¿Hasta cuándo nos durará la suerte?
La industria de la construcción ha crecido a un ritmo vertiginoso en estos últimos años. Qué maravilloso para el país y los panameños. Pero, como todas las cosas que aceleran a una velocidad poco usual, deben ir acompañadas de la prudencia, equilibrio y seguridad. Existen elementos que no se pueden perder de vista. Tal es el caso de la protección e integridad de la vida de terceros.
Y es que, en cuanto al tema de seguridad, hace algunos meses fuimos testigos de gremios de trabajadores de la construcción, que formaron parte de una campaña en pro de las medidas de seguridad a lo interno de las obras. Esta situación pareciera que está por resolverse, toda vez que están a la espera de un decreto que reglamente la materia. Pero, ¿qué sucede con los terceros, quienes pasamos por las calles contiguas a estos rascacielos, para llegar a nuestros hogares y trabajos? Cada día escucho sobre noticias de vigas que se precipitan y caen sobre automóviles que nada tenían que ver con la construcción. Y siempre escucho decir: "¡Gracias a Dios!", o "¡Qué suerte que nadie salió herido!" Sin embargo, hasta cuándo nos durará esta suerte o protección divina. Tal vez, ningún tercero ha resultado herido hasta ahora, dándonos oportunidad para denunciar ante las autoridades competentes estas peligrosas actuaciones.
En pro de buscar soluciones al respecto, indagamos sobre las medidas legales de protección existentes. Para nuestra sorpresa, nos percatamos que existen un sinnúmero de normas legales que las compañías constructoras deben acatar para la utilización de grúas sobre calles y demás zonas aledañas, empezando con la cooperación de autoridades del Tránsito. Concluyo que el problema no es la falta de leyes, sino la inobservancia por parte de los algunos actores del sistema. Con respecto a ello, algunos empresarios han señalado, como ejemplo, que las autoridades no cuentan con las unidades suficientes para estos servicios. Por otro lado, las autoridades señalan que los empresarios no solicitan los servicios con tiempo razonable y, en algunos casos, simplemente omiten este requerimiento legal.
Sea cual sea la razón, señores, no esperen a que sobrevenga una tragedia para tomar cartas en el asunto. Cuidemos lo más preciado que Dios nos ha regalado; nuestras vidas.
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