¡Hasta cuando!
La inoperancia, la politiquería y la falta de autoridad llegan a extremos inimaginables. La no solución conlleva a una dilatación de los problemas que tienen a un pueblo sumido en la desesperanza, frente a la mediocridad gubernamental. Comenzamos por el transporte público. Luego de tanta alharaca propagandística en las pasadas elecciones y peor aún, de la tragedia que costó la vida a 18 humildes panameños hace un año, los diputados deciden consolidar la mafia transportista, recibiendo además el espaldarazo presidencial. Se clava una placa en sus memorias, pero el Alcalde y la Presidenta del Municipio elevan sus propios nombres en ella aprovechándose de la ocasión.
Siguen cayéndose inmuebles condenados en el Caso Antiguo, sin que las autoridades ministeriales ni municipales hagan nada. Es fácil culpar a la empresa privada cuando para no perder votos, los gobernantes no ejecutan los desalojos requeridos por los propietarios.
Se prometió más seguridad y ahora nos asesinan por pagar el agua. Las cárceles se manejan de acuerdo a intereses, y las fugas de presos son casi permanentes y constantes. La salud se caracteriza por los envenados en el Seguro Social y la muerte de infantes en las áreas indígenas. Se criticó a la anterior mandataria por sus viajes, y ahora el actual presidente, que ha viajado más que nadie, dice que lo hace para vender el país.
Se hace un show de renuncia masiva de ministros, para esconder la incapacidad de los que tuvieron que botar. Se elimina de un plumazo a un contralor, para colocar a otro adepto al régimen. Los diputados continúan aumentándose privilegios y con la disposición de restablecer las partidas circuitales. La reforma agraria se desarrolla para beneficiar a personas que no son humildes campesinos ni pequeños productores.
Cuando Martín Torrijos llega el poder y se sorprende ante un país inseguro y con un sistema penitenciario deficiente, con instituciones destrozadas por el descrédito público y con intromisiones constantes de unos órganos del Estado sobre otros, con mano blanda para los delincuentes de cuello blanco, pero mano dura para los pobres, donde niños padecen de hambre, lleno de jóvenes sin trabajo y sin esperanzas, o donde al corrupto se le presenta como un distinguido ciudadano, luego de más de tres de años de mandato es fácil constatar, que poco o nada ha cambiado.