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Haití


Enfocar la historia de Haití en sus orígenes es encontrarnos con una epopeya de libertad, coraje y solidaridad. Este declara su independencia en 1804 convirtiéndose en el primer país de América Latina que logra sacudirse el yugo colonial y en el primer lugar del mundo donde los esclavos obtienen su propia liberación. Hazaña esta sostenida con tanto heroísmo como para derrotar a las fuerzas del mismísimo Napoleón, comandadas en su momento por su cuñado el General Leclerc. Se trató, además, de un movimiento libertario que practicó un profundo sentido de solidaridad latinoamericana, tal como se muestra, por ejemplo, en el hecho de que en 1816 los haitianos no solo apoyaron, desoyendo las amenazas de España, la expedición militar de Bolívar, sino que realizaron una gran colecta pública de dinero para sostenerla.

Enfocar nuestra atención sobre el Haití reciente es descubrir cómo el saqueo inmisericorde de sus recursos y la reiterada intervención externa terminaron generando una situación infrahumana para este heroico pueblo del Caribe. Se trata del país con el más bajo ingreso per cápita del hemisferio occidental, que alcanza apenas 660 dólares anuales, con una población de 9.8 millones de habitantes, que en un 70% depende de la agricultura y de la que cerca de 5.6 millones está en condiciones de subnutrición. A esto se debe sumar un nivel de analfabetismo que alcanza al 48% de la población adulta, así como la presencia de una altísima tasa de mortalidad infantil, equivalente a 62.23 por mil nacidos vivos.

Enfocar el Haití de hoy no es solo reflexionar en torno a la inmensa catástrofe que hoy azota a este país, en el cual ni siquiera es posible contabilizar el número de las bajas humanas resultantes. También es el momento de reflexionar sobre el deber solidario que hoy tenemos frente a nuestros hermanos haitianos, tanto como deber humano como por reciprocidad. Los pueblos que honramos a Bolívar jamás debemos olvidar que éste alguna vez dijo que “gracias al pueblo de Haití mis compatriotas serán nuevamente libres”.

En lo personal esto debe llevar a que cada uno preste, dentro de sus posibilidades, ayuda material al hermano pueblo de Haití. Como país debemos abocarnos no solo a la ayuda solidaría inmediata, debemos comprometernos con una acción regional guiada a lograr no solo la reconstrucción de las ya precarias infraestructuras físicas de Haití, sino con un proyecto de largo alcance que facilite que este país, con pleno respeto a su autodeterminación, pueda finalmente encontrar las condiciones para su propio desarrollo. En el ámbito global es importante promover la inmediata condonación de la deuda pública externa de Haití, así como a entender que lo que este país no necesita es más endeudamiento, sino fondos no reembolsables para enfrentar la actual tragedia y su futuro desarrollo. Dado que el presupuesto de cerca del 50% de las familias haitianas depende de las remesas externas, los países más desarrollados están moralmente obligados a darles una protección especial a los inmigrantes provenientes de este país.

101 años de Panamá América

 
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