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¿Hasta cuándo?


En los casos de colisión, atropellos y regatas entre vehículos a motor que a diario se registran en la ciudad capital, casi siempre está involucrado un bus colectivo, de los llamados "Diablos Rojos", así conocidos por el número de muertes y terror que despiertan en los ciudadanos.
Se habla de muertes causadas por esas máquinas, bajo el mando de irresponsables, sin control de autoridades de tránsito y mucho menos, por los dueños de las mismas.
No existe reglamento o ley de tránsito vehicular que un alto número de los conductores de esos bólidos, se preocupe en acatar. Sí existen dos vías para avanzar hacia su destino, éstos transitan a altas velocidades por una "tercera" vía que les permite obviar la lentitud del pesado tráfico.
Las señales de tránsito, reguladas por los semáforos, sólo son respetadas si algún vehículo que le precede se detuvo con la luz roja. Las intersecciones son obstruidas, impidiendo el libre tráfico, el aceptar y dejar pasajeros fuera de las paradas autorizadas, con el consecuente peligro para los usuarios de esos transportes, también contribuye al tranque y caos del flujo vehicular.
Hay cantidad de ejemplos demostrando las fallas del actual sistema del transporte; desafortunadamente, las autoridades responsables de vigilar y controlar los desafueros de los encargados de dicho negocio, no han sabido manejar con eficiencia este agudo problema. Sólo se requiere analizar a conciencia el funcionamiento actual del sistema colectivo del transporte de pasajeros, para detectar sus fallas y como consecuencia, aplicar los correctivos necesarios.
Mientras se mantenga el injusto requerimiento de determinada suma de dinero por turno, a entregar al dueño del transporte; además de cubrir el costo del consumo del combustible, antes de recibir un solo centavo por su trabajo, de por sí arduo y agotador, los "palancas" se ven precisados a hacer maniobras impropias y temerarias, para lograr algún remanente, después de cubrir, lo solicitado por el dueño del transporte, el combustible y, por supuesto, el "salve" a los llamados "pavos". Si a eso le añadimos las boletas por faltas cometidas contra los reglamentos del tránsito, nos percataremos que, a los "palancas" no les queda mucho dinero para sus necesidades familiares y mucho menos para cubrir las multas por su pésimo manejo. Además, no cuentan con Seguro Social, no tienen coberturas por enfermedad; al no tener derechos laborables, no pueden disfrutar de vacaciones, por lo que deben trabajar todos los días de la semana, sin descanso, de lo contrario no llevarán el sustento a su familia. No debe extrañarnos su agresividad en el manejo, su falta de respeto a los pasajeros, su poco importa con la seguridad de peatones, pasajeros y automovilistas. Ya vemos que ni los camiones especiales de los bomberos, se salvan de su manejo salvaje.
Durante el gobierno del General Omar Torrijos se entregó a los conductores de buses, la administración del negocio del transporte público, con la intención de que cada conductor fuera del dueño del vehículo que manejaba. Desafortunadamente, el sistema se fue prostituyendo, al extremo de que hoy, la propiedad de esas máquinas está en manos de personas que no conducen buses, y son las responsables de la explotación del trabajo de los palancas.
La ocasión es propicia para que el presidente electo, hijo del General Torrijos, dirija los cambios necesarios en la ley del transporte público, para adecentar ese servicio colectivo.

101 años de Panamá América

 
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