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¿Hasta dónde puede llegar la interpretación?


Según el historiador Malik ben Anas, Mahoma era un "hombre rechoncho, ni grande ni pequeño. Tenía la tez blanco-rosada, y no de un blanco mate ni moreno" con "cabellos, rizados, ni muy crespos, ni lisos ni cayentes", pero era un hombre de humor dulce y carácter benevolente. Fue él quien creó los cinco pilares de la tercera gran religión monoteísta -el Islam- señalando que para ser musulmán sólo hay que admitir que no hay más que un sólo Dios -Alá- y que Mahoma es su profeta, tener la obligación de hacer cinco plegarias cada día: en la madrugada, al mediodía, en la tarde, al atardecer y en la noche, contribuir con del dos y medio por ciento de las ganancias a la caridad, ayunar durante el mes de Ramadán desde el amanecer hasta el atardecer y hacer una peregrinación a La Meca, siempre que no uno esté impedido por razones económicas o físicas.
Pero hay quienes dicen que hay seis pilares, ergo el vocablo Jihad o guerra santa, ahora muy en boga con los desafortunados atentados en Nueva York y en Washington; vocablo que inclusive encontró su sinónimo occidental cuando el Presidente Bush declaró, días después del ataque, algo sobre una cruzada y ante este error tan garrafal, se retractó.
Es que por lo dicho, Marx y Freud se merecen el crédito cuando dijeron que la religión es el opio de las masas. Porque a falta de consumo masivo - aquel fenómeno muy característico en Estados Unidos y en nuestras democracias neoliberales- o fe verdadera -algo que no tan evidente como lo primero-, el ser humano tiene que encontrar algo que excite a la emoción. Que mejor cosa que una religión mal entendida, una que interpreta un sexto pilar -así como el catolicismo inventó ocho incursiones en Tierra Santa- para drogar a la gente que vive en la vecindad del Medio Oriente y Asia Central; una religión personalizada para gente que vive peor que sus animales de carga. Porque no hay nada, el medio de por sí es inhóspito pero tantos años de guerra, desolación y olvido han destruido hasta la esperanza de irrigar...
Pero del entorno sólo no nace el deseo de destrucción. "La ira", como comenta Goleman en su libro "Inteligencia emocional", "se construye sobre la ira". Y hay que darle rienda suelta a mucha furia para convertir a un ser humano en un ser deshumanizado capaz de realizar tales actos.
Lo peor es que esta ira suicida construye más rabia. Se evidencia en Estados Unidos, un pueblo de por sí guerrero y celoso de su poderío, características que lo han llevado -como a Roma en su tiempo- a la cima del mundo conocido; un pueblo listo para entrar en un conflicto de magnitudes gigantescas, diciendo que tienen a la justicia de su lado. Tristemente la justicia -la última vez que me fijé en las estatuas que dan la bienvenida a sus tribunales- era ciega y eso no es consuelo para nadie.
La propaganda en contra de sus enemigos es inmensa. Guerra psicológica. Pasó con Noriega cuando desde Hollywood y para el mundo salieron innumerables películas donde el malo era un narco-general que gobernaba con sadismo sobre República Banana X. Es lamentable que haya sido más verdad que mentira. Sin embargo ahora, los Estados Unidos nos pintan un marco complejo y nos bombardean incesantemente con datos que hasta ahora no tienen nada de contundentes. Porque han pasado una y otra vez el desgarrador momento cuando se desplomaron las torres sin haber hecho públicas las tantas pruebas que tienen en contra de los terroristas.
¿Y por qué se da esto? Porque la gente interpreta las cosas como quiere. Mahoma no dejó nada escrito, tampoco Jesús... y es por eso que ciertos grupos musulmanes llevan a sus leales armas-mascotas a orar paralelo a que nosotros -los católicos- hayamos intentando arrebatar a la Tierra Santa de las manos de los sarracenos. Pero ojo, los Estados Unidos también lo está haciendo, interpretando un conflicto que ha favorecido "sin querer queriendo" a un presidente que no hace mucho tiempo -y por cuestiones electorales- sufrió un pequeño revés en su legitimidad. Porque no hay nada como la ira para unir a un país que de por sí esta desgarrado por una profunda crisis de valores y un materialismo rampante que -a ellos y a nosotros- encadena a grilletes de papeles tan blancos como la visión de aquella libertad que ingenuamente se intenta proteger.
Es que me rehuso a creer que cualquiera de las partes involucradas tenga la verdad en sus manos exclusivamente y menos los Estados Unidos que a falta de mentiras o acorralado por las evidencias, mejor que admitir una verdad, han dejado escapar una verdad a medias para salvarse.

101 años de Panamá América

 
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