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¡Hasta cuándo... Dios mío!


Resulta decepcionante reconocer que en Panamá existan funcionarios que todavía piensen que el fin justifica los medios y, en ese camino, anteponen el bien particular al bien de la comunidad. Llegamos a tal conclusión al ver y oír al director Nacional de Tránsito, señor Harris, justificar la eliminación del tercer carril vehicular en las Vías Tocumen y Tumba Muerto, para -incentivar- el uso de los corredores. ¡Cuánta aberración!.
Hay que hacer memoria y recordar que este operativo de inversión de vías fue puesto en práctica, muy exitosamente, hace más de una década, como un paliativo efectivo al caos vehícular, cada día mayor en la ciudad. Hoy, por caprichos absurdos y carentes de todo sentido común, lo elimina, condenando de por sí, a decenas y decenas de miles de ciudadanos, trabajadores y estudiantes a una tormentosa pesadilla diaria.
Con tan disparatada medida, el señor Harris ha logrado varios objetivos, veamos: Primero, nos ofrece a todos un abreboca matinal para iniciar el día de trabajo o estudio cargado de estrés, amargura e impotencia a quienes sufrimos este diario vía crusis; segundo, brinda alegría a las petroleras transnacionales que ven incrementarse, notablemente, la venta de combustible, ya de por sí, carísimo; tercero, alegra muchísimo a los "cuates" de ICA y PYCSA, que ahora, y a la fuerza, podrán exprimir más al sufrido usuario panameño; y por último, ha logrado obtener un rechazo unánime de la comunidad por sus medidas absurdas, arbitrarias y carentes de todo sentido común. ¡Cosas veredes Sancho!
Volviendo al comienzo que, para algunos el fin justifica los medios, recuerdo a la señora Rita Radoch, quien, par de meses atrás, protestaba sin sonrojarse, por una cuña educativa de televisión del MICI, en la que se aconsejaba a los conductores evitar la velocidad, manejando despacio y con prudencia por seguridad y ahorro de combustible, es decir, ¡dinero!.
Según la señora Kadoch, por culpa de la cuña, había disminuido la venta de combustible, ¿qué les parece? Ahora la señora estará feliz, pues gracias a las genialidades del señor Harris, las cajas registradoras de las transnacionales sonarán incesantemente.
Sintetizando, ambos señores muestran claramente cómo pueden anteponerse los intereses particulares en detrimento de los de la comunidad. Aunque no lo podamos creer, así son las cosas en nuestro Panamá.
Finalmente, a tan apreciados señores les preguntaríamos: ¿Por qué no hacen campaña con los cuates para abaratar los peajes en los corredores? ¿Por qué no aúnan esfuerzos para obligar a ICA a pagar lo que debe a los asegurados por la usurpación de tierras en el Corredor Sur?
Quisiéramos verlos fomentar campañas de educación vial para bien de la comunidad; luchar contra el consumo de drogas, alcohol y otros vicios que tanto luto y dolor traen a los hogares panameños; promocionar la vida sana, el deporte, a todos los niveles; la exaltación de los valores cívicos y morales, hoy perdidos en la sociedad panameña. ¡Vamos, anímense! Así harán patria. Las presentes y futuras generaciones estarán eternamente agradecidas.

101 años de Panamá América

 
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