Hacia una ética sexual integralmente humana
El profesor Roberto Hernández publicó la segunda edición de su libro Cuatro Ensayos de Bioética, Aborto, Eutanasia, Reproducción Asistida, Clonación Humana. El hecho es una demostración de su sentido de actualidad, pues ha escogido temas que interesan vitalmente a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y los explora de manera entendible para el lector lego en filosofía. Se trata de estudios de filosofía serios y retadores que nos invitan a tomar posiciones razonadas . Por lo demás, en una demostración ejemplar de madurez intelectual, el profesor Hernández me ha invitado, en tres de los casos, a presentar puntos de vista contrastantes con los suyos.
Su nueva exploración "¿Existe una Ética Sexual?", aparecerá en su nuevo libro, intitulado Ensayos sobre el pensamiento filosófico contemporáneo, que será presentado el 10 de septiembre a las 7:00 p.m. en el Salón de Profesores de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá. Me ha vuelto a invitar para que emita mi opinión, lo cual intentaré en el corto espacio de este artículo.
Hernández comienza por criticar la posición conservadora, de acuerdo con la cual el sexo siempre debe tener un fin procreativo y sólo es legítimo dentro del matrimonio, aunque afirma que algunos conservadores también lo justifican como una expresión de amor no simplemente de placer carnal. Dentro de esta posición Sto.Tomás de Aquino, al recurrir a la doctrina de la ley natural, usaría según Hernández un criterio puramente biológico para determinar el fin natural de la sexualidad humana. Y la Iglesia en la encíclica Humanae Vitae reconocería junto a la función procreativa del sexo una unitiva que permite expresar libre e incondicionalmente el amor mutuo. Por otra parte, el también conservador Emanuel Kant considera que el sexo extramarital y noprocreativo es inmoral, porque en el mismo la persona es tratada como un mero instrumento y no como un fin en si misma, lo cual sólo se logra mediante la institución del matrimonio.
A Sto. Tomás, Hernández se opone porque considera que proveer placer es un fin tan natural como la procreación y porque el ser humano siente naturalmente los deseos sexuales, incluso, en las circunstancias donde la procreación es imposible. Y a Kant se opone porque no considera que el sexo por sí sólo sea egoísta y explotador, sino capaz de incluir el mutuo respeto, aún si no es dentro de matrimonio. Además, piensa que los conservadores que defienden el sexo con amor desconocen que el sexo como tal es neutral y puede darse con un signo valorativo positivo o negativo. Adicionalmente, desconocen que el sexo como tal no tiene por qué ser egoísta ni manipulador y que puede darse con generosidad y buena voluntad aún en el caso del sexo extramarital .
Hernández adopta, por lo contrario, una concepción liberal del sexo, de acuerdo con la cual el principio de respeto a las personas requiere únicamente que las relaciones sexuales sean voluntarias e informadas, sin exigir que sean matrimoniales o procreativas, pero evitando el engaño o la decepción en las mismas. Puede tener el sexo una multiplicidad de funciones: la procreativa, la social y la expresiva de sentimientos. "El liberal, afirma, no se opone a que usemos nuestra sexualidad para realizar esas funciones. Pero también es cierto que para el liberal nuestra sexualidad tiene otras funciones como la de proveer placer, y si la realización de esas funciones no perjudica a otros, ya sea causándoles daño físico o psicológico, o atentando de alguna manera contra su dignidad como seres humanos, entonces no se justifica condenarlas moralmente.
Hernández considera moralmente posible cualquier acto sexual con cualquiera contraparte en cualquiera circunstancia de la vida, siempre que sea entre quienes actúan voluntaria e informadamente y no se hacen daño mutuamente o a terceros. Frente a su posición destacaría lo siguiente: 1. El ser humano tiene una naturaleza dada con funciones físiológicas, pasicológicas y espirituales específicas, donde las primeras son las más básicas y las últimas las más altas. 2. La tarea del ser humano es explayar lo esencial de todas sus funciones, pero de tal manera que se integren en una trama que le dé unidad y sentido a su vida. 3. Por ello, considerada la globalidad de una vida humana y no cada acto sexual aisladamente, se espera normalmente que su ser de pareja esté abierto a la posibilidad de la gestación de nueva vida y adquiera el compromiso de estabilidad que permita asumir la formación y la educación moral e intelectual de los nuevos vivientes humanos. 4. En el desarrollo de esta vocación humana sólo una sexualidad integralmente humana, es decir que se mantiene abierta a todas sus dimensiones, es conducente a la bienaventuranza.
Cabe añadir que la ética en la medida en que analiza y orienta no sólo estructuras esenciales del ser humano, sino su actuar concreto y, por lo tanto, su dinámica existencial, requiere ser una filosofía moral "adecuadamente tomada", como reclama el filósofo Jacques Maritain. Ello quiere decir que esta filosofía moral toma en consideración los hechos de la profundidad del mal y del heroísmo del bien que resultan del orden de la gracia y no solamente de la naturaleza. Difícilmente podremos entonces equiparar la visión ética estrictamente racional del filósofo incrédulo y la del filósofo creyente. La vida sexual para el primero se guía por una reflexión al servicio de un ideal natural de vida, mientras que para el segundo responde al mismo tiempo al modelo de la relación entre Cristo y su Iglesia (ver S. Pablo, Efesios, V, 21-33), al servicio en definitiva de un ideal sobrenatural de vida.
(ariyan@sinfo.net)
Están en la categoría de pobreza extrema las personas que no pueden mantener los consumos mínimos y se gastan todos sus ingresos en alimentos. El costo per cápita anual de este mínimo alimentario es de B/. 519.00.
222 No se justifica que sólo un 3% de los jóvenes que provienen de familias pobres tengan oportunidad de llegar a la educación superior, cuando a ésta se asigna una tercera parte del presupuesto de la educación pública.
Las cifras del informe de indicadores, elaborado por el Gabinete Social, señala que más de la mitad de la niñez panameña está confinada a crecer en medio de la pobreza y en entornos sociales precarios con problemas intrafamiliares y de abandono que los predispone a graves situaciones de riesgo social.
El informe revela que la heterogeneidad de la pobreza se manifiesta cuando se observa su distribución por áreas geográficas: el área urbana absorbe el 15.3% de los pobres y el área rural el 64.9%.
Mientras que el área indígena concentra el 95.4% de los pobres, de los cuales, el 86.4% son pobres extremos; los pobres rurales en las áreas de difícil acceso equivalen al 94.6%, siendo el 74.8% de éstos, pobres extremos. En el sector indígena unas 197,000 personas viven en esta situación, lo que equivale a un 19% del total de la pobreza en el país.
Según el estudio, algunas de las causas de la pobreza, que coinciden con las de otros países latinoamericanos, son el modelo económico y social panameño, que gira alrededor de actividades sofisticadas de prestación de servicios internacionales, las cuales no han logrado integrarse de manera adecuada con las actividades que ocupan a la mayoría de la población.
Su nueva exploración "¿Existe una Ética Sexual?", aparecerá en su nuevo libro, intitulado Ensayos sobre el pensamiento filosófico contemporáneo, que será presentado el 10 de septiembre a las 7:00 p.m. en el Salón de Profesores de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá. Me ha vuelto a invitar para que emita mi opinión, lo cual intentaré en el corto espacio de este artículo.
Hernández comienza por criticar la posición conservadora, de acuerdo con la cual el sexo siempre debe tener un fin procreativo y sólo es legítimo dentro del matrimonio, aunque afirma que algunos conservadores también lo justifican como una expresión de amor no simplemente de placer carnal. Dentro de esta posición Sto.Tomás de Aquino, al recurrir a la doctrina de la ley natural, usaría según Hernández un criterio puramente biológico para determinar el fin natural de la sexualidad humana. Y la Iglesia en la encíclica Humanae Vitae reconocería junto a la función procreativa del sexo una unitiva que permite expresar libre e incondicionalmente el amor mutuo. Por otra parte, el también conservador Emanuel Kant considera que el sexo extramarital y noprocreativo es inmoral, porque en el mismo la persona es tratada como un mero instrumento y no como un fin en si misma, lo cual sólo se logra mediante la institución del matrimonio.
A Sto. Tomás, Hernández se opone porque considera que proveer placer es un fin tan natural como la procreación y porque el ser humano siente naturalmente los deseos sexuales, incluso, en las circunstancias donde la procreación es imposible. Y a Kant se opone porque no considera que el sexo por sí sólo sea egoísta y explotador, sino capaz de incluir el mutuo respeto, aún si no es dentro de matrimonio. Además, piensa que los conservadores que defienden el sexo con amor desconocen que el sexo como tal es neutral y puede darse con un signo valorativo positivo o negativo. Adicionalmente, desconocen que el sexo como tal no tiene por qué ser egoísta ni manipulador y que puede darse con generosidad y buena voluntad aún en el caso del sexo extramarital .
Hernández adopta, por lo contrario, una concepción liberal del sexo, de acuerdo con la cual el principio de respeto a las personas requiere únicamente que las relaciones sexuales sean voluntarias e informadas, sin exigir que sean matrimoniales o procreativas, pero evitando el engaño o la decepción en las mismas. Puede tener el sexo una multiplicidad de funciones: la procreativa, la social y la expresiva de sentimientos. "El liberal, afirma, no se opone a que usemos nuestra sexualidad para realizar esas funciones. Pero también es cierto que para el liberal nuestra sexualidad tiene otras funciones como la de proveer placer, y si la realización de esas funciones no perjudica a otros, ya sea causándoles daño físico o psicológico, o atentando de alguna manera contra su dignidad como seres humanos, entonces no se justifica condenarlas moralmente.
Hernández considera moralmente posible cualquier acto sexual con cualquiera contraparte en cualquiera circunstancia de la vida, siempre que sea entre quienes actúan voluntaria e informadamente y no se hacen daño mutuamente o a terceros. Frente a su posición destacaría lo siguiente: 1. El ser humano tiene una naturaleza dada con funciones físiológicas, pasicológicas y espirituales específicas, donde las primeras son las más básicas y las últimas las más altas. 2. La tarea del ser humano es explayar lo esencial de todas sus funciones, pero de tal manera que se integren en una trama que le dé unidad y sentido a su vida. 3. Por ello, considerada la globalidad de una vida humana y no cada acto sexual aisladamente, se espera normalmente que su ser de pareja esté abierto a la posibilidad de la gestación de nueva vida y adquiera el compromiso de estabilidad que permita asumir la formación y la educación moral e intelectual de los nuevos vivientes humanos. 4. En el desarrollo de esta vocación humana sólo una sexualidad integralmente humana, es decir que se mantiene abierta a todas sus dimensiones, es conducente a la bienaventuranza.
Cabe añadir que la ética en la medida en que analiza y orienta no sólo estructuras esenciales del ser humano, sino su actuar concreto y, por lo tanto, su dinámica existencial, requiere ser una filosofía moral "adecuadamente tomada", como reclama el filósofo Jacques Maritain. Ello quiere decir que esta filosofía moral toma en consideración los hechos de la profundidad del mal y del heroísmo del bien que resultan del orden de la gracia y no solamente de la naturaleza. Difícilmente podremos entonces equiparar la visión ética estrictamente racional del filósofo incrédulo y la del filósofo creyente. La vida sexual para el primero se guía por una reflexión al servicio de un ideal natural de vida, mientras que para el segundo responde al mismo tiempo al modelo de la relación entre Cristo y su Iglesia (ver S. Pablo, Efesios, V, 21-33), al servicio en definitiva de un ideal sobrenatural de vida.
(ariyan@sinfo.net)
Están en la categoría de pobreza extrema las personas que no pueden mantener los consumos mínimos y se gastan todos sus ingresos en alimentos. El costo per cápita anual de este mínimo alimentario es de B/. 519.00.
222 No se justifica que sólo un 3% de los jóvenes que provienen de familias pobres tengan oportunidad de llegar a la educación superior, cuando a ésta se asigna una tercera parte del presupuesto de la educación pública.
Las cifras del informe de indicadores, elaborado por el Gabinete Social, señala que más de la mitad de la niñez panameña está confinada a crecer en medio de la pobreza y en entornos sociales precarios con problemas intrafamiliares y de abandono que los predispone a graves situaciones de riesgo social.
El informe revela que la heterogeneidad de la pobreza se manifiesta cuando se observa su distribución por áreas geográficas: el área urbana absorbe el 15.3% de los pobres y el área rural el 64.9%.
Mientras que el área indígena concentra el 95.4% de los pobres, de los cuales, el 86.4% son pobres extremos; los pobres rurales en las áreas de difícil acceso equivalen al 94.6%, siendo el 74.8% de éstos, pobres extremos. En el sector indígena unas 197,000 personas viven en esta situación, lo que equivale a un 19% del total de la pobreza en el país.
Según el estudio, algunas de las causas de la pobreza, que coinciden con las de otros países latinoamericanos, son el modelo económico y social panameño, que gira alrededor de actividades sofisticadas de prestación de servicios internacionales, las cuales no han logrado integrarse de manera adecuada con las actividades que ocupan a la mayoría de la población.