Haití no está solo
El desastre de Haití demuestra una vez más algo que nosotros, como seres humanos, hemos sabido siempre: que incluso entre la peor devastación siempre hay esperanza.
Lo pude palpar yo mismo el domingo 17 cuando estuve en Puerto Príncipe. La ONU sufrió su peor pérdida de la historia. Nuestra sede en la capital haitiana quedó reducida a un amasijo de cemento y acero retorcido. Cómo podría sobrevivir alguien, pensé. Pero instantes después de partir de allí, con el corazón encogido, los equipos de rescate sacaron un sobreviviente tras cinco días enterrado entre los escombros, sin agua ni comida. Creo que fue un pequeño milagro, una señal de esperanza.
Desastres como el de Haití nos recuerdan la fragilidad de la vida, pero también reafirman nuestra fortaleza. Hemos contemplado imágenes aterradoras por televisión. Lo he visto todo, y más cosas, mientras caminaba por la devastada ciudad. Pero también he visto algo más, una expresión destacable del alma humana, gente sufriendo los golpes más severos que seguían demostrando una extraordinaria resistencia.
Durante mi breve visita, me reuní con personas en la calle. Varios jóvenes que estaban cerca de las ruinas del palacio presidencial me dijeron que querían ayudar en la reconstrucción de Haití. Más allá de la crisis inmediata, esperan empleos, un futuro digno y un trabajo que ejercer.
Hemos visto cómo fluía la ayuda internacional, de manera proporcional a la magnitud del desastre. Cada nación y cada organización internacional se han movilizado para ayudar a Haití. Nuestra tarea es canalizar esa ayuda. Se requiere de una coordinación fuerte y efectiva, la comunidad internacional trabajando conjuntamente, con la ONU al frente.
La urgencia del momento predominará, como es lógico, sobre la planificación, pero no es demasiado pronto para pensar en el mañana.
En este sentido, la grave situación haitiana es un recordatorio de nuestras grandes responsabilidades. Hace una década, la comunidad internacional comenzó el nuevo siglo acordando que se actuaría para eliminar la extrema pobreza en el 2015. Se han dado importantes pasos hacia estos “Objetivos del Milenio”, pero ha habido pocos avances en otras áreas críticas. Estamos muy lejos de alcanzar nuestras promesas de que los pobres del mundo tengan un futuro mejor.
Mientras acudimos al auxilio inmediato de Haití, no perdamos la perspectiva global. Ese fue el mensaje que recibí, alto y claro, de la gente en las calles de Puerto Príncipe. Pedían trabajo, dignidad y un futuro mejor. Esa es la esperanza de todos los pobres del mundo, vivan donde vivan.