Hambre y reprochable inequidad
El hambre es el riesgo social más devastador a que estamos expuestos. La comida es tranquilidad y seguridad en los hogares más pobres. Una persona hambrienta es capaz de enfrentar grandes riesgos por comida.
Debido al riesgo creciente de una hambruna global, mundialmente se intenta evitar la intromisión del hambre. Globalmente se vislumbra un enorme caos social por la pérdida considerable de bienestar vía inflación y empobrecimiento de millones de personas. En Panamá se procura neutralizar la inflación, el encarecimiento de la comida y evitar que ésta escasee, aunque hay cierta incertidumbre por la expectativa inflacionaria y la imposibilidad de muchos de adquirir suficiente comida.
Para los pobrísimos que destinan hasta 63% del gasto en comida y no pueden contrarrestar la inflación, que además se ganan la vida diariamente o para trabajadores con bajísimos ingresos, sería una solución implementar comedores populares públicos en sectores pobres, que proporcionen comida barata, sana y balanceada.
Los precios de fondas, kioscos, restaurantes, son impagables para quienes sobreviven con algunas monedas ganadas cotidianamente y comen obligadamente fuera de casa. Estos comedores les aliviarán el hambre, también a dependientes que los esperan famélicos, habitualmente hasta medianoche.
Los comedores podrían ser respaldos por diversos actores sociales que contribuyen en la solución de problemas socioeconómicos, problemas que agobian superlativamente a los más vulnerables por carecer de dinero.
Los menores de cinco años son los más afectados por el hambre: 20.6% del total presenta desnutrición crónica, también 39.5% de los pobres y 57.9% de los extremadamente pobres indígenas. Además, dichos párvulos poseen el más elevado porcentaje de pobreza según edad (54.1%).
A los indigentes es de equidad proporcionarles comida; fundamentalmente son producto de la desigualdad socioeconómica (estructural). Parte considerable de la población es propensa a la indigencia por los riesgos sociales descubiertos y la pobreza. Nuestro Señor Jesucristo se acercó a los indigentes por intermedio del pan, distribuyéndolo con equidad; sigamos sus enseñanzas, distribuyendo con equidad las riquezas del país, eliminando definitivamente el riesgo de intromisión del hambre y del tsunami social, latente en países pobres.