de la educación, como si no importara que una gran proporción de los los niños salga de la primaria sin haber aprendido ni a hablar ni a escribir bien y que los jóvenes se gradúen de secundaria después sin haber adquirido siquiera los conocimientos más esenciales de la gramática de la lengua española ni de las formas de construcción lógica en la expresión.
El deterioro de la capacidad de expresión racional es, sin duda, un fenómeno que se observa actualmente en la mayoría de los países del mundo, incluso los más avanzados. En Estados Unidos las estadísticas revelan que hay más del 40% de los adultos que son considerados analfabetos funcionales, en España el 75% de los fracasos en bachillerato se ha atribuido a desconocimiento de la lengua española y actualmente se han puesto de moda traducciones literales de expresiones inglesas que quedan con un significado distinto del que tiene la expresión española que sustituyeron. En Francia las organizaciones de maestros y escritores han denunciado treinta años de reformas destinadas a evitar que los niños franceses aprendan francés, y tanto en México como en Cuba está desapareciendo el uso del subjuntivo que es una de las ventajas de la lengua española en cuanto a precisión, además se están generalizando expresiones afirmativas que, en el habla común, se entienden como negativas.
Hay países que pueden seguir viviendo y mantener sociedades aceptablemente ordenadas porque cuentan con un substrato cultural que no puede borrarse de la noche a la mañana y porque tienen escuelas de élite donde se forman los cuadros dirigentes del futuro, tanto para los gobiernos como para la empresa privada.
Pero en Panamá no hay tal cosa. Encima de la larga herencia de ignorancia que acompaña a los países del tercer mundo, en los últimos treinta años, el empeoramiento de la calidad de la educación por una parte, y el predominio de la televisión y las computadoras por otra parte, van despojando a niños y jóvenes de toda posibilidad de aprender a hablar y a escribir bien, de aprender a entender lo que leen y lo que oyen, y de aprender a expresarse de modo que se les entienda.
El problema ya llegó a los extremos más peligrosos para toda sociedad puesto que ha invadido la legislación misma. El viejo principio jurídico de que la ignorancia de la ley no es excusa pronto dejará de ser aplicable a nuestro país si siguen aprobando leyes llenas de errores gramaticales y expresiones incomprensibles, de modo que los que mandan sean los que decidan los significados como les dé la gana y los apliquen arbitrariamente a quienes quieran ayudar o perjudicar.

101 años de Panamá América

 
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