"Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia"
Observo con creciente preocupación el desarrollo de una tendencia en la política norteamericana dirigida hacia la región lationamericana y en particular, hacia nuestro país, motivada, sin duda, por la presencia del centro bancario más importante de la zona. Me refiero a un esfuerzo concienzudo de parte de ellos, de usar su indiscutible poderío político y económico para hacernos cambiar nuestro ambiente jurídico de fuertes raíces romano-napoleónicas, por su sistema de base anglosajona, cuyas bases y tradiciones son ajenas a nuestro origen hispanoamericano. Lo que expreso no es idea original, la he aprendido de notables abogados locales y extranjeros. Tampoco es una situación nueva, ya que viene sucediendo con distintos grados de intensidad desde la intervención militar del "89. Tampoco es un secreto, la prensa nacional, distinguidos banqueros y profesionales panameños, y los gremios han detectado con aprehensión el desarrollo de dicha tendencia.
Lo que aumenta mi preocupación es que la campaña adquiere nuevos ribetes. En su afán por acelerar esta especie de invasión cultural, los norteamericanos han logrado el apoyo político de los llamados "países desarrollados". Ahora cuentan con la ayuda de presión de grupo. La situación, en cierta medida, me recuerda la época del "Big Stick" (garrote) de Teddy Roosevelt; salvo que ahora, el "Big Stick" es la llamada "Lista Negra"; con una variante, nos ofrecen un "Big Carrot" (zanahoria), con el mensaje de que si nos portamos bien como niños bien educados, habrá premios en forma de ayuda para el desarrollo. Al final, es la misma actitud altanera e imperialista de Tedy hacia los débiles para imponer sus condiciones. Como nota histórica, vale la pena recordar que Tedy nos amenazaba a los latinoamericanos con garrotes; ("speak softly and wave a big stick"), pero actuaba distinto con los asiáticos y europeos de la época, a quienes no les mostraba un garrote, sino un palillo, pues temían sus represalias ("speak loudly and wave a toothpick"), lo cual indica que ellos varían su comportamiento de acuerdo al grado de respeto o temor que tengan hacia la contraparte.
Volviendo al tema del desenvolvimiento de la tendencia. Primero, empezaron con que había la necesidad de crear mayores y más efectivas medidas de prevención del uso indebido de los servicios bancarios que incluye la tipificación del uso de dinero mal habido, producto del narcotráfico como delito. Algo en que estuvimos de acuerdo. Nosotros, banqueros y gobierno; sin embargo, de nuestras propias iniciativas, tomamos medidas más estrictas de las que ellos sugerían y usan en su país, pero aún así, continuamos siendo considerados como el "lavamático" de la región. La razón de esta actitud, en mi opinión, es la de crear presión a través de promover una imagen externa desfavorable, creando la impresión de que no hemos hecho suficiente, y continuar con su plan original que es forzarnos a adoptar sus reglas de juego.
Ahora aparecen nuevas y más fuertes presiones con las llamadas "listas negras". El objetivo de siempre es cambiar nuestro sistema fiscal y la estructura legal de nuestras sociedades anónimas. Al final de cuenta lo que se busca es obtener información sobre sus ciudadanos, especialmente a lo que ellos consideran evasores de impuestos. Podría calificarse de cínica esta actitud de querer hacernos cambiar nuestra cultura jurídica ante sus frustraciones de no poder castigar a lo que ellos consideran mal comportamiento de sus ciudadanos; cuando las actividades de esos mismos ciudadanos en nuestro país son enteramente legales de acuerdo a nuestro sistema. Detrás de todo, veo la búsqueda de fórmulas que le permitan a sus autoridades bancarias y fiscales tener acceso a lo que ahora está protegido por el secreto bancario en nuestro país, en el afán de aumentar sus recomendaciones fiscales.
La situación para nosotros los panameños se complica aún más con la aparición del llamado Plan Colombia, que crea la posibilidad real de que nuestro territorio se convierta en campo de batalla. Esta otra situación crea todo tipo de presiones y problemas adicionales. Lo irónico es que todo nace de la demanda de drogas ilícitas en los ciudadanos de "países desarrollados", ellos, con esa demanda, estimulan la producción de drogas; pero en una especie de realidad a la inversa, resulta ser que somos los latinoamericanos la causa del malestar. Como en el caso anterior, nosotros somos ante sus ojos los responsables del mal comportamiento de sus ciudadanos.
El Plan Colombia complica la situación seriamente, no sólo por nuestra cercanía geográfica cultural a ese país; sino por las implicaciones que significa el fenómeno "Chavez", con el agravante que entre Venezuela, Colombia y nosotros no existe un Mar Caribe que ayude físicamente a protegernos, como lo hace el otro fenómeno llamado "Fidel".
Mi intención al expresar públicamente mis puntos de vista es hacer un llamado a la reflexión a nuestros banqueros, abogados y otros profesionales panameños y sobretodo, a nuestras autoridades, a pensar bien qué vamos a hacer ante las presiones norteamericanas y sus aliados. ¿Cederemos alegremente a sus exigencias? ¿Qué consecuencias reales tiene el no hacerlo? ¿Debemos sacrificar parte de nuestra tradición jurídica en aras de un posible bienestar regional? ¿Qué ganamos? ¿Vale la pena el sacrificio? Si al final hay que negociar, nuestra mayor exigencia debe ser trato de igual, respeto a nuestra integridad personal y territorial y ante todo, hacerles saber a los norteamericanos que hay un límite para la paciencia de los panameños.
Lo que aumenta mi preocupación es que la campaña adquiere nuevos ribetes. En su afán por acelerar esta especie de invasión cultural, los norteamericanos han logrado el apoyo político de los llamados "países desarrollados". Ahora cuentan con la ayuda de presión de grupo. La situación, en cierta medida, me recuerda la época del "Big Stick" (garrote) de Teddy Roosevelt; salvo que ahora, el "Big Stick" es la llamada "Lista Negra"; con una variante, nos ofrecen un "Big Carrot" (zanahoria), con el mensaje de que si nos portamos bien como niños bien educados, habrá premios en forma de ayuda para el desarrollo. Al final, es la misma actitud altanera e imperialista de Tedy hacia los débiles para imponer sus condiciones. Como nota histórica, vale la pena recordar que Tedy nos amenazaba a los latinoamericanos con garrotes; ("speak softly and wave a big stick"), pero actuaba distinto con los asiáticos y europeos de la época, a quienes no les mostraba un garrote, sino un palillo, pues temían sus represalias ("speak loudly and wave a toothpick"), lo cual indica que ellos varían su comportamiento de acuerdo al grado de respeto o temor que tengan hacia la contraparte.
Volviendo al tema del desenvolvimiento de la tendencia. Primero, empezaron con que había la necesidad de crear mayores y más efectivas medidas de prevención del uso indebido de los servicios bancarios que incluye la tipificación del uso de dinero mal habido, producto del narcotráfico como delito. Algo en que estuvimos de acuerdo. Nosotros, banqueros y gobierno; sin embargo, de nuestras propias iniciativas, tomamos medidas más estrictas de las que ellos sugerían y usan en su país, pero aún así, continuamos siendo considerados como el "lavamático" de la región. La razón de esta actitud, en mi opinión, es la de crear presión a través de promover una imagen externa desfavorable, creando la impresión de que no hemos hecho suficiente, y continuar con su plan original que es forzarnos a adoptar sus reglas de juego.
Ahora aparecen nuevas y más fuertes presiones con las llamadas "listas negras". El objetivo de siempre es cambiar nuestro sistema fiscal y la estructura legal de nuestras sociedades anónimas. Al final de cuenta lo que se busca es obtener información sobre sus ciudadanos, especialmente a lo que ellos consideran evasores de impuestos. Podría calificarse de cínica esta actitud de querer hacernos cambiar nuestra cultura jurídica ante sus frustraciones de no poder castigar a lo que ellos consideran mal comportamiento de sus ciudadanos; cuando las actividades de esos mismos ciudadanos en nuestro país son enteramente legales de acuerdo a nuestro sistema. Detrás de todo, veo la búsqueda de fórmulas que le permitan a sus autoridades bancarias y fiscales tener acceso a lo que ahora está protegido por el secreto bancario en nuestro país, en el afán de aumentar sus recomendaciones fiscales.
La situación para nosotros los panameños se complica aún más con la aparición del llamado Plan Colombia, que crea la posibilidad real de que nuestro territorio se convierta en campo de batalla. Esta otra situación crea todo tipo de presiones y problemas adicionales. Lo irónico es que todo nace de la demanda de drogas ilícitas en los ciudadanos de "países desarrollados", ellos, con esa demanda, estimulan la producción de drogas; pero en una especie de realidad a la inversa, resulta ser que somos los latinoamericanos la causa del malestar. Como en el caso anterior, nosotros somos ante sus ojos los responsables del mal comportamiento de sus ciudadanos.
El Plan Colombia complica la situación seriamente, no sólo por nuestra cercanía geográfica cultural a ese país; sino por las implicaciones que significa el fenómeno "Chavez", con el agravante que entre Venezuela, Colombia y nosotros no existe un Mar Caribe que ayude físicamente a protegernos, como lo hace el otro fenómeno llamado "Fidel".
Mi intención al expresar públicamente mis puntos de vista es hacer un llamado a la reflexión a nuestros banqueros, abogados y otros profesionales panameños y sobretodo, a nuestras autoridades, a pensar bien qué vamos a hacer ante las presiones norteamericanas y sus aliados. ¿Cederemos alegremente a sus exigencias? ¿Qué consecuencias reales tiene el no hacerlo? ¿Debemos sacrificar parte de nuestra tradición jurídica en aras de un posible bienestar regional? ¿Qué ganamos? ¿Vale la pena el sacrificio? Si al final hay que negociar, nuestra mayor exigencia debe ser trato de igual, respeto a nuestra integridad personal y territorial y ante todo, hacerles saber a los norteamericanos que hay un límite para la paciencia de los panameños.