Hacia una filosofía
Dentro de los personajes de la historia merecen nuestro respeto personas como Juan Calvino, Adam Smith,- economista-, Da Vinci y, el Rey Salomón del libro de Eclesiastés en la Biblia.
Juan Calvino fue uno de los artífices de la reforma protestante, en Francia, (1509-1564). Abogaba por una llamada "ética protestante". El decía, que "el hombre debe ser responsable. Debe depender de sí mismo, trabajar duro, ser un buen ciudadano y vecino. El trabajo es la virtud, la gran virtud. Dios bendice a los que trabajan y asegura que prosperarán.
Más tarde el padre de la economía, Adam Smith, (1723-1790), un escocés que sazonaba su economía con contenido ético y perspicacia social, postuló la teoría de la división social del trabajo y recalcó que el valor surge del trabajo empleado en el proceso de producción. Planteaba que el hombre que no practicaba las virtudes naturales, como la honradez, la veracidad, sinceridad, el pago de las deudas, trabajo arduo y fiel cumplimiento de la ley, no podría avanzar y progresar. Smith postulaba que estas virtudes eran condiciones esenciales para el desarrollo.
Muchas naciones de Europa y los primeros americanos que viajaron desde Inglaterra a colonizar las praderas del hoy, territorio de los Estados Unidos, conservaron y practicaron la lógica Calvinista con el contenido ético y social de Adam Smith.
Este pensamiento no llegó a Latinoamérica. Llegó el pensamiento de clérigos españoles, según el cual la conformidad y el sometimiento eran el único recurso para nuestros desheredados indios, mulatos, sambos y mestizos (español - indio) de nuestra raza americana.
Hoy día la cuestión es otra; los problemas son más terroríficos: nos ataca la droga, las guerrillas están latentes, tenemos peligro evidente de guerra. Los augurios o predicciones de los videntes como Nostradamus nos revelan un futuro nada halagüeño. Mientras tanto, la Santa Biblia asegura que de estos vaticinios desconcertantes, ni los ángeles del cielo, ni aún el mismo Jesús, el Cristo, saben cuándo han de ocurrir todos estos acontecimientos apocalípticos.
En lo personal no tengo ningún temor de tales predicciones. Sé, que cualquiera sea el futuro que le depare al país y al resto del mundo, seremos nosotros los actores principales de estos hechos. Por tanto me refugio dentro de las máximas de algunos de nuestros más encumbrados pensadores. Leonardo Da Vinci (1452-1519) - una de las mentes más completas - en Italia, decía que el único genio que él conocía era el trabajo. Da Vinci atribuía todos sus éxitos al trabajo. Mucho antes, al Rey Salomón hijo predilecto de Dios, lleno de sabiduría y de riquezas, razonaba en el libro de la Biblia, Eclesiastés, de la siguiente manera: no hay nada mejor para el hombre que comer, beber o disfrutar el producto de su trabajo; todo el resto no es más que vanidad y aflicción de espíritu.
Razonando sobre el futuro de la sociedad panameña, creo que no le queda más que embarcarse en un proyecto político, en el cual el trabajo será la principal carta de triunfo. En nuestro país la mejor alegoría o imagen sobre el valor del trabajo nos la ofrecen los trabajadores del sub-sector construcción. Ellos de manera pausada y meticulosa construyen las excelentes estructuras que tenemos en el país. Como ejemplo podemos citar al edificio la Plaza Edison, en la antigua Loma de la Pava, frente a la Locería o el Estadio Nacional. Todos ejemplos de un trabajo organizado y consciente de parte de la mano de obra panameña. Esto ocurre porque el hombre "crea". Es capaz de crear por sus propias manos. Por ello antes que pensar o perder el tiempo en vanidades ilusorias o programas inútiles hay que aseverar de manera muy categórica: el trabajo es el progreso del hombre, sea adinerado, ruin o plebeyo; de aquí a la eternidad.
Juan Calvino fue uno de los artífices de la reforma protestante, en Francia, (1509-1564). Abogaba por una llamada "ética protestante". El decía, que "el hombre debe ser responsable. Debe depender de sí mismo, trabajar duro, ser un buen ciudadano y vecino. El trabajo es la virtud, la gran virtud. Dios bendice a los que trabajan y asegura que prosperarán.
Más tarde el padre de la economía, Adam Smith, (1723-1790), un escocés que sazonaba su economía con contenido ético y perspicacia social, postuló la teoría de la división social del trabajo y recalcó que el valor surge del trabajo empleado en el proceso de producción. Planteaba que el hombre que no practicaba las virtudes naturales, como la honradez, la veracidad, sinceridad, el pago de las deudas, trabajo arduo y fiel cumplimiento de la ley, no podría avanzar y progresar. Smith postulaba que estas virtudes eran condiciones esenciales para el desarrollo.
Muchas naciones de Europa y los primeros americanos que viajaron desde Inglaterra a colonizar las praderas del hoy, territorio de los Estados Unidos, conservaron y practicaron la lógica Calvinista con el contenido ético y social de Adam Smith.
Este pensamiento no llegó a Latinoamérica. Llegó el pensamiento de clérigos españoles, según el cual la conformidad y el sometimiento eran el único recurso para nuestros desheredados indios, mulatos, sambos y mestizos (español - indio) de nuestra raza americana.
Hoy día la cuestión es otra; los problemas son más terroríficos: nos ataca la droga, las guerrillas están latentes, tenemos peligro evidente de guerra. Los augurios o predicciones de los videntes como Nostradamus nos revelan un futuro nada halagüeño. Mientras tanto, la Santa Biblia asegura que de estos vaticinios desconcertantes, ni los ángeles del cielo, ni aún el mismo Jesús, el Cristo, saben cuándo han de ocurrir todos estos acontecimientos apocalípticos.
En lo personal no tengo ningún temor de tales predicciones. Sé, que cualquiera sea el futuro que le depare al país y al resto del mundo, seremos nosotros los actores principales de estos hechos. Por tanto me refugio dentro de las máximas de algunos de nuestros más encumbrados pensadores. Leonardo Da Vinci (1452-1519) - una de las mentes más completas - en Italia, decía que el único genio que él conocía era el trabajo. Da Vinci atribuía todos sus éxitos al trabajo. Mucho antes, al Rey Salomón hijo predilecto de Dios, lleno de sabiduría y de riquezas, razonaba en el libro de la Biblia, Eclesiastés, de la siguiente manera: no hay nada mejor para el hombre que comer, beber o disfrutar el producto de su trabajo; todo el resto no es más que vanidad y aflicción de espíritu.
Razonando sobre el futuro de la sociedad panameña, creo que no le queda más que embarcarse en un proyecto político, en el cual el trabajo será la principal carta de triunfo. En nuestro país la mejor alegoría o imagen sobre el valor del trabajo nos la ofrecen los trabajadores del sub-sector construcción. Ellos de manera pausada y meticulosa construyen las excelentes estructuras que tenemos en el país. Como ejemplo podemos citar al edificio la Plaza Edison, en la antigua Loma de la Pava, frente a la Locería o el Estadio Nacional. Todos ejemplos de un trabajo organizado y consciente de parte de la mano de obra panameña. Esto ocurre porque el hombre "crea". Es capaz de crear por sus propias manos. Por ello antes que pensar o perder el tiempo en vanidades ilusorias o programas inútiles hay que aseverar de manera muy categórica: el trabajo es el progreso del hombre, sea adinerado, ruin o plebeyo; de aquí a la eternidad.