¿Hasta cuándo esperaremos?
Por enésima vez nos referimos hoy al dantesco problema carcelario del país, en la esperanza de que algún funcionario del gobierno se haga eco de ello. No podemos seguir engañándonos con paupérrimos paliativos, tales como el dar casa por cárcel, impedimento de salir del país o reducir las penas, y soltar antes de tiempo a cualquier tipo de peligroso bandolero que, mientras más tiempo permanezca encerrado, menos es amenzada la comunidad. El gobierno debe entender, de una vez por todas, el gravísimo error de no construir más cárceles o modernizar las existentes y que su falta de acción en ello, no es otra cosa que permitir que se compren fugas, que se extiendan los contagios y se enardezcan los ánimos de los prisioneros, dado el sofoco en que viven y la falta de espacio que tienen para movilizarse.
Entendemos muy claramente que un programa de construcción de cárceles nuevas y modernización de las existentes requerirá una muy elevada suma de dinero, pero hay que obtenerlo aunque sea tras búsqueda heroica si se quiere, porque más elevado será el costo social que pagaremos si seguimos permaneciendo en la indolencia.
Según informa la prensa, diariamente se efectúan descubrimientos de tráfico de armas y de drogas; en batidas de profilaxis social se detiene y recaptura un elevado número de personas las que, una vez encarceladas, aumentan el infierno del hacinamiento con todas sus secuelas. No continuemos acentuando el caos recurriendo a paliativos que no son más que engañarnos y que constituyen estímulo para delinquir.
Entendemos muy claramente que un programa de construcción de cárceles nuevas y modernización de las existentes requerirá una muy elevada suma de dinero, pero hay que obtenerlo aunque sea tras búsqueda heroica si se quiere, porque más elevado será el costo social que pagaremos si seguimos permaneciendo en la indolencia.
Según informa la prensa, diariamente se efectúan descubrimientos de tráfico de armas y de drogas; en batidas de profilaxis social se detiene y recaptura un elevado número de personas las que, una vez encarceladas, aumentan el infierno del hacinamiento con todas sus secuelas. No continuemos acentuando el caos recurriendo a paliativos que no son más que engañarnos y que constituyen estímulo para delinquir.