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Harmodio Arias


Harmodio Arias formó parte de una galería de arquetipos de panameños, que encarnaban lo que ahora son para nosotros figuras paradigmáticas, porque dieron al país lo más importante que tiene un ser humano: su inteligencia y su tiempo, para la organización nacional, para la consolidación de la República.
El ejercicio que plasmó en el libro "El Canal de Panamá", lo situó en una coordenada que serviría de referencia para ubicarlo en el primer plano de la ciencia jurídica internacional como un panameño de visión, de superior acervo cultural y de firmes convicciones.
Demostró con fundamento que la Doctrina Monroe no es parte del derecho internacional; que es simplemente la expresión de una política nacional de los Estados Unidos. Al decir del Doctor Arias, la denominada Doctrina Monroe se empleaba en asuntos que no guardaban relación con la eliminación de la intervención europea en el continente americano. En realidad tenía el propósito de aumentar el poderío de los Estados Unidos, quienes utilizaron esa Doctrina para obtener el uso de la vía interoceánica en su prioritario beneficio.
Harmodio Arias tenía una visión universalista del Canal de Panamá. Esa visión fue el sustento de las vigorosas e innumerables declaraciones que hizo sobre el tema. Estas tenían un componente nacionalista que formaba parte del edificio emocional, de la identidad panameña que se manifestaba siempre en Harmodio Arias. Al mismo tiempo, esas declaraciones tenían un componente que expresaba su convicción de que la vocación universalista de Panamá tiene una dinámica excluyente. Harmodio Arias descartaba la posibilidad de que Panamá pudiera ser otra cosa. Afirmaba que sin universalidad Panamá no tenía ningún porvenir.
La personalidad de Harmodio Arias tiene una riqueza que hace obligante no detenerse en la cuestión del Canal. Por formación y tal vez por elección, Harmodio Arias pudo anhelar ser sólo un hombre de libros, de sentencias, de dictámenes. Pero su destino lo asedió, y un compromiso profundo con su país y con su pueblo le impidió permanecer indiferente o indemne a la realidad política y social de Panamá. Llegó temprano a la vida que alentaba en nuestra corta y angosta geografía; asistió a las citas con la historia de Panamá con puntualidad, con preparación y con independencia libérrima.
A raíz de su retorno a la patria, después de haberse graduado en la Universidad de Cambridge y en la Universidad de Londres, el Doctor Harmodio Arias fue designado por el Presidente Belisario Porras miembro de la Comisión Codificadora, encargada en 1913 de la redacción de los proyectos de Códigos previstos para que rigieran en la Nación. Tenía entonces 27 años de edad y era el más joven de los prohombres que nombró Porras como codificadores, correspondiéndole alternar con Carlos A. Mendoza, Santiago de la Guardia, Ricardo J. Alfaro, Luis Anderson, Julio J. Fábrega, Angel Ugarte y Oscar Terán. En el Código Fiscal de 1917, del cual fue autor, puso las bases para promover en Panamá una distribución de la riqueza menos injusta. Su concepción de la justicia social no era quimérica.
Elegido Harmodio Arias, Presidente de Panamá, en las transparentes elecciones presididas por el Dr. Ricardo J. Alfaro, tuvo que ocuparse del bien común, en medio de la crisis económica mundial, de la gran depresión iniciada en 1929.
A pesar de las carencias del contorno, de las ilimitadas necesidades y de los precarios recursos, Harmodio Arias hizo al pueblo beneficiario de sus talentos de fundador. Ese impulso de fundador lo llevó a crear instituciones y a promover iniciativas dentro de una amplia gama civilizadora.
La creación de la Universidad de Panamá dio la medida de sus ambiciones para reducir el desajuste entre la hora educacional y cultural de Panamá y la hora de los centros avanzados del mundo. Harmodio Arias vio en el problema de la educación del pueblo panameño un problema básico, causal de los altibajos y de la fragilidad de la realización de los ideales políticos y entre ellos, el ideal democrático. De ahí que dispusiera también la construcción de muchas escuelas.
La voluntad de integrar los esfuerzos nacionales es un dato importante en las realizaciones gubernamentales de Harmodio Arias. Una evolución global de éstas nos muestra que trató de liberar a los panameños de la opresión que llevábamos por dentro bajo la forma de adhesiones ciegas a caudillos o caciques, de la falta de instituciones adecuadas, de los hábitos mentales que nos llevaban a hacer de la "voluntad gringa", la causa de todos nuestros males. Propuso a los panameños una praxis de la liberación interna. Rechazaba el hábito de inscribir todas las conductas de la nación norteña en una simplificación grosera. Reconocía las grandezas y las miserias de los Estados Unidos y cuando percibía que su ánimo era imperial llamaba a la resistencia. En relación con el resto del mundo, los sueños panameños de Harmodio Arias se identifican con los del Libertador Bolívar: Panamá, orgullosa de ser americana, parte de una Patria Grande americana, Panamá sin complejos como parte del mundo.
Harmodio Arias fue protagonista, fue reformista pero no fue revolucionario. Rechazaba las actitudes extremas, las intransigencias violentas y valorizaba la sensatez como actitud necesaria a todo individuo y a toda sociedad.
Fue dueño de un órgano de expresión escrita, "EL PANAM¡ AM RICA", y también fue dueño de una pluma militante, defensora de la libertad de prensa como derivación de las libertades individuales. Esa pluma tenía un estilo a veces mordaz que realzaba la ecuanimidad de sus juicios.
Cuando recientemente releía parte de lo que escribió Harmodio Arias en El Panamá América, me atraían no sólo sus ideas sino el modo como las asumía. Harmodio Arias continuó en el periodismo su vocación humanista, fiel a sus convicciones individuales y sensible a las necesidades del país.
Cuando asumió la dirección de la sección editorial en El Panamá América, el título escogido para su primer editorial anunciaba el arma para su combate: "Diario Independiente". Advertía sobre el peligro de que el periodismo pueda "defraudar intereses del público en dos vertientes distintas: por sugestión falsa o por la supresión de la verdad". Propuso la autodisciplina, hizo un enérgico llamado a la responsabilidad del periodista. Tersa y diáfanamente señala la necesidad de propaganda que tienen tanto la verdad como el error -término con el que cortésmente aludía a la mentira- Sólo la verdad merece propaganda. En su editorial todo estaba contemplado: la función informadora y la función formadora del periodista y por supuesto, su función ética.
Harmodio Arias desarrolló una actividad periodística dentro y fuera de Panamá. Fue considerable su participación en foros, conferencias, encuentros de todo tipo, en América y en Europa. Allí frecuentó a sus pares que reconocían en nuestro compatriota uno de los más pulcros vigías de la libertad y de la responsabilidad en el ejercicio del periodismo.
Sin exhibicionismos, Harmodio Arias demostró que estaba dotado de las virtudes de los grandes hombres. Como periodista probó que aún alejado de la vida política, de los afanes partidistas, y de la lucha por el poder, después de haberse "cortado la coleta" como me dijo en cierta ocasión, siguió teniendo la esperanza de crear un Panamá superior. Ni el peor de sus estados de ánimo acerca del curso de las cosas en el país, logró apartarlo de su voluntad de comprender, de explicar, de colaborar.
Durante los dramáticos hechos que se vivieron en Panamá el 9 de enero de 1964 y los días que se sucedieron, los personeros de El Panamá América y de la Radio Panamericana, desde la Calle "H" utilizaron con sentido nacional estos instrumentos materiales, estos medios de expresión creados por su fundador, siguiendo el ideario y las enseñanzas de Harmodio Arias. En mi caso se dio la circunstancia de que siendo aún Director en ejercicio de El Panamá América me correspondiera como Presidente del Colegio Nacional de Abogados presidir el Congreso de la Soberanía Nacional convocado en la Universidad de Panamá, e iniciar por designación del Presidente Chiari las negociaciones con los Estados Unidos para la cancelación definitiva del Tratado de 1903. Estos antecedentes pudieron pesar en el ánimo del General Omar Torrijos al invitarme en 1971, al igual que a otros panameños de distintas facciones políticas, a participar en el proceso negociador de los Tratados del Canal de 1977.
Harmodio Arias fue un ciudadano completo, motivado en sus quehaceres por su sensibilidad cívica y su fe en los valores de la nacionalidad; comprometido a realizar la labor trascendental encaminada a conseguir la seguridad y el bienestar para las generaciones del presente y del mañana. Su grandeza de hombre público se reflejó en su llamado a la ciudadanía, que cobra renovada actualidad con la transferencia a Panamá por los Estados Unidos del Canal Interoceánico el 31 de diciembre de 1999: "Yo os excito compatriotas, -expresaba el Dr. Arias- a que contribuyáis a evitar, con toda la fuerza de vuestra voluntad, que la pasión política se mezcle en un problema que es del país entero y no corresponde a ningún bando y que -alejados de rencores y rencillas partidistas- tengáis presente que la consideración de los negocios internacionales que afectan a la nación, los amigos y los adversarios, los de un grupo y los de otro, debemos todos considerarnos formando un sólo haz, para ser así espiritualmente fuertes, con un solo ideal, con una sola finalidad: el bienestar de la patria."

101 años de Panamá América

 
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