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Hacia una sociedad de pepenedores (as)


En la primera plana de El Panamá América del pasado l6 de julio, aparece la foto de "Marcia Pimentel, de 7 años, parte de un grupo de niños que ha tenido que trabajar y abandonar sus estudios por problemas económicos. Su niñez, como relata la periodista Yodalis Betancourt, que se consume en el vertedero de basura de La Chorrera, es un desafío a la lluvia, al inclemente sol, a los olores nauseabundos y los gallinazos con los que se disputa la basura ". Y también diría Yodalis, que es un desafío a la malversación de los fondos del erario público (caso de La Chorrera y muchos más) a la falta de voluntad política, a las casi inexistentes o inaplicables políticas públicas; a las cumbres, agendas, nacionales e internacionales en las que tantos delegados (as) han suscrito y suscriben infinidad de convenios (malgastando viáticos millonarios) para después ratificarlos en sesiones ordinarias o extraordinarias de nuestro flamante Organo Legislativo, más interesado en mantenerse a resguardo de cualquier seria investigación sobre las acusaciones de extorsión que aún les pende cual espada de Damocles y que nos prohibimos desterrar de la memoria colectiva de este pueblo. Porque eso, al igual que los desperdicios con los que Marcia se disputa la supervivencia con los zopilotes, también forma parte de la basura en que no sólo los niños (as) pobres se ven confinados a vivir, sino todos (as) los que sentimos que nuestra misión por este mundo, pasa por el deber ineludible de no hacernos cómplices, por coerción o por omisión de los fraudes y deshonestidades que se le ocasionan en un momento dado a niñas (os), mujeres, hombres, ancianas (os), entre otros.
Desde luego que no desestimamos la denuncia efectuada por Betancourt sobre Marcia Pimentel, y de muchas otras Marcia, tal como lo demostró una investigación realizada por el Instituto de la Mujer de la Universidad de Panamá, que en conjunto con UNICEF en el año 2000 diagnosticaron la situación escolar y de trabajo de las niñas y adolescentes (de 10 a 17 años) en el marco del proyecto Educación y Trabajo de la Niña, inscrito en el programa de cooperación con el gobierno panameño y auspiciado por el Gobierno de Noruega. En esa tesitura, quienes conocimos del informe nos planteamos algunas expectativas, entre las cuales además de la intervención oportuna del Estado, estuviese la protección física, emocional y sicológica de los más indefensos. Nada de eso. No sólo crece cada día el número de niñas (os) pepenedores, luchadores por su sobrevivencia sino que además, los infantes mueren de inanición y aún continúan perpetrándose casos de prostitución infantil en donde los nombres de consabidas proxenetas circulan casi con carácter emblemático.
Y es que la gráfica de Marcia Pimentel, aunque patética, no es más que un icono de todos (as) los pepenedores (as) de la sociedad panameña; Marcia, al igual que nuestra nación, muestra los niveles de degradación al que se llega para subsistir en un país profundamente dañado en sus valores, identidad y autoestima, tal como ella. Pero contrario a ella que es la víctima indefensa de un largo proceso, lo revela en los delitos de cuello blanco, amén de los múltiples juega vivo del patio, incluidos los que cobran una coima por tramitarte un documento, hasta aquellos que lo hacen para favorecerte en un juicio, conseguirte un empleo o los que te presionan o te intimidan para silenciar la voz de tu conciencia, porque olvidan que los gritos del silencio pueden ser tan desgarradores como los de la denuncia a pulmón abierto. Por algo "lo que se hace en público no se le debe al silencio"
Creemos sin temor a equivocarnos, que no suele transcurrir un día del acontecer nacional, en el cual los diarios no reflejen casos de corrupción y-o malos manejos administrativo "Hubo maletines en ratificación de magistrados, reitera Herrera" (El Panamá América, jueves 18 de julio2002) ¿Y qué decir del fallo del magistrado suplente Jacinto Cárdenas relacionado con el proceso del tristemente célebre legislador Afú, (aunque miembro protagónico de la inauguración del hospital de los Santos)? ¿El antihéroe resultó un héroe? ¿Los antivalores se convirtieron en valores? ¿Cuándo? ¿Desde cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿En qué pantano de miasma nos adentramos ? ¿Con qué zopilotes competimos? ¿En qué recodo de nuestra historia quedó atrapada nuestra conciencia ciudadana, nuestros valores cívicos?
Alberto Conte Porras en un artículo de opinión de este diario se lamentaba de que "Aún nos falta orgullo nacional" (El Panamá América, 8 de junio 2002) Estamos de acuerdo, pero aún más que eso, en breve quedará poco de qué enorgullecernos si no rescatamos lo que queda de este país, ello sin olvidar que para tener orgullo se precisa en primer lugar identidad y autoestima, algo que solemos confundir con arrogancia. Algo de lo que la mayoría de nuestros(as) conciudadanos (as) están adoleciendo, en este proceso de desnaturalización y degradación que estamos viviendo. Si no hacemos un alto y cambios trascendentales nos vamos a convertir en una sociedad de cucarachas, con pocas células cerebrales, rastreadoras de basura, pero con gran poder de adaptación para sobrevivir. Entonces sí sería legítimo afirmar: Vivimos como pensamos.

101 años de Panamá América

 
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