Hamas, la hora de los muertos
Cuando Ariel Sharon asumió el cargo de primer ministro israelí, publicamos el editorial "La hora de los muertos". Anticipamos entonces que todos lo avanzado en el proceso de paz entre árabes e israelíes se iría a la porra y que, en lo sucesivo, el lenguaje de las bombas y las balas sustituiría al diálogo.
Es innecesario hacer un recuento de lo ocurrido luego, empezando por la sangrienta "antifada" o levantamiento palestino hasta los ataques del 11 de septiembre, pasando por la guerra de Irak y el actual desafío nuclear de Irán. Todo está conectado. La paz en el Medio Oriente retrocedió siglos. Pero es más que eso.
La región ha sido desde siempre foco de tensiones y guerras ininterrumpidas, especialmente en los últimos 60 años, particularmente desde la creación de Israel. Y los esfuerzos por sentar a árabes e israelíes en torno a una mesa para acordar civilizadamente el respeto de su respectiva supervivencia y bienestar no han sido serios ni continuos. Cuando no hubo guerra y violencia, imperó una paz armada.
¿Quién ha sido el culpable? No importa. El resultado es el mismo, una situación de odio y violencia insostenible e intolerable. Pero si se quiere una respuesta cierta, todos son culpables, israelíes, palestinos, árabes y las potencias que en su momento respaldaron y respaldan ambos extremos para su propio interés.
Yasser Arafat, el legendario guerrillero y líder palestino, dejó las armas y murió enfermo, dedicando sus últimos años a la búsqueda de una paz negociada. No lo logró, en parte, por su propia intransigencia y por toparse con Ariel Sharon. Y aunque ambos fueron asesinos y terroristas, no pudieron entenderse.
Se pensó que la muerte de Arafat abriría espacio a nuevos actores que del lado palestino relevaran a su líder en la ruta hacia la reconducción del proceso de paz. Su partido Al Fatah era el llamado a hacerlo; pero la expectativa se frustró una vez más por culpa otra vez de Sharon y del extremismo terrorista palestino, uno de cuyos principales exponentes es el partido Hamas, además de Hezbolah.
Habiendo caído también enfermo e inutilizado Sharon, algunos pensaron que podría abrirse otra puerta a la esperanza. Otra falsa expectativa, pues Hamas acaba de ganar por 70% las elecciones en el disgregado territorio palestino. Israel y Occidente han quedado atónitos. Ninguno acepta el triunfo incuestionable de Hamas en las urnas y se niegan a aceptarlo como contraparte en una eventual negociación. Pero, nos preguntamos: ¿Con quién se negocia la paz sino con el enemigo?
Es innecesario hacer un recuento de lo ocurrido luego, empezando por la sangrienta "antifada" o levantamiento palestino hasta los ataques del 11 de septiembre, pasando por la guerra de Irak y el actual desafío nuclear de Irán. Todo está conectado. La paz en el Medio Oriente retrocedió siglos. Pero es más que eso.
La región ha sido desde siempre foco de tensiones y guerras ininterrumpidas, especialmente en los últimos 60 años, particularmente desde la creación de Israel. Y los esfuerzos por sentar a árabes e israelíes en torno a una mesa para acordar civilizadamente el respeto de su respectiva supervivencia y bienestar no han sido serios ni continuos. Cuando no hubo guerra y violencia, imperó una paz armada.
¿Quién ha sido el culpable? No importa. El resultado es el mismo, una situación de odio y violencia insostenible e intolerable. Pero si se quiere una respuesta cierta, todos son culpables, israelíes, palestinos, árabes y las potencias que en su momento respaldaron y respaldan ambos extremos para su propio interés.
Yasser Arafat, el legendario guerrillero y líder palestino, dejó las armas y murió enfermo, dedicando sus últimos años a la búsqueda de una paz negociada. No lo logró, en parte, por su propia intransigencia y por toparse con Ariel Sharon. Y aunque ambos fueron asesinos y terroristas, no pudieron entenderse.
Se pensó que la muerte de Arafat abriría espacio a nuevos actores que del lado palestino relevaran a su líder en la ruta hacia la reconducción del proceso de paz. Su partido Al Fatah era el llamado a hacerlo; pero la expectativa se frustró una vez más por culpa otra vez de Sharon y del extremismo terrorista palestino, uno de cuyos principales exponentes es el partido Hamas, además de Hezbolah.
Habiendo caído también enfermo e inutilizado Sharon, algunos pensaron que podría abrirse otra puerta a la esperanza. Otra falsa expectativa, pues Hamas acaba de ganar por 70% las elecciones en el disgregado territorio palestino. Israel y Occidente han quedado atónitos. Ninguno acepta el triunfo incuestionable de Hamas en las urnas y se niegan a aceptarlo como contraparte en una eventual negociación. Pero, nos preguntamos: ¿Con quién se negocia la paz sino con el enemigo?