¡Hasta cuándo el problema del transporte!
No recuerdo con exactitud el día en que llegué a la ciudad de Panamá procedente de la hermana nación de Costa Rica -donde se había radicado mi madre española desde la década del 50-; lo cierto es que estaban en plena campaña política Arnulfo Arias Madrid (El Fufo) y Nicolás Ardito Barlleta; y por otro lado se veían los famosos buses urbanos llamados “Diablos Rojos, que circulaban por las calles a toda velocidad y sin ningún orden. Este evento histórico sí lo recuerdo perfectamente.
Era obvio que después de vivir en un país donde el transporte público estaba ordenado y sin esa música estrepitosa me incomodara utilizar este servicio de transporte público. No obstante, siempre pensé: dentro de veinte años estos vehículos serán cosa del pasado, quizás habrá un museo dedicado a recordar esta época del pasado.
Jamás, jamás se me hubiese ocurrido imaginar que 25 años después vería los mismos buses rodando por las avenidas principales de la ciudad de Panamá; y que tendríamos el mismo desorden. ¡Increíble, pero, cierto!
La república de Panamá, en un periodo de veinticinco años, se ha puesto en los primeros lugares de la comunidad internacional; por ejemplo, en telecomunicaciones e Internet, en el aspecto turístico ha tenido un avance fenomenal, en infraestructuras (grandes y modernos edificios y hoteles); la marina mercante ocupa el primer lugar a nivel mundial y su desarrollo portuario cada día se desarrolla más a la par de los grandes puertos del mundo. Sin embargo, somos un país totalmente atrasado en el sistema de transporte público, sobre todo en la ciudad capital.
Ninguno de los gobiernos que ha tenido Panamá en estos años tuvo la capacidad y voluntad política de acabar con este problema. Equivocadamente, se han dejado llevar por los intereses personales y mezquinos de los malos transportitas. Ningún gobierno ha entendido que los usuarios del transporte público somos la mayoría en este país, y nuestro voto es decisivo para que un candidato presidencial y aquellos que, de una u otra manera, tienen que ver con la toma de decisiones para componer de una vez por todas el transporte urbano, salgan electos o pierdan.
Las acciones que acaben con este grave y recurrente problema está en las manos del gobierno entrante. Lo que se requiere es la buena voluntad y un equipo de trabajo que sepa lo que hay que hacer. Primero se diseña un plan serio y responsable que permita ir sacando los buses actuales de circulación, a medida que se les reemplaza por otras unidades o sistema de transporte. No pueden ser decisiones a la ligera ni repartir plata por buses viejos, como se ha estado haciendo.
Debe crearse, primero, que todo un equipo de trabajo o una junta de transición, cuyos miembros no tengan afinidad política, pero sí experiencia en el manejo del transporte público, y que tengan toda la potestad para tomar todas las decisiones necesarias para establecer un sistema nuevo de transporte. Debe terminar el mito de que los transportistas actuales (Diablos Rojos), son necesarios en los cambios. Señores entiendan, ellos son los culpables de los problemas del transporte y en el nuevo sistema no pueden tener cabida. Únicamente aquellos transportistas que le entren a la decencia y al buen servicio público.
aragon044@yahoo.com