Harmodio Arias y su forja de gigante
Nació en Río Grande, Penonomé, el 3 de julio de 1886. Tras su aspecto delgado yacía su postura erguida y digna que nunca renegaba sus raíces interioranas. Fue un ciudadano y funcionario respetuoso de la ley y de lo justo.
Desde temprana edad mostró cualidades de grandeza. El joven Arias participó y ganó con honores en 1904 una de las tres becas designadas a su provincia para estudiar en Londres. Listo para viajar a los 18 años, el viaje que les esperaba iba a ser un largo camino, por tierra y por mar, pues tenía primero que trasladarse a caballo al puerto de Aguadulce para luego tomar un pequeño barco que recorría la costa hasta llegar al Golfo de Panamá, pasando por las islas de Otoque, Taboga, Taboguilla y finalmente llegando al farallón de San José, a la entrada al canal. En aquellos barcos se dormía en hamacas. El viaje a Liverpool no fue muy diferente; sólo llevaba su inteligencia, muchas ilusiones y una beca que bien pronto comprendió que no le aseguraba una vida de comodidad y holganza económica. Pero los esfuerzos resultaron fructíferos.
En 1906 ingresó al Colegio Saint John de la Universidad de Cambridge para estudiar Derecho y Ciencias Políticas, y tras tres años de estudio obtuvo con honores el título de Licenciado en Artes y Derecho. Sus deseos de seguir estudiando lo llevaron a matricularse en la escuela de Economía de la Universidad de Londres para continuar los cursos indispensables para el Doctorado, los cuales termina en 1911, también con honores. Su tesis titulada "El Canal de Panamá: Estudio sobre la Diplomacia Americana" fue recibida con grandes elogios y la misma Universidad le compró los derechos de publicación.
Las raíces indígenas de su mestizaje contribuyó quizá a su naturaleza reservada, introvertida y silenciosa, en ocasiones restrospectiva, pulida bajo la influencia analítica y rigurosa de la cultura inglesa. El estudio, la seriedad y la responsabilidad con que tuvo que moldearse, acrisolaron sus virtudes y le dieron una dimensión extraordinaria a su inteligencia y personalidad. Harmodio Arias fue un ser superior por su inteligencia, por su cultura, por su perseverancia, por su imaginación certera, por su valor personal y por su voluntad inquebrantable. Fue un hombre de combate. Y como tal detestó la mediocridad, la falta de grandeza y el conformismo. Nunca se rindió ante los más grandes, aunque los respetaba.
Harmodio Arias era estadista mucho antes de llegar a ser jefe del Estado panameño. Se preocupó seriamente por los problemas de la comunidad, meditó en torno a ellos, y luego de estudiarlos y entenderlos, presentó soluciones y propuso medidas para resolverlos. Primero como diputado de la Asamblea Legislativa, luego como Presidente de la República, y hasta sus últimos días desde la tribuna de El Panamá América, Harmodio Arias demostró ser un hombre de visión moderna, como lo testimonian sus obras cumbres, entre las que destacan el convenio canalero de 1936, la fundación de la Universidad de Panamá y la Caja de Ahorros, todas forjadas en condiciones de adversidad, reflejo de su inteligencia, su visión de futuro y tenacidad.
Por fortuna para él y para quienes le querían, los panameños siempre admiraremos a Harmodio Arias por sus grandes virtudes ciudadanas y por lo mucho que realizó por nuestro país, tanto en lo material como en lo espiritual. En la vida política, en la enseñanza, en la diplomacia, en lo internacional, en el campo de las grandes empresas, en lo profesional, en lo cultural, y en lo periodístico, Don Harmodio nos dejó un gran legado.
Desde temprana edad mostró cualidades de grandeza. El joven Arias participó y ganó con honores en 1904 una de las tres becas designadas a su provincia para estudiar en Londres. Listo para viajar a los 18 años, el viaje que les esperaba iba a ser un largo camino, por tierra y por mar, pues tenía primero que trasladarse a caballo al puerto de Aguadulce para luego tomar un pequeño barco que recorría la costa hasta llegar al Golfo de Panamá, pasando por las islas de Otoque, Taboga, Taboguilla y finalmente llegando al farallón de San José, a la entrada al canal. En aquellos barcos se dormía en hamacas. El viaje a Liverpool no fue muy diferente; sólo llevaba su inteligencia, muchas ilusiones y una beca que bien pronto comprendió que no le aseguraba una vida de comodidad y holganza económica. Pero los esfuerzos resultaron fructíferos.
En 1906 ingresó al Colegio Saint John de la Universidad de Cambridge para estudiar Derecho y Ciencias Políticas, y tras tres años de estudio obtuvo con honores el título de Licenciado en Artes y Derecho. Sus deseos de seguir estudiando lo llevaron a matricularse en la escuela de Economía de la Universidad de Londres para continuar los cursos indispensables para el Doctorado, los cuales termina en 1911, también con honores. Su tesis titulada "El Canal de Panamá: Estudio sobre la Diplomacia Americana" fue recibida con grandes elogios y la misma Universidad le compró los derechos de publicación.
Las raíces indígenas de su mestizaje contribuyó quizá a su naturaleza reservada, introvertida y silenciosa, en ocasiones restrospectiva, pulida bajo la influencia analítica y rigurosa de la cultura inglesa. El estudio, la seriedad y la responsabilidad con que tuvo que moldearse, acrisolaron sus virtudes y le dieron una dimensión extraordinaria a su inteligencia y personalidad. Harmodio Arias fue un ser superior por su inteligencia, por su cultura, por su perseverancia, por su imaginación certera, por su valor personal y por su voluntad inquebrantable. Fue un hombre de combate. Y como tal detestó la mediocridad, la falta de grandeza y el conformismo. Nunca se rindió ante los más grandes, aunque los respetaba.
Harmodio Arias era estadista mucho antes de llegar a ser jefe del Estado panameño. Se preocupó seriamente por los problemas de la comunidad, meditó en torno a ellos, y luego de estudiarlos y entenderlos, presentó soluciones y propuso medidas para resolverlos. Primero como diputado de la Asamblea Legislativa, luego como Presidente de la República, y hasta sus últimos días desde la tribuna de El Panamá América, Harmodio Arias demostró ser un hombre de visión moderna, como lo testimonian sus obras cumbres, entre las que destacan el convenio canalero de 1936, la fundación de la Universidad de Panamá y la Caja de Ahorros, todas forjadas en condiciones de adversidad, reflejo de su inteligencia, su visión de futuro y tenacidad.
Por fortuna para él y para quienes le querían, los panameños siempre admiraremos a Harmodio Arias por sus grandes virtudes ciudadanas y por lo mucho que realizó por nuestro país, tanto en lo material como en lo espiritual. En la vida política, en la enseñanza, en la diplomacia, en lo internacional, en el campo de las grandes empresas, en lo profesional, en lo cultural, y en lo periodístico, Don Harmodio nos dejó un gran legado.