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Hamburguesas


Victoriano Rodríguez S. (diostesalvepanama@yahoo.com)
Siempre he dicho que Dios es panameño. Con detenimiento leo que el Dr. Carlos Rodríguez, Director General de la Dirección Metropolitana de Salud, informó sobre multas de B/.25.00 y B/.50.00, impuestas a algunos puestos de venta de Hamburguesas Rancheras, por no contar con los permisos de salud y carnets para la manipulación de alimentos (El Panamá América, página C1, 13 de agosto de 2002). Permita Dios que esta multa no se realice a los dependientes o, en su defecto, sea transferida al trabajador.
Pero, es que la multa debe adecuarse, en monto, al negocio. Presumo que esos locales pudieran rebasar los 5 ó 6 mil balboas diarios, por puesto; en consecuencia, la multa es insignificante de acuerdo al volumen de venta. Esto me recuerda que el año pasado escribimos sobre la importación de carne ilegal, proveniente de países en cuarentena animal, y fue producto del accidente de un contenedor que se hizo del conocimiento público y del MIDA la introducción fraudulenta de carne de res, que independientemente la justificación, no deja de ser ilegal. Posteriormente otro contenedor al ser requisado se le detectó carne de pollo, en otro supuesto contrabando. Presiento que a la fecha muchos panameños quisieran saber en qué quedó esa investigación y el fallo final.
He tenido la oportunidad de observar a los funcionarios o la policía, hacer decomisos de mercancía a buhoneros y algunas veces los arrestan, pero a los dueños de estos negocios, ¿qué? La Constitución indica en su artículo 19 que: "No habrá fueros ni privilegios personales ni discriminación..." ¿Para quién? ¿Para el hijo de Juana?
Todo parece indicar que estas empresas pertenecen al mismo grupo económico; lo preocupante de esto es que todo pareciera indicar que el "monitoreo" de la carne utilizada para la elaboración de esas hamburguesas debe hacerla la propia empresa. Entonces, ¿Juez y parte? ¿Quién protege al consumidor? ¿Quién garantiza que la carne utilizada sea de primera? ¿Pudiera o no afectar la salud de la población el consumir hamburguesas rancheras o cualquier otra? Bajo la política del "juega vivo panameño bobo", nos están llevando en el carrito del consumismo. Todos sabemos que el exceso de comidas con grasa afecta la salud; en consecuencia, Dr. Carlos Rodríguez: ¿Qué ha realizado el Ministerio de Salud sobre esas hamburguesas, para evaluar su contenido en carne y grasa? ¿Quién defiende al hijo de Juana? Esperaré, cual dice la canción a que sientas lo mismo que yo. Si bien es cierto las hamburguesas tienen un precio accesible a la situación económica actual, igual tiene que cumplir con calidad, el producto que ofertan, porque el precio es independiente; lo importante es la calidad del producto y que no afecte la salud del pueblo. Dios te salve Panamá.
(victorianos@hotmail.com)
Contrariamente, los pobladores se quejan de que no hay seguridad policial cerca de su poblado y, por tanto, pueden ser presa fácil de los paramilitares.

Ya se ha dicho que en Punusa conviven dos etnias con costumbres muy distintas. Pero una de ellas, la latina, se ha adaptado de manera muy particular al estilo de vida de su comunidad receptora.
Un ejemplo de ello son Nora y Pepe, una pareja que destila por sus poros amor y empatía, aún en las circunstancias aciagas que le ha tocado vivir.
Tienen cuatro hijos de 19, 7, 2 y un año de edad. Llegaron en 1997 a Darién, cuando la primera incursión masiva de desplazados. No tienen aún estatus de refugiados y por eso tienen a Punusa por cárcel.
Trabajan sus montes y complementan su alimentación con animales que logran cazar, como monos y conejos.
Su vivienda está construida a la usanza indígena, asentada sobre horcones y sin paredes ni divisiones, a excepción de un pequeño cuarto donde la ausencia de camas salta a la vista.
Tampoco hay letrina ni baño. El río Tuira suple esas necesidades.
Muy cerca de Pepe y Nora vive Víctor Vargas, abuelo de Kelly, quien junto a sus amiguitos Erica Paola y Christian, se mostró muy interesada en aprender a cantar los pollitos. Formaron un coro y practicaron la canción para no olvidarla.
Vargas también huyó de Río Ciego (que desemboca en Salaquí), Colombia. Vivía tranquilo en su finca donde criaba puercos, gallinas y vacas.
Un día, el 24 de febrero de 1997, empezaron los bombardeos del ejército a la comunidad. La tierra temblaba y con ella los pobladores.
Fueron evacuados hacia Pavarandó en Antioquia. Pasado un tiempo, el gobierno llegó a un acuerdo con los evacuados y regresaron a sus tierras, sólo para encontrarse en un lugar totalmente inseguro.
Los paramilitares incursionaron, mataron a algunos y saquearon sus fincas. Decidieron salir en burros. Su esposa no aguantó. Estaba recién operada y murió. Fue sepultada en un pueblo cercano.
Se encaminaron a Darién y se introdujeron en la trocha del río Susugantí, que llega a Punusa, recorrida en parte por este medio.
Allí vive ahora, cinco años después, en calidad de refugiado temporal. “En silencio estamos presos”, dice en alusión a que no puede salir de la población a vender los productos que cosechan con tanto esfuerzo. Como alternativa los venden a la orilla del río, pero con resultados no muy halagüeños.
Allá en Punusa quedaron todos llevando un estilo de vida de supervivencia, pero convencidos de que sólo unidos, pese a las diferencias culturales, pueden lograr sobrevivir.

101 años de Panamá América

 
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