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Haga feliz a un niño


El periodista, consciente de su misión en este mundo convulsionado por el odio, la violencia, la guerra y por cruel materialismo, tiene el deber moral de resaltar las virtudes, el aspecto espiritual, noble y bondadoso de los hombres, pueblos y gobiernos; despojando el comunicador social de egoísmos y mezquindades, ajustado a la verdad por la cual el Hijo de Dios ofrendó su preciosa sangre por la redención de la humanidad.
Es para nosotros muy grato resaltar la silenciosa y abnegada labor, pletórica de sensibilidad social y amor, que realizan el Estado Panameño, numerosas y diversas instituciones gubernamentales, las asociaciones, órdenes religiosas, cooperativas, clubes, empresarios y trabajadores, que durante todo el año, no sólo en Navidad, les proporcionan una ayuda efectiva, noble y tesonera, a los cientos de hogares u orfelinatos y casas de ancianos, tanto estatales como religiosos y privados, donde miles de niños huérfanos o abandonados, igual venerables viejitos, son atendidos con gran dedicación y cariño por cientos de bondadosos ciudadanos como religiosos, trabajadores sociales y manuales, profesionales de la medicina y valiosos voluntarios de ambos sexos, de elevado espíritu de nobleza.
Nosotros tenemos la firma esperanza que todos los panameños, sin distingos de ninguna clase, los extranjeros de buena voluntad, quienes comparten con los istmeños el pan y la sal, gobernantes y gobernados, ricos y pobres, capitalistas y trabajadores, inspirados en las palabras del Divino Maestro: "Dejad que los niños vengan a mí, que de ellos es el Reino de los Cielos", dirijamos nuestras miradas a los orfelinatos u hogares, casas cunas, guarderías infantiles, hospitales, clínicas pediátricas y otorguemos a tantos niños istmeños más amor, bondad y atención, ya que todos ellos son hijos de Dios, la nueva savia que nutre a nuestro pueblo y esperanza de la Patria.
Nosotros nos acercamos al humilde pesebre de Belén, y nos ajustamos como fieles creyentes al mensaje divino: "Gloria a Dios en las alturas y Paz a los hombres de buena voluntad" y elevemos una sincera oración al Niño Dios de los panameños, a fin de que realice el portetoso milagro de que su doctrina de amor, de fraternidad y justicia social tenga vigencia plena y se consolide en todos los rincones del planeta Tierra, inclusive en Panamá, y ésta logre su soberanía total, esté libre del hambre, la miseria y la explotación, mejore su economía, obtenga su emancipación social y se acabe el control extranjero en nuestro territorio, y surja gloriosa y digna de las cenizas como el Ave Fénix, una Patria más panameña, cristiana, más libre y democrática para felicidad y bienestar de su hidalgo y noble pueblo, digno de ser dueño de su augusto destino.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América