"Hambre de afecto y amor"
"No sólo de pan vivirá el hombre", señaló un viejo axioma bíblico (véase Mateo 4:4) y, es que el hombre también necesita amor y ser amado. Ello es así, toda vez que si consideramos que el amor es un sentimiento universal, sin el cual no podría existir el mundo (Romanos 5:8).
Es axiomático e inimaginable suponer siquiera la existencia de una sociedad concebida carente y huérfana del más mínimo afecto y amor. Cuando uno se refiere a la palabra amor, todas las personas saben de una vez de qué se trata, porque todos en mayor o menor medida, de una forma u otra, lo hemos experimentado.
Todos, absolutamente todos, necesitamos recibir y dar amor, nutriente espiritual necesario para fortalecer el alma y, que quien más ama, quien más amor prodiga, mucho más fuerte es. Aquel quien ama a muchas más cosas, más fuerte es. Como diría Rómulo Emiliani, sería invencible.
De lo dicho se colige, por lo que es evidente que el ser humano en pleno tercer milenio, no puede seguir siendo más un analfabeta espiritual. Durante el proceso de humanización de los seres humanos, el factor amor y afecto fue fundamental y decisivo en la humanización del hombre. Sin duda, no podría haber un mundo sin este sentimiento hermoso que se llama amor.
Es fundamental, que dentro del seno de la familia, del hogar, del ámbito familiar se cultive el amor, a efecto de que el desarrollo psicológico de nuestros niños sea lo más adecuado posible. Eso quiere decir, en otras palabras, que si dentro del hogar desafortunadamente, no existe el amor y el afecto mal podríamos inculcarlos o darles a nuestros hijos, porque carecemos del mismo. Porque, lamentablemente, no se puede conceder o dar, lo que no se tiene, o ¿sí?.
El niño necesita dentro del hogar, como necesidad primaria, afecto. En efecto, el niño necesita sentirse querido, que la gente lo quiera. Es la familia la principal fuente de satisfacción de las múltiples necesidades del infante; para que pueda tener un desarrollo psicológico más próximo a lo normal posible. El niño necesita seguridad, aceptación. Todo ser humano necesita ser aceptado, pero mucho mayor es la necesidad que tienen los infantes a esta aceptación.
También los niños necesitan aprender, necesitan instrucción, es tanta la curiosidad por conocer y aprender lo nuevo que los obliga a preguntar infinidad de preguntas, tales como: ¿por qué? y ¿cómo? ¿para qué sirve? y ¿por qué?, etc. El niño necesita cuidados, porque muchas veces desconoce el peligro.
Al niño hay que protegerlo de él mismo, porque muchas veces pone en riesgo su salud y pone en riesgo su propia vida. El niño necesita un ambiente estable, armonioso y tranquilo. Necesita socialización y autonomía. Pero sobre todo, necesita muchísimo amor, para evitar que sea en el futuro un analfabeta espiritual y, pueda dar amor. Estamos seguros que dotado con este sentimiento hermoso que se llama amor, en todas sus formas, sería sin duda, invencible. O ¿ no?.
Es axiomático e inimaginable suponer siquiera la existencia de una sociedad concebida carente y huérfana del más mínimo afecto y amor. Cuando uno se refiere a la palabra amor, todas las personas saben de una vez de qué se trata, porque todos en mayor o menor medida, de una forma u otra, lo hemos experimentado.
Todos, absolutamente todos, necesitamos recibir y dar amor, nutriente espiritual necesario para fortalecer el alma y, que quien más ama, quien más amor prodiga, mucho más fuerte es. Aquel quien ama a muchas más cosas, más fuerte es. Como diría Rómulo Emiliani, sería invencible.
De lo dicho se colige, por lo que es evidente que el ser humano en pleno tercer milenio, no puede seguir siendo más un analfabeta espiritual. Durante el proceso de humanización de los seres humanos, el factor amor y afecto fue fundamental y decisivo en la humanización del hombre. Sin duda, no podría haber un mundo sin este sentimiento hermoso que se llama amor.
Es fundamental, que dentro del seno de la familia, del hogar, del ámbito familiar se cultive el amor, a efecto de que el desarrollo psicológico de nuestros niños sea lo más adecuado posible. Eso quiere decir, en otras palabras, que si dentro del hogar desafortunadamente, no existe el amor y el afecto mal podríamos inculcarlos o darles a nuestros hijos, porque carecemos del mismo. Porque, lamentablemente, no se puede conceder o dar, lo que no se tiene, o ¿sí?.
El niño necesita dentro del hogar, como necesidad primaria, afecto. En efecto, el niño necesita sentirse querido, que la gente lo quiera. Es la familia la principal fuente de satisfacción de las múltiples necesidades del infante; para que pueda tener un desarrollo psicológico más próximo a lo normal posible. El niño necesita seguridad, aceptación. Todo ser humano necesita ser aceptado, pero mucho mayor es la necesidad que tienen los infantes a esta aceptación.
También los niños necesitan aprender, necesitan instrucción, es tanta la curiosidad por conocer y aprender lo nuevo que los obliga a preguntar infinidad de preguntas, tales como: ¿por qué? y ¿cómo? ¿para qué sirve? y ¿por qué?, etc. El niño necesita cuidados, porque muchas veces desconoce el peligro.
Al niño hay que protegerlo de él mismo, porque muchas veces pone en riesgo su salud y pone en riesgo su propia vida. El niño necesita un ambiente estable, armonioso y tranquilo. Necesita socialización y autonomía. Pero sobre todo, necesita muchísimo amor, para evitar que sea en el futuro un analfabeta espiritual y, pueda dar amor. Estamos seguros que dotado con este sentimiento hermoso que se llama amor, en todas sus formas, sería sin duda, invencible. O ¿ no?.