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Hacia un proyecto llamado Panamá


El domingo 2 de mayo de 2004, los ciudadanos panameños tendremos la responsabilidad de elegir a nuestros gobernantes, quienes tendrán el deber de dirigir los destinos de Panamá durante el quinquenio 2004-2009. En pos de prepararnos para tan importante acontecimiento en la vida política de Panamá, debemos tener claras las verdaderas prioridades y necesidades de nuestra nación, a fin de que seamos exigentes y minuciosos a la hora de evaluar las propuestas de los candidatos o candidatas que intenten optar por nuestro voto, en especial, los aspirantes que compitan por el solio presidencial.
La experiencia vivida en los últimos años, con los gobiernos "democráticos" del Lic. Guillermo Endara, del Dr. Ernesto Pérez-Balladares y, en especial, durante la actual administración de la señora Mireya Moscoso; deja en evidencia la necesidad que tiene nuestra angustiada nación de una propuesta que en realidad le ponga fin a los vicios que hoy repletan y agobian a una sociedad que no soporta más. Todos somos conscientes que las máximas prioridades de la República no han sido atendidas por ninguno de los ya nombrados presidentes y no debemos permitir que en la oportunidad que se aproxima las cosas continúen siendo iguales.
En el momento preciso, las nóminas que aspiren al solio presidencial, presentarán a la nación sus propuestas, contenidas en voluminosos documentos que llamarán "Plan de Gobierno", o bien, con algún otro apelativo que, al final de cuentas, guardará el mismo significado. Estos instrumentos tratarán, más que todo, de convencer al ciudadano de depositar su voto a favor de determinado candidato o candidata, mismo que no dudará en ahondar, dentro de su plan de trabajo, los más prioritarios problemas sociales, ofreciendo soluciones fascinantes, aunque al final termine por hacer lo contrario, tal y como ya lo hemos visto y vivido.
Ante esta realidad, es imprescindible que tengamos la mente abierta y que estemos claros en las verdaderas prioridades del país, a fin de que sepamos que exigir de los candidatos que, con promesas en dorados años venideros y supuestos compromisos que terminan sólo en el papel; buscarán con afán nuestro apoyo en las urnas.
El momento decisivo pareciese lejano, pero no es así; al momento de escribir estas líneas nos encontramos a 15 meses del torneo electoral, por lo tanto, es prudente que desde ahora pensemos y analizamos con profundidad; establezcamos las reales necesidades de la nación, si es que en verdad deseamos construir un país pujante y verdaderamente incluyente.
Debemos prestar atención a la actualidad nacional y hacer eco de las carencias vitales que restringen el crecimiento de nuestro país, en todos los sentidos. Requerimos de una propuesta de Estado y no de gobierno, una estrategia que incluya un claro, sustancial, viable, aplicable y participativo plan, que permita la redacción y aprobación de una nueva Constitución Política; además, un efectivo compromiso de lucha contra la corrupción, en todas sus formas y amplitudes, lo que incluye rechazo inmediato, desde el momento de resultar electo, hacia la politiquería, el nepotismo, el amiguismo y demás formas contrarias a la democracia que han demostrado menoscabar la dignidad nacional.
Por último, un "Plan Socioeconómico de Desarrollo Integral y Antipobreza" que demuestre con propuestas claras y viables, cómo se enfrentará la terrible desigualdad que agobia nuestra sociedad.
Amigos/as, el candidato que sea capaz de presentar este tipo de propuestas, será aquel que deberá contar con nuestro voto de confianza; no obstante, hasta ahora, ninguno de los que han anunciado su aspiración presidencial, ha demostrado ser capaz de cumplir con este primordial precedente.
Así, he hecho entrega, sin reparo, de mis aportes; mismos que buscan encaminar y guiar nuestras convicciones, no hacia el precepto de una simple elección política, que es como muchos ven los comicios electorales, sino hacia el objetivo de abrir sendas que nos permitan tomar la mejor de las decisiones, actuando con responsabilidad, decencia, cordura y honestidad; y no bajo el paraguas de populismos y tradicionalismos baratos que, al final, contribuyen al empeoramiento de nuestra realidad.
Como ciudadano decente exijo propuestas claras y viables, no más balbuceos y palabrerías inertes sobre arnulfismo o torrijismo; esas ideologías nunca han existido ni existirán.
(augusto2312@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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