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¿Hasta cuándo?


Estamos ya muy cansados de que actos de justicia que el pueblo panameño considera éticos y urgentemente necesarios, no se puedan realizar debido a "impedimentos legales" e incluso "constitucionales". Si estos "impedimentos" no son tales, los funcionarios del gobierno que los esgrimen merecen el calificativo de deshonestos y si son válidos, entonces lo que urge es cambiar varias de nuestras leyes y aun la Constitución Nacional.
En el año 2004, respaldados por el Comité Ecuménico de Panamá y por el Foro Panamá 2020, recogimos más de cien mil firmas y adhesiones verbales posteriores para promover una Asamblea Constituyente Paralela (aunque la última palabra no les gustaba a algunos pero sí a otros). Los cuatro candidatos presidenciales de entonces, con mucha cobertura de los medios de comunicación, estamparon sus nombres en nuestras libretas de firmas. El resultado de nuestro esfuerzo y de otros fue un conjunto de reformas constitucionales. Consideramos, entonces, algunas de ellas como muy positivas, como por ejemplo, la limitación de la inmunidad parlamentaria, la posibilidad de la libre postulación en ciertos casos, el que se pueda convocar a una Asamblea Constituyente mediante la recolección de firmas, el freno al aumento de diputados y otras. Aunque siempre consideramos las reformas como insuficientes, nuestro apoyo a buena parte de ellas, nos atrajo el rechazo de varias personas políticas y de la comunicación social. Las dos posturas que nos rodeaban eran la de "todo o nada" o la de ver en las reformas un "buen avance". Nos identificábamos con esto último.
Hoy, a un año de distancia de las reformas, ¿qué pensamos? Que todas las cosas, aunque nos parezcan buenas, siempre encuentran sus leguleyos que las convierten en inoperantes. En consecuencia todavía estamos esperando y, esto es sólo un ejemplo, que la Asamblea Nacional juzgue a algún Magistrado de la Corte (las denuncias abundan) o que ésta juzgue a los diputados (caso CEMIS, por ejemplo) Pero, nada de nada.
La cero corrupción prometida por nuestro actual presidente de la República durante su campaña electoral, de cero no tiene absolutamente nada y lo que hoy impera es la impunidad en las personas de cuello blanco y no en cambio cuando se trata del hijo de la cocinera. Y que conste que no tenemos nada en contra de las trabajadoras de la cocina. Lo que hemos dicho es tan cierto que el propio Partido Popular que es parte de la alianza gobernante "Patria Nueva", ha levantado su grito de alarma ante las grandes injusticias de "La Justicia". Los tres órganos del Estado tienen que actuar con decisión para que la situación que estamos viviendo cambie de rumbo.
A pesar de que no pocas personas y grupos, después de mucho hablar, nos dejaron bastante solos en nuestra colecta de firmas en 2004; creo que ese camino todavía es posible y ahora, gracias a las reformas, es constitucional. Yo, personalmente, por mi estado de salud, desde luego que no me agitaré en ese terreno. Lo tengo absolutamente prohibido, pero les digo a los que públicamente hablan del tema, que no se queden en sólo palabras. Criticar es muy fácil, pero actuar, aunque con posibles riesgos políticos, no lo es.
El presidente Torrijos, en casos muy difíciles ha actuado y en eso le reconocemos méritos, pero sentimos que en otros casos no lo ha hecho como el pueblo querría. Deseamos que nuestro grito de "Hasta cuándo" se convierta pronto en un "Por fin".
Omaira no puede separarse del hogar porque su hijo depende de ella. Sus vecinos, también en condiciones económicas precarias, le ayudan en lo que puedan, incluso le dan sal cuando hasta eso hace falta.
Lejos de la ciudad y sin dinero para darle seguimiento legal del caso, tanto Omaira como su esposo esperan que el abogado Todopoderoso les haga justicia.
El caso es otro de los tantos que permanece dentro del engorroso sistema judicial. Hasta ahora no se ha hecho justicia ni los responsables se han solidarizado con el dolor que los embarga ni menos con procurarle ayuda al joven.
La desconsolada madre pide a los responsables "que se pongan la mano en el corazón" y se conduelan de la tragedia de su hijo, ya que es una difícil situación que cambió radicalmente su vida.
El caso de Felipe ha conmovido tanto a vecinos como a los funcionarios de Aduanas y de la Policía que prestan servicio en los retenes del área conocida como la "Y" de Chilibre.
Por las mezquindades del destino esta familia incluso no tiene una casa propia, pues vive en la de un señor que les ha confiado la vigilancia de una finca.
El señor Luis Alberto resume en una corta oración los momentos que atraviesan: "Estamos pasando páramos". Afirma que en la región es difícil conseguir trabajo como jornalero.
Le angustia pensar que viene la estación seca y habrá poca hierba que cortar. Panamá América trató de obtener la versión de las autoridades de la ACP, pero se negaron a ofrecer detalles. Argumentan que esperan la reconstrucción de los hechos.
El pequeño José Luis también cuida a quien considera su hermano, pues se han criado juntos.
Cuando la señora Omaira se entretiene en las tareas de la casa, está pendiente de su hermano y avisa si éste se queja o llora. Sabe que si esto pasa, es que necesita atención.



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