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Haití rechaza la tiranía


Se acaba de cerrar un capítulo en la historia de Haití y el pueblo haitiano se prepara para escribir uno nuevo. La renuncia del presidente Aristide marcó el final de un proceso que alguna vez tuvo radiantes esperanzas de liberar a ese país de la violencia y del despotismo del que ha estado plagado desde su independencia hace ya 200 años. Tristemente, esa esperanza se mantiene sin alcanzar. El desafío ante la comunidad internacional ahora es ayudar al pueblo de Haití a romper finalmente con el ciclo de desgobiernos que ha causado tanta miseria.
El enfoque de los Estados Unidos (EU) para consolidar la democracia en Haití es fomentar el respeto hacia los procesos constitucionales, la gobernabilidad y la cooperación con nuestros socios hemisféricos a través de la OEA y otros amigos de Haití. Desafortunadamente, nuestros esfuerzos en Haití durante el gobierno del señor Aristide fueron infructuosos. El Sr. Aristide simplemente no tuvo la voluntad ni la capacidad de construir un consenso político, de mantener una fuerza policial profesional y apolítica, contener la corrupción galopante y el tráfico de drogas de parte de sus cómplices. Tampoco promovió una atmósfera de seguridad donde sus oponentes políticos no temieran por sus vidas.
Era de esperarse entonces, que cuando la mayor de las hordas pro-Aristide le dio la espalda y se declarara en amplia rebelión durante el mes pasado, el gobierno no tuvo ningún mecanismo eficaz, ni legítimo con que responder. El derrumbamiento rápido de la autoridad a lo largo y ancho de Haití es testimonio fehaciente, no sólo del fortalecimiento de los bribones que buscaron derrotarle, sino de los propios fracasos de Aristide.
Esto facilitó el escenario, para que como último recurso se suplicara a la intervención militar internacional. Pero al fin de cuentas, ningún país, EU incluido, estaba dispuesto a enviar fuerzas para sostener el ya fallecido "status quo" en Haití. Para entonces, ya la mayoría en la comunidad internacional se había dado cuenta que Aristide había socavado irremediablemente la democracia y el desarrollo económico haitiano. Su decisión de dimitir dio inicio a un proceso constitucional que transfirió el poder al presidente del Tribunal Supremo. Ahora, un nuevo gobierno debe formarse bajo el mando de un primer ministro independiente.-
Ya algunos líderes de la región han expresado preocupación en cuanto a que lo sucedido a Aristide podría ocurrir en sus respectivos países. Conociendo lo que sé sobre los líderes responsables elegidos del Hemisferio, encuentro difícil hasta concebir tal eventualidad. Desconozco algún otro líder que, por más de una década, violara sistemáticamente los derechos de su pueblo, que fuese capaz de desafiar a la comunidad internacional, que tolere narcotraficantes y tal desbordamiento de la corrupción. Eso fue lo que hizo el señor Aristide y fue por eso que se encontró a sí mismo deslegitimizado y sin ningún apoyo.
Por parte de los Estados Unidos, continuaremos siendo firmes defensores de la democracia en Haití. Seguramente seguiremos siendo el mayor proveedor de ayuda económica de ese país (entre 1995 y 2003 EU brindó 850 millones de dólares en ayudas a Haití), y continuaremos avalando su deuda externa sobre la base de sus méritos técnicos.
El 1 de marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU emitió una resolución, a través de la cual solicitó apoyar la sucesión constitucional y el proceso político en Haití, así como la promoción de una solución duradera y pacífica a la crisis de este momento. Ahora, los Estados Unidos lidera una Fuerza Interina Multinacional (MIF, por sus siglas en inglés), que está autorizada por dicha resolución. Los objetivos de la FIM incluyen la estabilización de la situación de inseguridad y el abastecimiento de ayuda humanitaria de emergencia a los haitianos. Los principios del plan de acción de la Comunidad del Caribe (CARICOM) continúan dirigiendo los esfuerzos para formar un gobierno independiente que goce de una amplio apoyo popular, y continúan trabajando con el gobierno a fin de restaurar el estado de derecho, así como otras instituciones democráticas, mientras se alientan acciones para mejorar la difícil condición económica del pueblo haitiano.
Ha llegado el momento de poner a Haití primero. El presidente Bush ha hecho un llamado a "romper con el pasado" en Haití. Ciertamente, debe haber un rompimiento con el pasado si Haití va a moverse hacia delante. Esto vendrá sólo si se libera el increíble potencial del pueblo haitiano en esfuerzos productivos. En ninguna parte está escrito que el pueblo de Haití tenga que ser pobre o gobernado por los tiranos. Este pueblo se merece líderes dignos de su respeto y confianza, que favorezcan el bien común por encima de los intereses personales. El apoyo de los Estados Unidos y de la comunidad internacional puede ayudar - y dicha ayuda estará disponible - al pueblo haitiano en su esfuerzo de largo plazo de reconstruir su país. * Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado.

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